Escenario


"Ya no estoy aquí" arrasa en los Premios Ariel, en tiempos de pandemia

El filme de Fernando Díaz de la Parra se llevó 10 premios en la edición 62 de lo mejor al séptimo arte en México

Fotos: (Cortesía) Ya no estoy aquí puede verse a través de la plataforma de Netflix.

El camino que tiene que seguir un adolescente con desarraigo de identidad, en una historia contada con sensibilidad y sin grandilocuencia, que también es el retrato de una contracultura, pero también, en la historia de unos adolescentes en un contexto de violencia inevitable, como fue la guerra contra el narcotráfico. Así se describe la cinta Ya no estoy aquí, del realizador Fernando Díaz de la Parra que fue la gran ganadora de la edición 62 de la entrega de los Premios Ariel a lo mejor del séptimo arte. 

El filme se llevó un total de 10 premios incluidos los de Mejor Película y Dirección, pero también otros como Mejor Guion Original, Fotografía, Diseño de Arte, Vestuario, Revelación Actoral (para el protagonista Juan Daniel García), Edición, Sonido y Maquillaje: 

“Ha sido un camino larguísimo y muy difícil. Este es una enorme lección para nosotros porque es una película que se hizo con mucho corazón”, dijo el realizador Fernando Díaz de la Parra en un enlace vía online pues la ceremonia tuvo que ajustarse a las medidas sanitarias del coronavirus, por lo que los ganadores dieron sus discursos desde casa. 

El cineasta Fernando Frías nos cuenta, en Ya no estoy aquí, una historia ficticia inspirada en ese movimiento contracultural que recibió burlas de la clase acomodada por décadas, pero de la que hubo un tiempo en el que, con fiestas sonideras, la cumbia kolombiana, se convirtió en un símbolo de identidad. 

En las montañas de Monterrey, una joven pandilla que se hace llamar “Los Terkos” pasan los días escuchando cumbia rebajada (cumbia reproducidas a menos revoluciones, con tonos más bajos y lentas) y asistiendo a bailes en los barrios cercanos. Después de un malentendido con los encargados de un punto de venta local, su líder, Ulises (Juan Daniel García) de 17 años, se ve forzado a migrar a Jackson Heights, Queens en Nueva York, donde intenta adaptarse sin sacrificar su identidad. 

Tras este filme hubo tres ganadores con dos premios: Belzebuth, de Emilio Portes que se llevó los Mejores Efectos Visuales y Efectos Especiales; Mano de obra, de David Zonana que ganó a Mejor Ópera Prima y Mejor Actor protagonista para Luis Alberti; y Asfixia que se llevó los premios actorales de reparto para Raúl Briones y Mónica del Carmen, quien no pudo decir su discurso por problemas de conexión: 

“La cultura fue mucho antes que el dinero, si nosotros priorizamos el dinero antes que la cultura estamos destinados al fracaso, necesitamos mejores políticas públicas para nuestro cine”, dijo Raúl Briones al hablar de su premio, en el primer mensaje politizado de la velada, que marcaría la pauta de los discursos al mismo tiempo que de las mujeres que alzaron la voz, empáticas con el movimiento del colectivo Ya es hora, por lo que varias aparecieron con un pañuelo rojo en sus brazos. 

“Amo esta película porque retrata el corazón, la dignidad y la honradez que hay en cada mexicano que construye el país que somos”, dijo en su turno Luis Alberti y añadió: “La cinematografía mexicana tiene un lugar muy digno en el mundo y así lo debemos festejar, vamos a salir adelante como otras veces”. 

También destaca el premio a la Mejor Actriz para Edwarda Gurrola por su trabajo en Luciérnagas: “Me gustaría que fuéramos más empáticos con el dolor de las personas porque solo así vamos a salir fortalecidos de esta situación”, dijo. 

Los otros ganadores fueron El guardián de la memoria, de Marcela Arteaga, al Mejor Documental; Olimpia, de Juan Manuel Cravioto, a la Mejor Película de Animación; El complot Mongol, al Mejor Guion Adaptado; Dolor y gloria, a la Mejor Película Iberoamericana; Sonora y Sanctorum compartieron el de Mejor Música; Lorena, la de los pies ligeros al Mejor Corto Documental; Dalia sigue aquí en Corto de Animación y Las desaparecidas ganó en Corto de Ficción. 

Destacaron también los homenajes a la trayectoria para la actriz María Rojo y para la compositora Lucía Álvarez: “En las filmaciones hay un momento preciso que uno nunca sabe cómo es que de repente en la toma todo mundo siente que el personaje se comió a la actriz y todos permanecemos sin parpadear, sin movernos, sin decir nada, porque sabemos que la actriz es el personaje, y eso sucedió muchas veces contigo y por eso sabía que el Ariel sería tuyo”, le dijo el cineasta Felipe Cazals a María Rojo al entregarle la estatuilla.

“Este reconocimiento es gracias a que durante más de 60 años he tenido papeles prodigiosos, con los mejores directores. Le doy gracias a los directores y guionistas que escribieron esos personajes que me permitieron ser la actriz que soy (…) El cine, mi sueño, lo que más vale la pena”, dijo la actriz en su discurso de agradecimiento.

Pero, sin duda el discurso más sobrio, emotivo y certero lo dio Mónica Lozano, actual presidenta de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), que entrega los premios: “El cine ha debido reinventarse a las nuevas formas de consumo a través de las múltiples pantallas de uso casero y personal, se han estrenado escenarios virtuales”, dijo.

Luego hizo el llamado al gobierno mexicano a seguir apoyando a la cultura: “Una preocupación central es, sin duda alguna, la enorme incertidumbre que vive la producción cinematográfica nacional a consecuencia de la desaparición de los Fondos y Fideicomisos que garantizaban su existencia: FOPROCINE y FIDECINE; mecanismos que han sido conquistas de la lucha de este gremio por un cine mexicano de relevancia cultural, libre de censura, soberano y diverso”, dijo Mónica Lozano.

“No permitamos un retroceso en el ámbito del fomento a la cinematografía en la Ley. De la mano con la comunidad, hoy, la Academia está luchando por encontrar los caminos para la construcción de políticas públicas que respalden a la creación cinematográfica en toda su diversidad y pluralidad; que garanticen el fomento al cine a través del IMCINE con la participación incluyente, democrática y transparente de la comunidad; que protejan y garanticen la existencia de un cine nacional frente a la voracidad de un mercado global dominado por intereses comerciales ajenos a su relevancia cultural y ajenos al derecho que tienen las audiencias del disfrute de un imaginario propio”, enfatizó.

“La cultura no debe pensarse como un gasto. No es un adorno, no es un bien prescindible. Desde el cine, podemos también contribuir en la construcción de un nuevo y mejor México. Los trabajadores y creadores cinematográficos no somos el enemigo. Por el contrario, tenemos un compromiso con la realidad de este país. Trabajemos por una política cultural que garantice la existencia del cine mexicano, que se nutra de su fuerza y que permita que florezca para todos”, concluyó.

 

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