Opinión


¿Y si se tratara de un hijo o hija de algún juez?

¿Y si se tratara de un hijo o hija de algún juez? | La Crónica de Hoy

Correr toros para entretenerse, torturarlos, matarlos, solo

puede ser alimento de espíritus paupérrimos, devastados. Es

más fácil explicar el porqué de una guerra que la presencia

de público en la plaza celebrando el dolor y el asesinato.

Eduardo Lamazón

El pasado sábado, sintonizando la radio nocturnalmente, paré en estación con tema taurómaco. Siempre es bueno escuchar la posición enemiga que esta vez me dejó sorprendida, pero no por la reacción de alguien que como Heriberto Murrieta es un convencido del tema, sino por una de sus reflexiones acerca de la resolución de amparo que a favor de la empresa Tauromaquia Mexicana otorgó el Juzgado Décimo Quinto en Materia Administrativa, que sin tener en cuenta el principio constitucional del interés superior de la niñez, y tras una supuesta deliberación de casi tres años, determinó que no había impedimento alguno para que los niños torearan públicamente. Ello, tras denuncia presentada, según entiendo, por la activista Xané Vázquez, ante varias instancias, entre ellas la Secretaría del Trabajo que atendió la imputación por supuesta explotación infantil y peligro en la realización de la faena. Y esto se daba, me dije, ¡para colmo!, justo donde primeramente en el país fue reconocida, asimismo constitucionalmente, la condición de “seres sintientes” a los animales no humanos, lo que seguramente importa comino a los aficionados y por lo visto también a los jueces. Para el cronista referido el resultado fue lógico, porque más-menos lo dicho, se trataba de una facultad absoluta de los padres el decidir qué podían y qué no podían permitir hacer sus hijos (como si fueran una propiedad), obligándome con ello a reflexionar, entonces, sobre la no necesidad de tener leyes que protejan a los menores, a quienes legal y moralmente estamos obligados a respetar y a velar por su integridad. Por eso actualmente, entre otras prohibiciones, no pueden asistir a mataderos, que ahora, para el caso, salvo rito poco diferente, actuarían igual que si fueran matanceros, más con el riesgo de perder la vida, no omitiendo citar que el Artículo 46 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes ordena mantenerlos LIBRES de TODA forma de violencia, lo que desde luego incluye torturar y posteriormente matar a un toro, peor cuando el cerebro humano no tiene la madurez física ni emocional suficientes como para dilucidar o incluso entender a profundidad lo que significa matar. Y como en el neurodesarrollo influye la genética, la nutrición y el entorno, a saber si permitiendo esta salvajada a granel, se estarían produciendo personas nulamente compasivas o soberbias ante otras formas de vida. No en balde el Comité de los Derechos del Niño de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas, recomendó desde 2015 (reafirmando tal postura el 5 de marzo de 2018) que para prevenir efectos nocivos en los menores que presencian espectáculos taurinos, los Estados-parte prohibieran la participación de menores de 18 años como toreros o como público en espectáculos de tauromaquia. Por otra parte…

Aun toritos disminuidos o las mismas vaquillas, representan un serio riesgo para la integridad física de los chiquillos, a los que pueden dejar seriamente lesionados, mutilados, maltrechos o hasta muertos. Es por esto que pregunto a quienes concedieron el amparo, qué pasaría si se tratara de alguno de sus hijos, que además, practicarían tan cruel actividad sobre un tercero que debe perder la vida, no sin antes ser victimizado. Lección. Y no me vengan con la retahíla del boxeo, donde son dos adultos legalmente capaces, quienes deciden y arriesgan su futuro. Por cierto y ya que estoy en el tema de tutela…

Me pregunto dónde tendrán la cabeza quienes en plena contingencia y con un calor infernal, permitieron que los paseadores de perros sacaran a sus animales. Me tocó ver a varios, con un promedio de 7 perros cada uno, que evidenciaban casi golpe de calor. Es de entender que al prestador del servicio solo le importe cobrar su dinero, pero… a quienes dicen querer tanto a sus guaguás, de plano no los entiendo. Por cierto…

Agradezco que se haya compartido tanto el cartel de búsqueda de RAMONA, la perrita sustento emocional de Wendy Garrido, compañera columnista y encargada de la edición electrónica de La Crónica. Ruego seguir difundiéndolo. Ambas se necesitan. Recompensa sin mayor averiguación.

 

 

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