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“Vamos a estar bien”, le dijo a su hija. Su cadáver tardó 3 días en ser encontrado

El virus los invadió sin que se dieran cuenta y la historia termino con un trágico final

“Vamos a estar bien”, le dijo a su hija. Su cadáver tardó 3 días en ser encontrado | La Crónica de Hoy

Foto Especial

José e Irma era un matrimonio feliz de la tercera edad, ambos fueron hallados tres días después de su muerte, luego de que un mal respiratorio los sorprendiera justo en su propia habitación.

Don José como lo conocían todos, trabajaba en una cerrajería en Valle de Aragón, en el municipio de Nezahualcóyotl, en el Estado de México, y su esposa, a sus 70 años, atendía un puesto de telas que juntos habían emprendido hace más de 10 años.

Con la llegada del coronavirus en febrero el 2020 las cosas cambiaron para la pareja de septuagenarios, debido a las restricciones sanitarias les obligó a bajar las cortinas de su negocio de forma indefinida.

Karla, única hija de la pareja, cuenta a Crónica que como consecuencia del cierre del negocio sus padres, ella comenzó a realizar diferentes trabajos con tal de obtener un ingreso extra, ya que el dinero les mandaba cada quincena apenas les alcanzaba para comer.

Karla cuenta que ella también se ha las ha visto difícil, ya que ha desempeñado la función de padre y madre para sus hijos. “Tras la muerte de mi esposo, las cosas cambiaron drásticamente, ya no tenía quién me apoyara, y pase a ser madre y padre de mis hijos".

La Joven relata que con la situación de salud y económica que se vive en el país, y con la falta de un empleo fijo en la ciudad, tuvo que migrar a Guanajuato, con la esperanza de formar un negocio con su esposo, pero sus planes se vieron frustrados tras la muerte de Eduardo, su cónyuge.

Alejada de su familia y sin otro apoyo familiar, Karla dice que comenzó a trabajar como cajera en san Miguel de Allende, lo que le ayudó con a economía de su familia, y de donde echaba mano también para enviarle algo a sus padres.

“Debido a la pandemia visitar a mis padres era ya más difícil, los gastos del pasaje apenas los podía solventar y como mis padres ya eran mayores tenía miedo de poder contagiarlos” de COVID.

Ante la difícil situación que con el paso de los meses se fue agravando, Don José y doña Irma decidieron vender tortas para hacerse de algún dinero con el que pudieran solventar los gastos diarios, tanto para los alimentos como para los medicamentos de Irma, quien padecía de diabetes.

Desde Valle de Arizpe hasta la calle de Acrópolis, en Valle de Aragón, Don José salía para vender las tortas que con dedicación y esfuerzo preparaba su esposa.

“Nunca me agradó que mi padre saliera y se expusiera a algún contagio, aunque salía con cubrebocas y careta, yo nunca estuve de acuerdo, pero la crisis era así de fuerte que cualquier temor a la enfermedad las hacía a un lado".

Karla cuenta que fue el pasado 1 de enero que su padre le llamó por teléfono para avisarle que su madre presentaba síntomas similares a los del COVID-19, aunque lo habías descartado, ya que Irma jamás salía de casa.

“Estamos bien hija al rato se nos pasa, no te preocupes por nosotros, te amo", fueron las ultimas palabras que don José le dijo a su hija.

“Me sentía impotente por no poder ayudar a mis padres, estar tan lejos de ellos y en estos momentos tan críticos no era nada sencillo, nunca debí haberme ido", dice con un gesto de arrepentimiento y con lágrimas al borde de los ojos.

Los días pasaban y uno de sus mayores temores se hizo realidad, su padre presentaba los mismos síntomas que su mamá, lo que alerto a Karla, quien de inmediato decidió regresar con sus padres.

“Mi papá siempre insistía en que estaba bien, varias veces me dijo que no me alarmara, pero por más que yo quería estar con ellos la situación no lo permitía, ya que no podía dejar a mis hijos solos”.

Fue hasta el 10 de enero que la joven no tuvo noticias ni comunicación de Don José, aunque para ella era normal estar incomunicada por largos periodos de tiempo con sus padres, un mal presentimiento se apoderó de ella.

“No tuve noticias de mis padres por al menos dos días, aunque ellos me decían que estaban bien, sabía que algo estaba mal".

Desesperada y con los pocos ahorros que tenía compró un boleto para ver sus padres, y fue el 13 de enero cuando la angustia de Karla se tornó en pesadilla, al saber que sus padres estaban muertos.

“Antes de desmayarme recuerdo que llegué a casa de mis padres, nadie contestaba, entré sin avisar y al entrar en su recámara confirmé el temor que por días me acompañó, y es que ambos estaban muertos", narra con palabras entrecortadas.

La pareja llevaba dos días muerta, ningún vecino se había percatado de la ausencia de Don José y dado el confina miento obligatorio por la pandemia no imaginaron que algo malo les podría haber pasado.

Comenta Karla que los médicos que certificaron la muerte de sus padres le dijeron que habían fallecido por problemas respiratorios, aunque jamás le confirmaron si se trataba de COVID.

“Si de algo me arrepiento es de no haber estado con ellos que me necesitaban, pude haber hecho más, ahora perdí a mis papás”.

La joven madre señala que ya ha perdido todo y que ahora tiene que ser más fuerte, ya que tiene que ver por sus hijos, a los que asegura, no piensa fallarles.

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