Por cien pesos, estoy en la computación: Adolfo Guzmán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 29 de Diciembre, 2016

Por cien pesos, estoy en la computación: Adolfo Guzmán

Adolfo Guzmán Arenas es fundador del CIC del IPN, después de ser profesor del MIT, Cinvestav y UNAM.

Al terminar su carrera en ingeniería eléctrica en la ESIME del IPN, Adolfo Guzmán Arenas ingresó al laboratorio de cibernética de la institución para hacer sus prácticas, que recientemente se había fusionado con el Centro Nacional de Cálculo. Iniciaba la segunda mitad de la década de los años sesentas.
Un día, llegaron unas “gentes de traje”, quienes les hicieron un examen para conocer las capacidades que periféricamente podrían ser valiosas para una rama de la ingeniería que aún no era muy conocida, relata en entrevista en el Centro de Investigación en Computación (CIC), que contribuyó a fundar.
—Guzmán, pasó el examen.
¡Ah!, qué bueno.
—No, no, pero los que han pasado van a tomar un curso en computación porque va a llegar una nueva máquina, la más grande de Latinoamérica: una IBM 709 (uno de los primeros sistemas introducidos por la empresa en 1958).
—¿Y eso qué es?
—Una computadora…
—Pero yo soy electrónico, sé de radio, televisión… no me interesa…
—Pero si usted salió bien, ¡salió seleccionado!
—Pues digan que salí mal y manden a otro.
—Si quiere… pero a los que vayan al curso les vamos a pagar cien pesos.
—¡Ahh…!, por ahí hubiera empezado. Sí me interesa.
Con notables simpatía, el politécnico cuenta cómo es que sí, se adentró a las ciencias computacionales, fue “por cien pesos”. Tomó dicho curso en IBM, llegó la máquina y fue uno de sus operadores. Poco después conoció a Harold V. McIntosh, quien hacía un lenguaje no para manipular números, sino datos, tema que le gustó y abordó en su tesis de maestría.
Adolfo, sería bueno que fueras a estudiar a otro lado, le decía McIntosh.
Bueno, yo pensaba en trabajar… ya estudié, creo que es hora de trabajar.
—No, sería bueno que solicitaras tu ingreso a estas universidades…
El catedrático le sugirió algunas, de las cuales solicitó a ocho: lo habrían aceptado en el MIT, Stanford, Berkeley y UCLA. Eligió la primera, donde se doctoró en Ciencias de la Computación y  se especializó en inteligencia artificial.
Al terminar, se desempeñó como profesor del tecnológico, no sin antes volver a desairar a Berkeley: el jefe de departamento de esta universidad ya había puesto el nombre del mexicano en uno de sus cubículos. “Había estudiantes mexicanos que me preguntaban ‘¿vas a ser profesor nuestro?’ ‘No, yo me voy al MIT’”.
INVESTIGACIÓN. Adolfo Guzmán, oriundo de Ixtaltepec, Oaxaca, fue profesor del Cinvestav, donde fundó la maestría y doctorado en Computación, así como del Instituto de Investigación en Matemáticas Aplicadas y Sistemas de la UNAM, donde fue jefe del departamento de Computación y de la Unidad Interdisciplinaria (UPIICSA) del IPN.
Por sus aportaciones en el área computacional le otorgaron el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1996 y, a partir del 1 de enero de este 2014, es Miembro Fellow del Institute of Electrical and Electronic Engineers (IEEE), el más alto grado de membresía que esa asociación mundial otorga para reconocer la extraordinaria trayectoria de sus integrantes.
Entre las investigaciones destacadas del politécnico se encuentran las realizadas en el ámbito de análisis de datos, minería de datos, sistemas expertos y arquitectura de flujo de datos. Buena parte de su trabajo ha consistido en investigaciones en el área de análisis de imágenes de tres dimensiones, donde logró resolver el problema de distinguir objetos 3D en una imagen que sólo es bidimensional, mediante un programa de computadora que asigna etiquetas, las cuales permiten identificar todos los cuerpos que se encuentran en la imagen.
