Opinión


¿Amerita encuesta una ya ineludible decisión ética y moral? (Segunda y última parte?)

¿Amerita encuesta una ya ineludible decisión ética y moral? (Segunda y última parte?) | La Crónica de Hoy

Tras el Parte de Novedades extendido por el mando del Ejército

una vez terminado el desfile conmemorativo del pasado lunes,

admito que me fue imposible verificar la participación reportada

de 210 caballos militares y la de sus 155 colegas caninos, estos

últimos entendidos actualmente y más que en otro tiempo, como

representantes de los héroes anónimos no humanos a los que

siempre les quedaremos a deber. Una vez lo anterior…

 

Recordarán quienes semanalmente me siguen en este espacio, ¡gracias!, que el miércoles pasado acoté que particularmente para la CDMX no encontraba yo razón para que las “corridas de toros” no se prohibieran de inmediato y sin necesidad de ninguna encuesta (aunque para mejor, el día 10 el periódico Reforma trabajó EL TEMA sobre una muestra de 500 personas, que en un 59% se pronunciaron a favor de eliminarlas y solo un 31% porque continúen), por cuanto la flamante Constitución de la capital mexicana señala que la tutela de los animales no humanos es una responsabilidad común, reconociendo a la vez la sintiencia de las criaturas, su estatura como sujetos de consideración moral y la obligación jurídica de darles trato digno y de respetar su vida e integridad, pero, si ello no fuera suficiente sigamos atendiendo los datos de la Dra. Beatriz Vanda Cantón, cuyos impecables argumentos científicos, resultado de sus estudios sobre el dolor y el sufrimientos de estos bovinos, tumban de entrada la principal defensa que ahora enarbolan los “ecológicos” taurómacos, como es aquello de que al prohibir el cruento espectáculo se estaría extinguiendo una especie cuando no es así, al tratarse —como lo he sostenido por años— de una raza o “biotipo seleccionado a través de cruzas de diferentes toros europeos pertenecientes a la especie Bos taurus”; más prioritario será entender, que “los sistemas nervioso y endócrino de los toros de lidia funcionan de la misma manera que en el resto de los vacunos”, herbívoros rumiantes que viven en grupos y que “no son agresivos por naturaleza”, sólo nerviosos y reactivos a partir de que históricamente han sido presa, pero para este preciso caso además, con la gran desventaja de tener menor capacidad que los humanos para ver objetos situados por arriba de ellos y todavía menos para enfocarlos rápidamente al tenerlos cerca, lo cual provoca que se sobresalten ante movimientos súbitos que tienen impacto activador sobre la amígdala, región cerebral que controla el miedo. Dígaseme entonces si habiéndose determinado cien-ti-fi-ca-men-te lo anterior, torearlos no es un total abuso, sin omitir la suficiente evidencia científica derivada de la neurofisiología, la patología, la etología y la farmacología, demostrando que los animales vertebrados son organismos capaces de sentir dolor y de generar emociones diversas, no tratándose de un asunto subjetivo sino derivado de datos obtenidos mediante observaciones repetibles y objetivas. Al respecto y para mayor exactitud, Bety Vanda nos recuerda que en el 2012 fue emitida la Declaración de Conciencia de Cambridge reconociendo a los vertebrados —e incluso a ciertos invertebrados como los pulpos— con evidencia de ser conscientes, y define el dolor en los animales como una experiencia que ellos reconocen como desagradable, induciendo de esa forma cambios en su fisiología y comportamiento a fin de reducir o evitar el daño, conservar la vida y promover su recuperación.

De acuerdo a la especialista, la evidencia sobre la particular capacidad de estos toros para sentir dolor se resume en que tienen presencia de receptores específicos en la piel, músculos y articulaciones y mediadores químicos que conducen el dolor a nivel de las sinapsis neuronales, provocando respuestas a estímulos nocivos. Ello, aparte de hoy saberse con certeza, insisto, que las emociones y los sentimientos también tienen una función de supervivencia. O sea que…

Durante las “corridas de toros”, acreditado de forma científica, los animales son sometidos a estímulos que desencadenan respuestas de alarma intensas, cuya función evolutiva es de protección y supervivencia. 
Se lesiona al organismo en forma sistemática y, la muerte ocurre por asfixia o por desangrado, de forma lenta y sin pérdida de conciencia, incluso después del “descabello”.

Tras lo expuesto pregunto si todavía queda duda para prohibir tamaña salvajada, y dejo pendientes muchas más tesis de la experta referida, sobre las que me iré ocupando.

 

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marielenahoyo8@gmail.com

 

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