Opinión


Una puma para la UNAM

Una puma para la UNAM | La Crónica de Hoy

Sobre la polémica todavía verde y plagada de vicios machistas, a propósito de la equidad de género para puestos de trabajo en distintos campos del espacio público y privado, incluidas todas las modalidades de organización laboral formal, así como algunas informales, tengo una opinión autónoma no suscrita a ninguna bandera ideológica, aunque la sororidad me parece admirable y necesaria en este México todavía bárbaro.

Una metáfora que podría explicar mi postura es que en todo ámbito familiar, docente y sobre todo laboral hay energúmenas, pero en términos cuantitativos hay más energúmenos y no precisamente porque el ideal de equidad esté todavía lejos de alcanzarse en muchas áreas de trabajo, sino porque en mi experiencia de vida me ha tocado convivir con mujeres muy capaces, quizá porque les ha costado mucho esfuerzo acceder a fuentes de empleo tradicionalmente ocupadas por hombres.

Por ejemplo, con base en mi experiencia de usuario frecuente de servicio de taxi, si de cada diez taxistas hubiera tres mujeres y siete hombres, puedo decir que por cuanto toca a la conducción y las prácticas correctas como el aseo de la unidad, la cordialidad con el pasajero y respeto a la normatividad vial, mi balance sería una energúmena vs. tres y medio energúmenos.

Supongo que tuve suerte porque las mujeres que me criaron, particularmente mi madre (que siempre ha sido una mujer de trabajo), las maestras que me formaron, las jefas y los equipos de trabajo que he tenido a lo largo de mi vida laboral, han redundado en experiencias regularmente exitosas y gratificantes para mí. Lo anterior no le resta méritos a mi padre, que fue un gran hombre, ni a varios compañeros de trabajo de todas las jerarquías y algunos excelentes y memorables profesores.

Ahora bien, no quiero que se me mal interprete, ninguno de los aspirantes de la terna para ocupar la rectoría de la UNAM, se encuentra, a menos que alguien tenga otros datos, en la categoría empleada en mi metáfora. Por el contrario, los tres son personas de probada capacidad académica y de gestión, además de contar con un buen currículum de investigación.

La terna integrada por los doctores Enrique Luis Graue Wiechers, Pedro Salazar Ugarte y la doctora Angélica Cuéllar Vázquez reúne todos los requisitos para que salga de ahí la persona que habrá de ocupar la rectoría de la UNAM durante los próximos cuatro años. Lo cierto es que a estas alturas del siglo XXI, ya es tiempo de que la UNAM le dé un giro a su tradición histórica y permita el acceso de una mujer a la rectoría de la máxima casa de estudios.

He tenido oportunidad de darle seguimiento a los posicionamientos de la doctora Cuéllar en caso de verse favorecida por la Junta de Gobierno y me parece que tiene el perfil directivo que requiere la Universidad en sus circunstancias actuales.

Desde el punto de vista administrativo, existen las condiciones favorables para que se le dé paso a una gestión proveniente de las ciencias sociales. La relación con los gobiernos estatales, y en particular con el gobierno federal, han colocado a la UNAM en situaciones incómodas, por decir lo menos, en las que la gestión de una socióloga cien por ciento universitaria puede ser más asertiva ante los grupos de intereses que se formaron en torno al modelo neoliberal de las últimas administraciones.

Lo anterior no implica que del discurso de la doctora Cuéllar se desprenda una intención de colaboracionismo que merme los recursos o la autonomía universitaria, por el contrario, en la polémica que algunos científicos han entablado con el Conacyt, la aspirante a rectora ha adoptado un lenguaje menos beligerante, pero muy determinado a apoyar todas las líneas de investigación emanadas de nuestra universidad nacional, sin dejar en segundo plano a las ciencias sociales, como a veces ocurre, y a la cada vez más necesaria creación de cuadros para que la investigación más especializada, como la proveniente por ejemplo de la fisiología celular, encuentre las mediaciones y el apoyo profesional adecuados para fructificar en nichos de desarrollo más amplios.

Ella misma reconoció en una muy aguda entrevista realizada por Ricardo Raphael, quien también charló con Pedro Salazar y supongo que lo hará con Graue, que la mirada femenina es necesaria para los tiempos aciagos que atraviesa el país y la violencia de género herencia de un modelo patriarcal, que en la Universidad lamentablemente se replica en varios grados. Sé de lo que hablo porque soy egresado de la UNAM y tengo hijas orgullosamente pumas.

El apoyo a las preparatorias y los CCH, como otra concreta línea de trabajo de la doctora Cuéllar, es un aspecto muy relevante de su proyecto para la rectoría.

En suma, ya es tiempo de que nuestra alma máter cuente con una rectora.

 

 

@dgfuentess

 

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