Salud


Ven a despedirte

Testimonio. Sin esperanza y ante un pronóstico sin futuro, adolescente de 15 años decide quitarse la vida con el mismo fármaco que le controlaría la enfermedad cardiovascular que lo atormentó durante sus últimos días. Con proceso tanatológico de apoyo, su mamá escribe libro que busca evitar esta desgracia familiar. #HazTerapia

Ven a despedirte | La Crónica de Hoy

Tiburón ballena, Niceto Alcalá.

"No podía sostenerme la mirada, aunque le pedí que se viniera a despedir antes de irse a dormir, argumentó que ya tenía mucho sueño… la pantalla de su teléfono no dejaba de brillar, por lo que lo volteó y se fue”.

Alfredo decidió irse de este mundo a la edad de 15 años, él se quitó la vida con una sobredosis del fármaco que su médico le prescribió para controlar la enfermedad cardiaca que padecía. A nivel mundial se estima que cada cuarenta segundos alguien comete suicidio, la noche del 23 de junio de 2018, Sorot, como también se le conocía a Alfredo, se sumó a la estadística.

Meses antes de su partida, Sorot anunció su desenlace, ya que en repetidas ocasiones le dijo a su mamá que ya no quería vivir, pues sobre todas las cosas le pesaba el pronóstico de muerte súbita que a cuestas cargaba, a causa de la enfermedad que padecía.

Como muchos adolescentes, Alfredo fue víctima de bullying por el sobrepeso que tuvo en un tiempo determinado, agresiones que quedaron registradas en sus cuentas de redes sociales, correo electrónico y en su dispositivo móvil. Aunado a esto, durante los últimos meses de su existencia, el adolescente tuvo conductas inusuales como haber invitado a pocos amigos a su fiesta de 15 años y rechazar la oferta que le hizo su mamá para comprar ropa deportiva, la cual era una de sus actividades predilectas.

En 2012 Sorot comenzó a presentar problemas de salud y en 2016 recibió el diagnóstico de la enfermedad cardiaca. Ante la ineficacia de los tratamientos, en 2017 es sometido a un proceso quirúrgico que no tuvo resultados y el médico tratante le prescribió un fármaco llamado propafenona.

Propafenona para controlarlo. “Pese a saber que podía morir en cualquier momento, él nunca se quejó ni lloró. A mí eso era lo que me preocupaba, pues es algo que yo hubiera hecho en su lugar. Alfredo entrenaba canotaje y en repetidas ocasiones se esforzaba de más, por lo que yo le pedía que no lo hiciera. En respuesta a mis peticiones, Sorot contestaba que él prefería morir haciendo lo que le gustaba. ¿Qué mamá está preparada para escuchar eso?”, cuestiona Montserrat Álvarez.

Confrontación de la vergüenza. Tras la sobredosis el cuerpo de Alfredo colapsó sin posibilidad de dar marcha atrás. La pantalla de su teléfono no dejaba de encenderse una y otra vez, eran las llamadas de algunos de sus amigos que intentaban detenerlo. “Los médicos me veían como un monstruo, sentí vergüenza pero más la culpa, sin embargo aunque fue muy incómodo, en ese momento no me importó, lo que quería era tener el cuerpo de mi hijo para velarlo”, comenta Montserrat.

Agregó que en la institución de salud donde fue atendido, registraron el deceso como consecuencia de un infarto, hecho que le molestó porque no lo solicitó. “Es una corresponsabilidad social hablar de suicidio porque en esta sociedad eso no se hace, siempre se oculta por vergüenza y por pena y es hasta que te ocurre cuando te das cuenta de que es algo que si sucede”.

Durante los últimos meses de vida de Sorot, su mamá se había percatado de que había ratos que su hijo se mareaba, con frecuencia estaba cansado, el sentido del gusto lo había perdido y tenía problemas de coordinación, manifestaciones que se las atribuía a la enfermedad, sin embargo, tras su muerte se enteró que estos son algunos de los efectos adversos de la propafenona.

“Yo confiaba mucho en el doctor. Fui a verlo no para reprocharle sino para decirle que el medicamento que le mandó a Alfredo era el causante de muchos de los efectos adversos que padeció en sus últimos días, esto con la finalidad de que hiciera consciencia porque es un fármaco que le prescribe a muchos niños”, apuntó la mamá de Sorot.

Un año y cuatro meses después, Montserrat ha estado en tratamiento de tanatología, proceso del que se desprende el libro El último latido de Sorot, texto que, al escribirlo, le sirvió para unir cada una de las pistas que su hijo dejó antes de partir. Ella comentó que al encontrar abiertas las cuentas de teléfono, redes sociales y correo, se enteró de las burlas de las que era objeto Sorot. “Me impacté tanto que tres noches no pude dejar de leer, pues así fue como fui uniendo las piezas que me han servido para darme explicaciones, pues es algo que nunca se va a aceptar”, señaló.

“Escribí el libro para darme y dar voz a Alfredo, así como a toda la gente que muere de esta manera y que se esconde por vergüenza y culpa, ya que muchas veces se antepone lo que va a decir la sociedad, como el qué tuviste que hacer para que tu hijo se suicidara”.

Sorot tenía un boleto de avión para ir a nadar con el tiburón ballena a Holbox, el viaje se iba a llevar a cabo el 26 de junio del año pasado, tres días después de su deceso. Para cumplir con su última voluntad, su mamá incineró su cuerpo y lo llevó a la isla yucateca donde ahora descansa. Con fines de prevención del suicidio, se puede consultar a la autora en la página de Facebook: @elultimolatido_desorot.

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