Opinión


Un nuevo inicio. La vida de un QB más allá de los 36

Un nuevo inicio. La vida de un QB más allá de los 36 | La Crónica de Hoy

Estamos a semanas de que inicie la esperada agencia libre en la NFL y por  lo mismo es un periodo de mucha especulación sobre el cambio de jugadores, nuevos destinos, nuevas caras o como me gusta definirlo: cambios que refrescan la Liga.

Sin duda son muchos los jugadores, pero los ojos de la afición están sobre lo que suceda con los mariscales de campo. Que si Tom Brady se va a Dallas, que si acepta una mega oferta de las Vegas o de Los Angeles (Cargadores) o se retira. Que si Drew Brees cambia de colores y deja Nueva Orleans.

De la misma manera están otros pasadores que se encuentran algunos escalones por abajo de los anteriores pero que no deja de ser interesante saber dónde terminarán en la siguiente campaña como Marcus Mariota, Ryan Tanehill, Cam Newton y Jameis Winston.

Sin embargo, hay uno que llama más la atención por la polaridad que ha despertado entre la afición: Philip Rivers, quien fue liberado de mutuo acuerdo por los Cargadores de Los Angeles y busca otro equipo, pues a sus 38 años señala que aún siente la necesidad de jugar.

Al finalizar la temporada no pocos fueron quienes auguraron su retiro tildándolo de cartucho más que quemado y asegurando que ya nada tiene que hacer en la NFL. De hecho, tras el espantoso juego que brindó en México, sus bonos jamás volvieron a levantar ante los críticos.

Aun así, existe un dato que pocos toman en cuenta y que habla de la eficacia de un pasador en la NFL: su porcentaje de efectividad, y Rivers, para sorpresa de muchos, ha sido tremendamente consistente en ese rubro. En 2019 logró completar el 66 por ciento de sus envíos, muy por encima de algunos más jóvenes o laureados que sufren para rebasar ese anhelado 60 por ciento.

Desde hace unos días suena fuerte que su destino podría ser Indianápolis, y la realidad es que parece lógico si se toma en cuenta que el coach de los Potros, Frank Recih, fue entrenador de mariscales en los Cargadores en 2014 y 2015, temporadas en que Rivers tuvo uno de sus mejores niveles como jugador.

A sus 38 años, y aunque señalan que ya está acabado, nadie repara en que jamás ha tenido alguna lesión de consideración, no esta tan golpeado como otros y principalmente que de firmar con Indianápolis estaría detrás de una de las mejores líneas ofensivas de la Liga, cosa de la que careció en Los Angeles.

Saber si jugará para Reich es una incógnita, no obstante, todo lo anterior viene a colación de que podría seguir los pasos de mariscales veteranos por los que ya nadie apostaba y todavía ofrecieron buenas temporadas.

Sabemos que la historia es cíclica y en el deporte no hay excepción. Por esa razón, he seleccionado seis casos de entre muchos cambios de mariscales veteranos que aún dieron ese extra.

Y SIGUIERON DEJANDO HUELLA

El más sonado sin duda fue el de Joe Montana de San Francisco a Kansas City en 1994. En dos temporadas, Montana llevó a los Jefes a los playoffs, incluyendo una final de la AFC a los 38 años. La razón de su éxito, estaba Paul Hackett, un ex coordinador ofensivo que tuvo en San Francisco.

Otro fue Randall Cunningham, de Filadelfia a Minnesota. Después de un año de retiro y dedicarse a la carpintería, llegó con los Vikingos a una final de la NFC en 1998 a los 35 años de edad. Su éxito radicó en que tuvo a Dennis Green, ex discípulo de Bill Walsh, como entrenador, y el coordinador ofensivo era Brian Billick, a la postre otro coach ganador de Super Bowl con Baltimore.

Le sigue en la lista Kurt Warner de los Carneros de San Luis a NY Gigantes y posteriormente a Arizona, equipo al que llevó a su primer Super Bowl en 2008 a los 37 años. La clave fue contar con el talentoso coach ofensivo Ken Whisenhunt.

En los 80 la historia fue Jim Plunkett, que de Nueva Inglaterra y San Francisco como un verdadero despojo fue cambiado a Oakland. Los pocos destellos que tuvo en sus primeros dos equipos fueron pulidos por un buen coach como Tom Flores, quien sacó lo mejor de Plunkett y los llevó a ganar dos Super Bowls en 1980 y 1983, respectivamente. Tenía 36 años cuando logró el segundo título.

Carson Palmer es otro ejemplo de un cambio para refrescar. Después de algunos buenos años en Cincinnati, se mudó a Oakland donde poco o nada hizo y posteriormente a Arizona, donde renació su carrera. Condujo a los Cardenales a dos postemporadas, incluyendo un juego por el título de la NFC a los 36 años de edad. La razón, más que obvia, el coach era Bruce Arians, un desarrollador de mariscales de campo.

Finalmente, está el caso de caso de Peyton Manning, quien era visto como una sombra tras la lesión del cuello que lo dejó sin jugar un año (2011) y fuera de Indianápolis. A los 36 años de edad llegó a Denver y baste decir que a los 37 tuvo su mejor campaña como profesional. Llevó a los Broncos a dos Super Bowls y ganó el último a los 39 años. La razón de su éxito: el genio ofensivo de Adam Gase, el coordinador de la ofensiva, quien encontró el sistema perfecto para explotar lo que mejor sabía hacer Manning: leer defensivas y lanzar desde el bolsillo de protección. Su último año no es que estuviera acabado, fue el sistema del nuevo entrenador, Gary Kubiak, lo que retiró a Peyton al exigirle una movilidad que nunca tuvo.

Así que Rivers, en caso de ir a Indianápolis, tiene grandes expectativas de cerrar dignamente su carrera bajo el mando de un gran entrenador como Frank Reich y que de paso lo conoce muy bien.

 

fernando.argueta1967@gmail.com

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