Opinión


Venezuela, la paradoja de la abundancia

Venezuela, la paradoja de la abundancia | La Crónica de Hoy

Ningún país que no esté en guerra está en peor situación: Los venezolanos no tienen comida. Los hospitales están saturados con niños, mujeres y hombres enfermos; los doctores no tienen medicinas ni equipo para ayudar a la gente. Nunca se sabe si habrá o no electricidad. Lo único que al parecer Venezuela tiene en abundancia es caos, desesperación, hambre y corrupción. La economía se ha derrumbado. Aunado a todo eso está la crisis política.

Venezuela, dos veces más grande en territorio que Francia, bendecida con tierras fértiles y las reservas de petróleo más grandes del planeta, que alguna vez fuera la nación más rica en América Latina, está hoy plagada por la pobreza, la inseguridad y  la más alta inflación de que se tenga memoria en el mundo, que alcanzó un millón 300 mil por ciento en los últimos 12 meses. De acuerdo a los expertos, si alguien hace un año tenía ahorros en bolívares equivalentes a diez mil dólares, hoy tiene 59 centavos de dólar.

Se estima que el 80 por ciento de los 32 millones de venezolanos que integran la  población, está harta del gobierno y de la situación. La mayoría sigue ahí, aferrada a la esperanza de que las cosas cambien, pero en los últimos cinco años las condiciones de vida han empeorado tanto que tres millones de personas, diez por ciento de sus ciudadanos, se han visto obligados a irse en un promedio de  cinco mil por día.

La miseria social y económica que se vive en Venezuela va a la par de la batalla política que sufre el país, cuyas consecuencias seguramente irán más allá de sus fronteras. Esto luego de que, el 23 de enero pasado, se convirtió en una nación con dos presidentes, dos gobiernos: el de Nicolás Maduro, electo por primera vez en 2013, con un escaso margen de 1.6 por ciento de los votos. Luego, por segunda ocasión, en mayo pasado en una elección dudosa, en la que se prohibió participar a la oposición.

El otro mandatario es Juan Guaidó, cabeza de la Asamblea Nacional, quien se autoproclamó presidente interino y ha sido reconocido por Estados Unidos y cerca de otros 50 países en Europa y Medio Oriente. Maduro sigue respaldado por Rusia, China, Turquía y Corea del Norte y, más importante, por las Fuerzas Armadas venezolanas y por decenas de miles de grupos civiles armados también.

Según los analistas y mi entrevistado para esta columna, la principal razón de esta fallida economía, se remonta a principios del siglo XX, antes de que Maduro y su protector y guía, Hugo Chávez, llegarán al poder. Es el fenómeno común que sufren países con abundantes recursos naturales, pero que por corrupción y mal gobierno se concentran en un solo producto de explotación y exportación.

En el caso de Venezuela fue el petróleo el que desde 1920 dominó la economía y nunca se hizo nada por diversificarla. Se dependió enteramente de los precios del crudo. Ahí parece haberse hecho realidad lo que alguna vez dijo el diplomático venezolano Juan Pablo Pérez, cofundador de la OPEC, quien llamó al petróleo “el excremento del diablo”.

Nunca se invirtieron en infraestructura sus ganancias, ni se preparó al personal. Fue Chávez quien acabó con la gallina de los huevos de oro cuando despidió a 19 mil empleados petroleros que participaron en una huelga y que fueron reemplazados por políticos y amigos. Hoy día Petróleos de Venezuela, o PDVSA está a cargo de un general.

En Venezuela fracasaron las políticas de tendencia socialista iniciadas por Chávez para ayudar a los pobres. Se estableció un estricto control de precios para hacer más accecibles productos básicos como aceite y papel higiénico, pero acabó con el incentivo de los empresarios para producirlos.

Hoy día la producción de petróleo está en su nivel más bajo de las últimas siete décadas y sus ganancias casi seguro llegarán a cero, con las sanciones recién impuestas por el gobierno de Donald Trump, para quien “todas las opciones están en la mesa”. En otras palabras, la posibilidad de una intervención militar.  

Política y económicamente Venezuela necesita ayuda. Ya quedó atrás el día en que un Estado fracasaba y un pueblo era oprimido y el mundo permanecía indiferente. Países democráticos le han dejado claro a los venezolanos que no están solos. Pero el principal problema es Nicolás Maduro. Ha terminado con la libertad y apresado y torturado a sus opositores. El consenso general es que tiene que irse, pero son los venezolanos y sólo ellos, los que tienen que quitarlo del poder.  

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