Opinión


Una imagen vale más que mil palabras

Una imagen vale más que mil palabras  | La Crónica de Hoy

López Obrador quiere fumar la pipa de la paz con el subcomandante Galeano. Ayer el tabasqueño colgó en sus redes sociales una foto tomada en 1994 en Guadalupe Tepeyac, Chiapas, pocos meses después del inicio del levantamiento armado del zapatismo contra el Estado mexicano. Aparecen tres jefes zapatistas, Tacho, Moisés y Marcos. Los acompañan Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas, Rosario Ibarra y Andrés Manuel López Obrador.

El presidente acompaña la foto con este texto: “Ayer me regalaron esta foto que fue tomada en 1994 en Guadalupe Tepeyac, Las Margaritas, Chiapas. En esa ocasión, el tema fue conseguir la paz. Yo sólo recuerdo que ‘una imagen vale más que mil palabras’”. Después añadió lo siguiente: “respetamos mucho al movimiento zapatista y por ello mi recomendación fraterna, respetuosa es de que no nos peleemos, ya basta de divisiones, necesitamos unirnos”.

En la foto Lázaro, muy joven, y Rosario, sonríen. Los demás están serios, aunque con cara amable. De los zapatistas poco puede decirse porque están encapuchados. Las cosas en el país han cambiado muchísimo desde 1994. Parece otro México.  En aquel entonces, los Cárdenas, Rosario y AMLO eran líderes del PRD, el partido del Sol Azteca que hoy está en crisis, al parecer terminal. Cuauhtémoc renunció al PRD y Lázaro es jefe de asesores de AMLO, quien a partir de ese año comenzó su despegue como figura política nacional, dejando atrás a Cuauhtémoc. Fue jefe de gobierno en el 2000, y candidato presidencial en el 2006 y el 2012, en ambas ocasiones perdió, o eso dicen, y en el 2018, ya con el pelo blanco, ganó por paliza la Presidencia.

El subcomandante Marcos se autoinmoló para abrirle paso a Galeano, que hoy, con 20 kilos más, sigue siendo el jefe de los zapatistas.  Lo cierto es que AMLO y Galeano nunca fueron cercanos, ni nada por el estilo, aunque hay fotos de dos encuentros, el de Guadalupe Tepeyac y otro en San Cristóbal. Cuenta la leyenda que Marcos auguró que AMLO llegaría lejos, fue un acierto pues llegó hasta la punta de la pirámide del poder. Ni siquiera debería sorprender, son dos políticos igualmente vanidosos que eligieron caminos más que distintos, antagónicos.

El zapatismo sigue levantado en armas contra el Estado mexicano y López Obrador es el jefe del Estado mexicano, de modo que escasean los motivos de acercamiento. Marcos y después Galeano se han mofado de AMLO varias veces, incluso del lema: “Por el bien de todos, primero los huesos”. Cuando el tabasqueño ganó la elección el encapuchado dijo: “Podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”. Durante la pasada campaña electoral el zapatismo no se unió a la campaña de Morena, sino que compitió, o trató de hacerlo, con su propia candidata, Chuy, que hoy muchos extrañan.  Pero el principal desencuentro, el que puede dar lugar a una confrontación directa, es el proyecto de la 4T de hacer un tren maya que atraviese la península de punta a punta. Los zapatistas están en contra, lo consideran una irrupción y pueden boicotearlo. AMLO ya lanzó el primer intento de conciliación, pronto veremos si cae en tierra fértil o si cae en el vacío. Las posibilidades de que fumen la pipa de la paz son muy remotas, pero no imposibles.

El Tren Maya, si se concreta, supondrá un cambio cualitativo profundo en la actividad turística del sureste, pero la credibilidad de la comandancia del EZLN está en juego. No pueden aceptarlo sin recibir algo muy relevante a cambio para sus bases.

 

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

 

 

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