El Semanario de lo insólito en un mundo gris - David Gutiérrez Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016
El Semanario de lo insólito en un mundo gris | La Crónica de Hoy

El Semanario de lo insólito en un mundo gris

David Gutiérrez Fuentes

Hace poco leí en la prensa “seria” que un tipo había perdido la nariz en un accidente y el cartílago por una infección. La solución fue “cultivarle” una nariz en la frente para reponerle la perdida. Si uno ve la fotografía: un chino con unas napias sembradas con células madre creciendo en su frontispicio, podría jurar que se trataba de una noticia del Semanario de lo insólito. Pero basta leer la nota: seria, solemne y cursi, para desencantarse.
José María Flores Muñoz es un editor con muchas horas de vuelo en el mercado de la lectura popular y con un agudo olfato para la caza de oportunidades. Se trata de un colega fogueado en el medio, con mucha imaginación e impulsor de numerosas publicaciones que han recorrido el país y otras partes del mundo. Sólo para poner en contexto algunos clásicos publicados por Mina Editores, citaré algunos títulos: Vochomanía, Audio Car, Tuning Car, Tatuajes, Mi boda, Yoga, Naturismo y yo y Marvel Super Fun.
En el pasado de esta editorial hay otros clásicos que tuvieron largos ciclos de venta como La dulce vida y Buen humor. La editorial fue cuna de una historieta que antes de masificarse circulaba de manera underground, Simon Simonazo.
Pero una de las máximas creaciones de Chema Flores fue el Semanario de lo insólito. Esta revista se le ocurrió en un viaje a Estados Unidos. En el avión de regreso hojeó un tabloide con varias notas singulares, una de ellas consignaba un hecho ciertamente insólito, la entonces primera dama, Nancy Reagan, apapachaba entre brazos a un bebé alienígena en los jardines de la Casa Blanca. Hoy sabemos que la pareja republicana era fanática de la onda extraterrestre. El punto es que el editor pensó que había noticias que sin llegar a esos extremos, podían quedar en el rango de lo verosímil. Material había de sobra y sólo era cuestión de acomodarlo de manera apropiada: ovnis, operaciones milagrosas, millonarios excéntricos, esposos infieles, abducciones, animales raros, freaks, transplantes, alimentaron las páginas del semanario con noticias que más que causar repulsión, generaban la admiración del lector ingenuo y la gozosa complicidad del avezado por los grados de ingenio desprendidos de esa ruda tipografía, acompañada por un colorido y abigarrado diseño con montajes de debieron presentar cierta dificultad antes del advenimiento de photoshop.
Citemos algunas cabezas de ejemplares antiguos y actuales: “Extirpan ovarios a mujeres difuntas para que otras puedan concebir”, “Caí de tres mil metros de altura y estoy vivo”, “Fotografió a su hija segundos antes de ser… ¡Devorada por un tiburón!”, “La tierra está enferma y los extraterrestres nos vienen a ayudar”, “Los salvajes cortacabezas ahora anuncian cerveza en sus escudos”.
Aunque el padre de esta criatura confiesa que las notas eran resultado de un proceso de investigación que conjuntaba material de campo (viajaban para recopilar información) y postal (les llegaban muchas aportaciones por correo), también me dijo que le daban vuelo a la fantasía.
Por ejemplo, la nota “Recupera la vista tras operación y se divorcia”, resume un drama que me voy a permitir recrear por dos razones: a)No grabé la charla telefónica que tuve con José María; y, b)Me agrada cultivar de vez en cuando este género de periodismo ficción, del que apenas soy un humilde aprendiz.
Hace diez años, Susan O’Hara ayudó a cruzar la calle a un apuesto invidente: Robert Frank. Quienes los conocen cuentan que caminaron tomados del brazo por varias cuadras hasta que se detuvieron a comer en un puesto de salchichas que escogieron como punto de reunión para verse al día siguiente. Desde entonces se citaban tres o cuatro veces por semana y eso los acercó más. En una ocasión, Susan le regaló a Terry, un perro lazarillo, en otra Robert le obsequió un frasco de Chanel número 5. Los intercambios materiales se acompañaron por otros que fueron subiendo de tono hasta que un domingo de otoño, Robert le regaló a Susan un anillo de diamantes y le propuso matrimonio.
La pareja vivió diez años de extrema felicidad hasta que un buen día, un reputado oftalmólogo, el doctor William Fitzgerald, ayudó al invidente a cruzar la misma calle que años atrás le permitió a Robert conocer a su esposa. Ambos entablaron un extensa y prometedora conversación. Novedosas técnicas quirúrgicas de las que el doctor Fitzgerald era pionero, podrían ayudar a Robert a recuperar la vista y el único margen de riesgo era que continuara ciego. Como necesitaba voluntarios para poner a prueba su procedimiento, la cirugía y los costos de recuperación serían gratuitos.
El día que le quitaron el vendaje, Robert sufrió una gran desilusión al ver a su esposa. Antes de que cumpliera un mes del retorno a casa, le pidió el divorcio. De gustos exigentes mas no avaro, le dejó el apartamento donde vivieron. Sólo pidió conservar a Terry. Petición que le fue concedida sin mayor discusión porque el animalito siempre mostró un comportamiento hostil hacia Susan, llegándola (estos gerundios eran típicos del Semanario de lo insólito) a morder varias veces.
En cierto grupo de intelectuales mamilas el Semanario de lo insólito se ha ganado varios adjetivos injustos: amarillista, sensacionalista, vulgar. Quienes lo leímos sin prejuicios, pensamos lo contrario. En la confección de esas páginas hay ingenio y cierto tipo de humor negro que a muchos nomás no se les da.
Ahora el semanario se mantiene tablas. Entiendo que ya no le aporta a la empresa grandes ganancias. Ignoro los motivos pero los intuyo. El primero es el que afecta a la industria editorial en su conjunto: la competencia con internet. Pero hay otro más de fondo, más paradójico. Muchas de las noticias insólitas que consignaba el semanario son ahora noticias rutinarias. El avance de la ciencia y la tecnología, así como la masificación de la más pedestre vulgaridad sin decantar, son los principales culpables.
En días pasados fuimos testigos de noticias que seguramente el Semanario de lo insólito consignó hace veinte años, con más humor e inteligencia: hamburguesas hechas de carne artificial, extirpación de tumores colosales, alienígenas descendiendo de naves espaciales ataviados con overol de rescatistas. En fin. El grotesco es el mundo, no una ingenua publicación que entre broma y risa resultó visionaria y en su época de mayor éxito divirtió como enanos a editores y lectores.

dgfuentes@gmail.com

Imprimir

Comentarios