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Votar, una odisea para los españoles en México

DIFICULTADES. La engorrosa ley española de voto desde el extranjero, la ineficiencia de los correos mexicanos y el caos informativo sobre el proceso para participar en los comicios desesperan a quienes tratan de ejercer su derecho. Y pese a todo, las urnas se llenaron.

Votar, una odisea para los españoles en México | La Crónica de Hoy

Una mujer vota este viernes en la urna ubicada en la embajada española. (Foto: Marcel Sanromà)

Durante décadas, las estadísticas indicaban que uno de cada tres españoles que vivía en el extranjero votaba en las elecciones generales. La cifra bajó un poco en 2000 y 2004, pero era estable.

Sin embargo, estas cifras se desplomaron a partir de 2011, cuando se aprobó la nueva ley del llamado “voto rogado”, que obliga a realizar una serie de pesados trámites en un período muy corto de tiempo. En las elecciones de 2011, tras aprobarse la ley, votó el 4.9 por ciento del censo en el extranjero en las elecciones generales. En 2015 fue el 4.7 por ciento, y al año siguiente, el 6.7 por ciento.

Cualquier ciudadano español, acostumbrado a las facilidades para votar en su país, se desespera cuando llega a México, o a cualquier otro país, y descubre que votar es una verdadera carrera de obstáculos y a contrarreloj.

Uno debe primero solicitar el voto a la delegación provincial (gobierno local) donde residía en España. Hay que rellenar un formulario que debe cumplimentarse y mandarse en las tres semanas y media siguientes a la convocatoria de las elecciones. Más tarde ya no se puede solicitar el voto.

Luego la delegación provincial debe autorizar la petición (si por error se hace mal o se duplica, queda denegada), y a continuación procede a enviar un gran sobre que contiene tanto las papeletas de todos los partidos como sobres donde introducir el voto (uno para el Parlamento y otro para el Senado), un certificado con la autorización e incluso una hoja con instrucciones a doble cara.

POR CORREO, CASI IMPOSIBLE. “Yo renuncié a intentar votar porque es un proceso demasiado complicado y no tengo tiempo”, explica David Téllez, un joven de 25 años que el pasado sábado cumplió dos años viviendo en México. David no se registró en la embajada española, lo que significa que a efectos legales, solo está fuera de España temporalmente, lo que le obligaba a votar por correo. “Me registraré para la próxima vez”, comenta, compungido.

Ahí reside otra dificultad, porque los que están registrados en la embajada pueden votar directamente allí, donde se instala una gran urna. La diferencia es significativa en los tiempos, puesto que en la urna se puede votar hasta el mismo domingo, día de las elecciones, pero el plazo para votar por correo se cerró el miércoles 24. Cualquier voto enviado después es inválido.

Y aquí entra en juego el problema del tiempo, que es oro. Los envíos toman semanas, y a menudo los paquetes internacionales quedan primero atorados en la aduana en el aeropuerto de la Ciudad de México y luego Correos de México se tarda días y días en procesar y repartir los sobres. Esto puede provocar que un sobre llegue a tiempo para votar en la embajada, pero no para votar por correo.

Es el caso de Víctor Vilanova, otro joven que llegó a México a finales de noviembre para acompañar a su pareja. Explica que supo que el miércoles Correos de México estaba repartiendo papeletas, el mismo día límite para enviar el voto a España. “No estaba en casa, y como el paquete es certificado, se requiere firma y no lo dejan en el buzón. Hoy (el jueves) me llegaron, pero ya es demasiado tarde”, se queja.

FRANCIA COMO EJEMPLO. La lentitud de los repartos de Correos de México y, sobre todo, la engorrosa ley española, desesperó a Vicens Giralt, un catalán residente en México que también tiene nacionalidad francesa. “¿Por qué no lo hacen como en Francia? Es muy sencillo”, se pregunta. Vicens explica que los ciudadanos galos sólo deben tramitar su alta en la embajada y listo: En el caso de la Ciudad de México, el día de las elecciones pueden acudir a votar en el colegio Liceo Franco Mexicano de Polanco o el de Coyoacán. “Hay un ambiente festivo, y encuentras todo, como en cualquier colegio electoral: Urnas, que se reparten según la inicial de tu apellido, papeletas, cabinas para elegir el voto en secreto… todo. Votas, marcan tu nombre en la lista y ¡ya!”, explica con una mezcla de amargura y envidia.

LAS REDES SOCIALES, CLAVE. Las redes sociales, y el contacto entre los españoles que viven aquí juegan un rol fundamental a la hora de superar los escollos para votar. En distintos grupos algunos abnegados expatriados insisten en explicar y reenviar la información y las instrucciones para poder votar, y gracias a estos canales muchos supieron de la entrega de papeletas del miércoles.

Es el caso de Alberto Moreno, otro joven español que vive en Ciudad de México desde hace tres años. Daba por imposible el votar, pero a última hora supo de las entregas del miércoles. Este viernes en la mañana pudo acudir a recoger su sobre a la sucursal de Correos de la colonia Doctores, y asegura aliviado que este sábado votará. Aún así, Alberto lamenta: “Yo tengo la suerte de que pude ir esta mañana por las papeletas, ¿pero cuántos jefes dan permisos para perder tres días lidiando con todos estos problemas?”.

LA LLEGADA A META. Pero pese a todo, la afluencia de votantes en la embajada es alta. En el espacio de atención al público de la embajada española, ubicada en Polanco, cerca de la estación de metro, y con forma semicircular, se forma una fila que desemboca en una gran urna doble que se dibuja en el horizonte como un verdadero cordón de meta. “Ya se han llenado tres de estas urnas”, dicen los responsables.

El plazo original para votar en la embajada era este viernes, pero finalmente se amplió hasta el domingo. “Llevo 13 años viviendo aquí y es la primera vez que puedo votar”, relata una votante que no dio su nombre. “Incluso saqué a mi hija pequeña de la escuela para poder venir aquí; hay que hacer lo que sea por nuestra querida España”, agrega con una sonrisa de oreja a oreja.

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