Opinión


Vitalidad de Maquiavelo

Vitalidad de Maquiavelo | La Crónica de Hoy

Vale la pena preguntarnos porqué una pluma es clásica. La respuesta fácil es que “nos dice algo sobre la humanidad”, pero más allá, cada caso requiere un análisis en concreto. ¿Por qué seguimos leyendo a sor Juana o a Jorge Manrique?

En el caso de Maquiavelo, creo que hay dos razones que lo vuelven un clásico. La primera, más común pero seguramente menos trascendente, es que su apellido se volvió adjetivo. Así, hablamos de un político maquiavélico o de intenciones maquiavélicas.

La segunda reside en el llamado que hace a quien se quiere dedicar a la política: conocer al pueblo que pretende gobernar.

La causa primera no solo es débil sino equívoca. El adjetivo “maquiavélico” según la Real Academia Española de la Lengua, tiene como uno de sus significados el de astuto y engañoso.

Maquiavelo parece remitir a una especie de política maniobrera vacía de moral y de sentido social. Como si la razón de estado fuera la satisfacción de los apetitos de quien gobierna.

Me parece que esto es producto de una lectura de la obra del florentino que no comparto. Su aproximación a los fenómenos políticos es, creo, alejada de una especie de moral cristiana, pero esto se explica por dos razones: la primera, porque es hijo de su tiempo, es un intelectual-político (tal vez no había otro modelo de intelectual en esa época) que ha sido formado en el conocimiento de la antigüedad clásica. En las glorias de Roma, principalmente.

Para nuestro autor, Roma no es un asunto de museo, ni el estudio de sus instituciones es labor de anticuario; es un ideal, en el sentido platónico tal vez, al que se aspira y que, siguiendo sus consejos, estima que es posible conseguir.

La segunda razón es que Maquiavelo es plenamente un renacentista. El renacimiento no salvífica, más bien vivifica, y eso lo entiende a la perfección. En sus “Discursos sobre la Primera década de Tito Livio”, expresamente reivindica la visión pagana, que glorificaba al héroe guerrero, frente al ideal cristiano, que es el de la piedad y la resignación. El cambio político mediante la vuelta a las antiguas virtudes precristianas.

Cuando se aborda a un autor como Maquiavelo, se corre el riesgo de hacerlo tomando no al personaje original y sus ideas, sino la imagen que otras mentes han construido de él. Por eso, como en todos los casos de plumas clásicas, vale la pena acercarse a la obra original, antes que a sus interpretaciones (afirmación que admito es polémica)

Los ejemplos históricos que utiliza, la comparación con lo que se vivía en la Europa de su tiempo, las reflexiones sobre la guerra, los efectos de la religión en la moral cívica, la manera de conquistar, etc., todo implica una reflexión sobre el poder; un tema sobre el que medita con una sentido práctico que puede parecer descarnado, pero que se sustenta en la necesidad de reconocer una especie de "ser propio" del pueblo que se gobierna.

Esta es la segunda razón que lo vuelve un clásico: conoce a tu pueblo si pretendes gobernarlo, parece ser su llamado más directo.

Resulta interesante analizar su postura sobre las agitaciones políticas en Roma. Mientras unos consideran que esto es negativo para la gloria y gobierno de los romanos, Maquiavelo reivindica las luchas populares y reconoce que estas han sido necesarias para alcanzar derechos.

No le preocupan las manifestaciones civiles, por más ruidosas que sean. Al contrario, elogia a la nación que es capaz de dejarle al pueblo maneras de manifestar su descontento.

El personaje histórico es interesante. ¿Recuerda usted aquel dicho mexicano de “repicar y andar en la procesión”, que hace referencia a una persona que quiere ser siempre el centro de atención? Es aplicable a nuestro autor, no se sentía cómodo fuera de la acción política, y en ocasiones tomó la pluma justamente para regresar a los centros de poder. Repicaba, andaba en la procesión y también echaba los cuetes.

¿Tiene sentido leer hoy esta obra? sin duda, porque su mensaje y tal vez sus ejemplos, tienen perfecta actualidad. De hecho, podría realizarse un ejercicio de aplicar las ideas maquiavélicas (uso el término despojado de su connotación negativa) a la realidad mexicana de hoy, no con la finalidad de juzgar, sino de revisar si algo de lo que escribió el florentino, nos ayuda a entender mejor nuestros tiempos.

 

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