Cultura


Toledo, artista del naturalismo mágico

Personaje. Fue un pintor de tacto y de la tierra, escribió Ramón Xirau. Crónica presenta entrevistas con los especialistas en arte: Guillermina Guadarrama y Cuauhtémoc Medina y autores y amigos que trabajaron con él: Alfredo López Austin y Homero Aridjis, además del caricaturista Darío Castillejos

Toledo, artista del naturalismo mágico | La Crónica de Hoy

Francisco Toledo (Oaxaca, 1940-2019) fue el artista contemporáneo de México que logró anclar sus obras en la imaginación del arte del siglo XX y XXI, fue el artista de lo erótico, el oaxaqueño que dedicó su obra a la defensa de los pueblos indígenas, y en opinión de amigos, el creador del naturalismo mágico.

En entrevista, Guillermina Guadarrama, historiadora del arte, comenta que Toledo nunca se separó de su comunidad, Juchitán, ni de los talleres que recibió durante sus estudios en la Escuela de Diseño y Artesanía.

“Quedó atrapado en esa parte artesanal, del artista amasando, del artista creando más que el artista dibujando y mandando a hacer (las piezas)”, indica.

En opinión de investigadora, el oaxaqueño fue un artista completo porque fue un buen dibujante, entonces “lo que él quisiera hacer, lo hacía” y como ejemplo realizó frescos, arte-objeto, obras sobre lo erótico, retratos de la figura humana, representación de las leyendas oaxaqueñas, collage y materiales populares como papalotes.

“Cuando analizamos la obra plástica de alguien, encontramos el interior del artista y en Toledo encontramos esa parte interior con la que vivió, nació y creció porque aunque viajó a Paris y conoció las últimas tendencias, regresó y transformó esas vanguardias de Europa en un imaginario local, en un imaginario oaxaqueño”, apunta.

Para Cuauhtémoc Medina, curador de arte contemporáneo, Francisco Toledo fue un artista contemporáneo con un anclaje muy firme por su talento de imaginación dibujístico y trabajo gráfico destacado.

“Algo muy notable se hizo presente en los años 70: el modo en que él se dedicó a hacer objetos mediante el ensamblaje de materiales cotidianos y de restos animales. Sus figuras tenían un exoesqueleto como los cangrejos y saltamontes. Conformó un tipo de figuraciones donde las imágenes tiene una especie de coraza articulada”, señala.

En los últimos dos decenios, agrega Medina, el artista ligó su trabajo a la reactivación de formas de producción artesanal.

“Trató de entender los materiales como proveedores de una especie de belleza intrínseca, al mismo tiempo que su trabajo oscilaba entre la perfección de un objeto único y la producción en masa. De modo que todo es una especie de espiral, su gráfica es una memoria del cuerpo que se extiende en una variedad de producción artística”.

Uno de los escritores que definió la obra de Francisco Toledo fue Ramón Xirau (1924-2017) quien en la Revista de la Universidad publicó el texto “Francisco Toledo. Naturaleza y magia”, señalando que “es un pintor de tacto y de la tierra. Todos recordamos aquellas palabras de ‘realismo mágico’. En el caso específico de Toledo me gustaría hablar de naturalismo mágico”.

“Nada niega la calidad mítica de la obra de Toledo. Surgida de una tierra de leyendas —de su Juchitán natal precisamente leído como deben leerse las leyendas— esta obra nos conduce al mundo de los juegos que son ritos, de las copulaciones que son metamorfosis y ciclos de espacio y tiempo, del mundo de lo sagrado a la sensualidad misma”.

DEFENSOR DE LA CULTURA. El historiador Alfredo López Austin reconoce que toda la obra de Toledo, tanto sus creaciones plásticas como los libros (incluido el que publicaron juntos: Una vieja historia de la mierda, se pueden resumir en una idea: la defensa del pueblo mexicano.

“Todo se puede reducir, su labor tan diversa y valiosa, a una idea: defender al pueblo mexicano, en particular, a los más marginados tanto económicamente como culturalmente. Ésa fue la vida de Toledo. Él utilizó todos los caminos que le proporcionó su gran labor de creador, todo lo entregó, incluso sus ganancias económicas, todo lo entregó con esa idea”, comenta.

Lamentablemente, añade, su voz no ha sido escuchada lo suficiente. “Eso debe quedar muy claro: él luchó verdaderamente a favor del pueblo mexicano y del pueblo indígena de México. Hay que tenerlo muy presente. Ésa es la obra de Francisco de Toledo”.

En ese sentido, el poeta Homero Aridjis acepta que el artista fue una especie de alma gemela, además de que trabajaron juntos en los libros: Los poemas solares. VII y Tiempo de ángeles.

“Tuvimos mucha relación por la ecología, era uno de los miembros del grupo de los Cien (artistas e intelectuales mexicanos para luchar contra la contaminación ambiental), muchas veces trabajamos juntos en defensa de la tortuga marina en Oaxaca, por la preservación jaguar, fuimos juntos a cerrar basureros en Oaxaca. Además de ser un gran artista, estaba muy comprometido con causas ecológicas y sociales. Era un alma gemela”.

El caricaturista oaxaqueño Darío Castillejos añade que Toledo fue un ser humano con una vida congruente.

“Logramos entablar una amistad porque era un aficionado y amante de la caricatura, tuvimos la oportunidad de trabajar algunas junto con Rius. Fue un hombre que se caracterizó siempre por su congruencia, por su activismo, por la defensa del patrimonio. Él atesoraba mucho todo lo que implicaba la cultura oaxaqueña”, recuerda.

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