Psicólogos apoyan a deportados de EU: "Están viviendo violencia estructural, cultural y personal" | La Crónica de Hoy
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Psicólogos apoyan a deportados de EU: "Están viviendo violencia estructural, cultural y personal"

Migrantes ◗ Un grupo de psicológos de la UNAM habla a Crónica sobre casos de crisis emocional de connacionales pidiendo ayuda ◗ La tarea primordial es evitar suicidios ◗ Perdieron todo lo construido durante años allá; hoy, están de regreso al lugar de donde salieron por falta de futuro ◗ El esposo de ‘Hortensia’ “salió huyendo de EU con mis hijos y cuando hablo por teléfono con ellos me dicen que la abuela los golpea”

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[ Primera parte ]

“¿Quién puede ayudarme a ver a mi hija que dejé sola en Estados Unidos?… Pasé 30 años en el otro lado y aquí no soy nadie, no tengo ni nombre ni acta de nacimiento… ¿Quién me da trabajo para darle de comer a mi familia?… Mis hijos son maltratados en México, ¿qué puedo hacer para ayudarlos?… Si deportan a mi hijo, ¿cómo podrá superar la depresión?”…

Son dolores reales: tristezas y ansiedades de migrantes mexicanos, algunos ya repatriados, otros temerosos de ser detenidos o en conflictos diversos. O inquietudes de sus familiares, quienes día a día los ven consumirse.

Son contexto que forman parte de los expedientes compartidos a Crónica por un grupo de psicólogos —la mayoría de la UNAM— constituido en el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia de la Ciudad de México para brindar ayuda emocional a los connacionales, en estos tiempos de abismo, de persecución.

“Viven un contexto de violencia estructural, cultural y personal por el discurso de odio del gobierno norteamericano, con efectos visibles: síntomas de depresión, ansiedad, tristeza profunda y estrés postraumático, de ahí que hayan comenzado a registrarse suicidios y eso es lo que buscamos evitar”, señaló la psicóloga Karen García, una de las participantes en el proyecto.

“Ellos conocen las condiciones en México: violencia, narcotráfico, falta de empleo y de dinero. Concluyen que no van a lograr nada aquí, que por eso se fueron y no les queda otra salida”.

Ochenta profesionales, entre psicólogos y abogados, con experiencia previa en atención a víctimas de delitos, desde el mes de febrero han comenzado también a recibir llamadas telefónicas de auxilio de paisanos y mexicanos en retorno. Algunos de estos casos los contamos aquí…

“Están destrozados porque todo lo que construyeron en años se derrumba en un instante. De repente, están de regreso en el lugar del que antes huyeron porque no veían futuro y esa es la fórmula implacable de la depresión”, refirió Luis Wertman, presidente del Consejo.

“No queremos que nuestros paisanos vengan a enfermarse aquí, o lleguen incluso a quitarse la vida. ¿Se sienten afligidos, solos, extrañan a los seres queridos que dejaron allá y aquí se sienten fuera de lugar? Hay un número al que pueden llamar”.

HIJOS Y ENFERMEDAD. Psicóloga: Karen García Velázquez, UNAM.

Tiempo en el Consejo: año y medio.

En sus carpetas se encuentra el caso de “Hortensia”, una migrante radicada en Los Ángeles, quien trabaja en un restaurante.

“Estoy muy angustiada por mis hijos —dijo ella de arranque-. Mi pareja debió huir de Estados Unidos y se los llevó. Ahora están en Izúcar de Matamoros, Puebla, pero lo que más me pone triste es que ellos son maltratados por su abuela, ¿qué puedo hacer para ayudarlos?”.

Hortensia había pensado ya en salir de California y viajar a México, pero su abogado la alertó: “Después de una lucha de muchos años estás a punto de regularizar tu situación migratoria, pero si te vas se pierde todo”.

Se enteró del maltrato por su niña de 10 años. “La abuela nos pega”, le confió. El hijo más pequeño tiene seis.

“Su tono de voz era bajo, lento, por momentos lloraba, era un estado emocional muy vulnerable, de mucha impotencia, porque estando allá no podía hacer nada”, contó la psicóloga.

—Es muy duro, jamás pensé estar separada de mis hijos, procuro hablarles por teléfono casi todos los días, pero ya no aguanto — decía la mujer, quien llamó tres veces.

Fue asesorada para conformar una red de defensa a los menores encabezada por su mamá y hermana, quienes también viven en Puebla, e iniciar a la par una demanda por maltrato infantil. Se le canalizó al Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI) en busca de dar seguimiento al caso.

Otro asunto atendido fue el de “Mario”, originario de Chiapas, quien había conseguido un permiso temporal para trabajar como jornalero agrícola en la Unión Americana.

“Estoy muy enfermo, hay mucha explotación aquí y malas condiciones laborales, por eso decaí. Quiero ver a mi familia y curarme en México porque aquí no hay quién me cuide, pero tengo miedo de perder mi chamba, ¿luego qué voy a hacer?”, expresó por teléfono.

Contó la experiencia de un amigo cercano, quien también cayó enfermo y debió volver al país para atenderse y estar con sus hijos. “Los patrones lo abandonaron, se olvidaron del contrato y su trabajo se perdió”.

Según Karen, por los abusos, la extendida jornada laboral y la falta de seguridad, el caso fue valorado como de explotación laboral:

“Estaba asustado y fue necesario brindarle orientación en el momento; analizar su contrato de trabajo, que era muy desventajoso; carecía de cualquier garantía. Le comenté que lo más importante era su salud, y estar cerca de su red de apoyo, su familia”.

Una semana después Mario volvió a llamar; ya se encontraba en México, buscaría ayuda médica y después viajaría a Chiapas, para convalecer en su hogar.

“Voy a atender mi salud, ya luego Dios dirá en qué trabajamos y qué comemos”, dijo.

MI NIETA. Psicóloga: Verónica Galindo Venegas, UNAM.

Tiempo en el Consejo: un año.

En su historial de casos está el de “doña Bertha”, mamá de un deportado en depresión; dejó a una hija sola en Estados Unidos.

“Él no quiere hablar, pero está muy mal —contó la mujer. Allá se quedó mi nieta y no sabemos qué hacer, necesitamos ayuda, ¿cómo podemos traerla a México?”.

Habían pasado tres semanas de zozobra, de pensar noche y día en la hija desamparada.

“Las autoridades gringas ya no lo dejaron verla, se lo trajeron así nomás, sin poder arreglar nada. ¿Cómo podemos volverla a ver, saber que está bien? Ayúdennos. No habíamos pedido apoyo antes porque no sabíamos dónde ni cómo, y porque tenemos miedo de que mi nieta sufra represalias”, narró la mujer.

Doña Bertha y su hijo fueron dirigidos hacia el programa Somos Mexicanos, del Instituto Nacional de Migración, con el objetivo de recibir respaldo consular y concretar un reencuentro.

“Vuelven a sufrir el alto estrés de cuando se fueron —detalla la psicóloga Galindo—. Son migrantes, decimos, pero desconocemos cómo cruzaron la frontera, si fueron o no violentados. Regresan en condiciones de violencia y pasan lo mismo. Les han vulnerado sus derechos por todos lados, los han agredido, tienen miedo de acercarse a las instituciones y se sienten como en un túnel; hay que ayudarles rápido a salir de esa oscuridad”.

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