En el área de inteligencia artificial, desarrolló el método de propagación de restricciones para poder reconocer imágenes que contienen poliedros; inventó los números de forma, para poder cuantificar el parecido entre dos formas o siluetas. En geoprocesamiento, fue uno de los pioneros en el desarrollo de modelos digitales del terreno. Analizó fotografías desde satélite para cuantificar la cosecha de trigo. En computación paralela, construyó un multiprocesador que usa Lisp como lenguaje de máquina, y carece de sistema operativo.
Actualmente, el oaxaqueño trabaja en “la ciencia de los datos”, un análisis de grandes cantidades de datos con el enfoque de deducciones, modelado, clasificación y otras operaciones sobre grandes conjuntos para facilitar la toma de decisiones y así analizar tendencias, predecir y modelar el comportamiento de un fenómeno. De esta forma, transforma una gran cantidad de datos en información y conocimiento útil para decidir, planear y entender mejor lo observado.
DE EU A MÉXICO. Después de un par de años como profesor en el MIT, el también miembro de la Academia Mexicana de Ciencias regresó a México, donde volvió al Centro Nacional de Cálculo como director, después dirigió el centro científico de Latinoamérica de IBM. Posteriormente en la UNAM colaboró en la construcción de una computadora “paralela”: una máquina que albergaba la capacidad de otras cinco, aunque podía soportar otras 60. Fue la primera de su tipo en el país.
Su trabajo osciló entre hacer software, dar clases y hacer investigación, hasta que la crisis de los años ochentas hizo insostenible su permanencia en el país como académico.
Regresó a EU donde trabajó en las industrias Microelectronics and Computer Technology Corporation e International Software Systems, donde aplicaría sus conocimientos en computación paralela, formaría parte del ejército de investigadores en el país americano que competirían contra Japón por el liderazgo en el desarrollo tecnológico del área.
Le fue bien y ya no pensaba regresar a México, pero… se divorció. “Emocionalmente no estaba bien” y ya no le gustó estar allá. Regresó al país a vender software para las empresas y pasó por el IPN a hacer lo propio, entonces le dijeron que se fundaría un centro de investigación. Con un sentido del humor casi involuntario y un lenguaje corporal casi musical relata de nuevo ese momento, donde partiría para engrosar el currículum multinstitucional antes mencionado. Eran mediados de los años noventas.
—Fundarán un centro de investigación, bien, qué bueno.
—¿No te interesaría?
—No, ni para trabajar ni nada, quizá vender software.
El secretario del centro fue con el director y le relató el encuentro. Dicho directivo fue compañero de Guzmán en la ESIME. Se reunirían poco después.
—Vamos a hacer un centro de investigación (el CIC), ¿no te gustaría dirigirlo?
—No, ¿para qué? Yo tengo mi empresa, busquen a algún burócrata que le interese.
—No, pero va a ser un centro muy bueno…
—Pero, ¿tienen un plan?
Le echó un vistazo y le dio posteriormente sus observaciones. El centro estaba bien diseñado, recuerda, pero le hizo algunos cambios que le gustaron al director.
—En  serio, ¿no te gustaría dirigirlo…?
—Bueno, si va a tener estas características… sí.
Lo dudo mucho porque él se dedicaba a hacer software y a resolver problemas lejos de un cargo administrativo, “de la burocracia”. Pero aceptó y fue su director fundador, donde permaneció por siete años. Ahora, el CIC donde charlamos tiene su sello indeleble, sus ideas, sus laboratorios, la gente adecuada que se contrató y un historial de buenos directores.
Al día de hoy y casi estrenando su membresía Fellow del IEEE se le ve contento y jovial. “¿Yo?, estoy a gusto. Sigo haciendo software”.

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