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Y, por fin, se rompió la maldición: los grandes conciertos volvieron

Los grandes personajes del rock de los ochenta no pisaron territorio mexicano, realmente. Las experiencias de la primera mitad de la década parecían lejanas, aisladas, desafortunadas.

Y, por fin, se rompió la maldición: los grandes conciertos volvieron | La Crónica de Hoy

Los grandes personajes del rock de los ochenta no pisaron territorio mexicano, realmente. Las experiencias de la primera mitad de la década parecían lejanas, aisladas, desafortunadas. En noviembre de 1980, Alice Cooper se había presentado en Monterrey, con sólo 13 mil espectadores, y no faltó el que escribió en los periódicos regiomontanos, quejándose del “espectáculo frenético y grotesco”.

En 1981, Queen llegó a Monterrey, donde tocó una vez, e hizo dos presentaciones en Puebla. ¿Por qué no en la capital? Era, otra vez, miedo. Miedo al fantasma de Avándaro, más imaginario que real. La experiencia no fue del todo buena. Mucho escándalo se armó en aquel octubre de 1981, en los conciertos programados en Puebla. Portazos, boletos sobrevendidos, muchachos macaneados por la policía poblana. Y, sin embargo, aquellos conciertos fueron calificados de éxito. Aunque le hubieran arrojado zapatos a la banda; aunque el público se hubiera molestado con Freddy Mercury porque escupía agua. Mercury, para componer el estado de ánimo, se puso un sombrero “mexicano”, que, de todas maneras no gustó al susceptible público.

Y aunque muchos insisten en que los conciertos de Queen fueron la llave para abrirle la puerta a los grandes conciertos de figuras internacionales, lo cierto es que el grupo decidió no volver a pararse en tierra mexicana. Los siguientes espectáculos masivos, ya en la Ciudad de México, pertenecían a la corriente del Rock en Tu Idioma, y los llenos de la Plaza México hicieron pensar que era posible la presentación de algún gran personaje del rock o del pop. Por eso, hasta 1989, fue que Rod Stewart vino a México… pero tampoco a la capital.

Esa vez, además de Monterrey, el sitio elegido fue Querétaro. Hacia allá se movieron miles de chavos capitalinos, después de haber hecho fila durante horas para conseguir boletos. Y en el Estadio de la Corregidora, allí cantó Rod Stewart, que en esos días tenía en la lista de hits “Tonight I’m yours” y “Young Turks”.

Las cosas marcharon mucho mejor. Cuando algunos acelerados se trepaban a las torres de iluminación, el cantante y el público reclamaron y, a su modo llamaban al orden. En ese fin de década, los chavos ochenteros sabían que se jugaban parte de su futuro musical: si los conciertos de Stewart salían bien, habría más conciertos, de muchas otras figuras. Como los hubo, para regocijo de aquellos que en la década siguiente, se convertirían en un público cálido e inolvidable para cualquiera que viniera.

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