Crónica: DIF capitalino recorre la Benito Juárez para atender a menores | La Crónica de Hoy
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Crónica: DIF capitalino recorre la Benito Juárez para atender a menores

“Dígale al niño que no pasa nada, sólo queremos saber que está bien”

  • cronica.com.mx
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Son las 09:00 de la mañana en el edificio del DIF capitalino —ubicado en la delegación Benito Juárez—, donde dos trabajadoras sociales, un abogado y una psicóloga se alistan para comenzar la jornada.

Su labor: sacar de las calles a niños que sean víctimas de explotación.

Crónica fue invitado a uno de los recorridos piloto que se hacen para registrar cómo funcionará el protocolo con el que se busca combatir la explotación infantil en la ciudad.

Pasan 30 minutos y el grupo recibió la primera alerta; las cámaras del C5 observaron a niños vendiendo churros en la colonia Nápoles.

Son dos pequeños, acompañados por dos adultos, que caminan sobre Georgia. A los especialistas les toma 15 minutos hacer el recorrido a bordo de una unidad médica móvil y al llegar al punto no encuentran nada y el C5 lo confirma, las personas se movieron del lugar.

“Para no perder tiempo iremos a otro punto, donde unos niños acompañan a su madre”, informó Mónica Ávila, procuradora para la protección de los niños, niñas y adolescentes del DIF-CDMX.

En Xola, la brigada del DIF se encontró con una mujer de 20 años originaria de Chiapas. Iba acompañada de una niña de dos años y un niño de cuatro. Al verlos se puso nerviosa y empezó a darle órdenes al varón en tzotzil.

A pesar de que el equipo del DIF intentó explicarle que sólo ofrecerían  atención médica a los menores, la mujer quiso huir; incluso, en un primer contacto dijo hablar español. Más tarde el argumento fue: “no entiendo”.

La mujer se identificó como Angelina Gómez Méndez y desde el principio de los cuestionamientos mostró rechazo a las autoridades que se habían acercado a ofrecer apoyo. Argumentó que en meses pasados el Sistema DIF en Chiapas le quitó sin decir palabra alguna a sus dos hijos.

La brigada no sabía realmente cuál era la verdad de todo lo que decía la joven que pedía dinero en un semáforo, “ellos son mis hermanos”, “es que ellos se van a morir”, “sí son mis hijos”, fueron algunas de las cosas que Angelina contestó al ser cuestionada sobre los dos pequeños que se encontraban parados sin zapatos.

Después de que les ordenara ponerse los zapatos y decirle algo al oído al pequeño de cinco años, dijo que su hermana se encontraba a unas cuantas calles y echó a correr.

Al llegar al lugar donde se encontraba quien resultó ser su cuñada, el pequeño no volvió a despegarse de Angelina, e incluso comenzó a llorar y a gritar como si la brigada o las mismas trabajadoras sociales fueran a hacerle algún tipo de daño.

Entonces llegó el hermano de Angelina, que era el único que no vestía ropas típicas de su comunidad.

“Por qué no le dice a su hermana que se tranquilice y le diga al niño que no pasa nada, no les haremos nada malo, sólo queremos saber en qué condiciones están los menores”, comentó la procuradora Mónica Ávila.

Los menores se encontraban sucios y con ropa desgarrada, aunque no mostraban algún tipo de desnutrición, en realidad no se podía saber si sufrían deshidratación o algún otro mal.

Sin embargo, todo se volvió más difícil para el equipo cuando vecinos comenzaron a salir de sus hogares para saber qué pasaba con el niño que en lugar de llorar gritaba a todo pulmón.

“Mételos a mi casa, aquí no se los pueden llevar”, dijeron algunos vecinos que intentaban defender a la mujer proveniente de Chiapas, por lo que impedían que los niños se tranquilizaran y parecieran los villanos de la historia.

“No siempre es fácil realizar este tipo de cosas, hace unas semanas nos tocó que una pareja de limpiaparabrisas nos escupiera, pero al final sí logramos hacer que aceptaran revisar a su hijo”, explicó la procuradora del DIF-CDMX.

Finalmente, después de tres cuartos de hora transcurridos e intentar tranquilizar a Angelina, a su hermano y cuñada, la titular de la brigada decidió que los dejaran ir, pues ya se había creado un ambiente difícil para los más pequeños.

Ofrecen atención médica a niños que acompañan a sus padres

El trabajo que actualmente realiza el DIF, en relación a la aplicación del protocolo para combatir la explotación infantil, va encaminado a detectar a niños que acompañan a sus padres – quienes trabajan vendiendo dulces en la calle- y verificar que se encuentren en buen estado de salud.

Durante un recorrido al que este diario fue invitado, se observó que la brigada fue al cruce de avenida Universidad y Eje 7 Félix Cuevas, donde las cámaras de seguridad observaron un puesto afuera del Metro Zapata y una carriola roja.

Inmediatamente los psicólogos, médicos, abogados y trabajadores sociales fueron al lugar, encontrando a un matrimonio vendiendo lunch para los jóvenes que acuden a las escuelas cerca del perímetro.

“Hoy vine a dejarle unas cosas a mi esposo porque se le olvidaron, pero mi bebé y yo nunca estamos aquí, sólo estábamos acompañándolo por un momento porque Sofi es delicada”, explicó la madre de Sofía.

Sofía, de seis meses, estuvo a punto de morir en días pasados pues de la nada le dio un derrame cerebral y estuvo a punto de morir.

“Cada mes debemos llevarla con su pediatra y al neurólogo para que revisen su estado después de lo que sufrió”, explicó Verónica, de 27 años.

El DIF capitalino le ofreció una valoración médica para detectar cualquier foco rojo en la menor.

Minutos más tarde, el médico informó a Verónica que su hija se encontraba en óptimas condiciones y que sólo se encontraba un poco baja de peso, pero con una buena dieta sería posible tenerla en los parámetros adecuados, por lo que se le entregó una tarjeta Bebé Seguro, la Cartilla para niños y dos sobres de suero oral.

El tercer punto señalado por el C5 fue la esquina de Eje 5 Eugenia y Avenida Cuauhtémoc donde se encontró a Miguel, de 16 años ayudando a su padre a levantar el puesto de tamales que se habían vendido por la mañana.

“Estoy en tercero de secundaria y voy en la tarde a la escuela por eso vengo a ayudarle a mi papá aquí y pues me gusta ayudarle”, contó Miguel mientras jugaba jenga con las trabajadoras sociales.

Al finalizar las entrevistas correspondientes tanto al padre como el menor, los médicos se aseguraron de revisar a Miguel, a quien le detectaron deshidratación y caries, pero ningún padecimiento que alertara la salud del casi adolescente.

 

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