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Destino C

La disciplina espiritual practicada por monjes avanzados en el frío extremo no es una moda que cualquiera pude utilizar, ya que pude ocasionar grandes problemas físicos uy mentales

Los monjes tibetanos que desafían el frío de las montañas con la meditación Tummo

Monjes Tibetanos en la nieves La meditación Tummo nació hace más de mil años en el budismo como una disciplina espiritual practicada por monjes avanzados en el frío extremo del Himalaya, y con el tiempo despertó el interés científico por sus efectos reales en el cuerpo y la mente
Monjes Tibetanos La meditación Tummo nació hace más de mil años en el budismo como una disciplina espiritual practicada por monjes avanzados en el frío extremo del Himalaya, y con el tiempo despertó el interés científico por sus efectos reales en el cuerpo y la mente (Redes sociales )

Mientras millones de personas en el mundo buscan formas de cubarse de las bajas temperaturas, en las montañas del Himalaya, donde el frío puede alcanzar niveles extremos de -40°C y donde también vida monástica es austera, los monjes tibetanos desarrollaron una práctica capaz de generar calor desde el interior del cuerpo. Se trata del Tummo, una antigua técnica del budismo tibetano que combina respiración, concentración y visualización como parte de un camino espiritual profundo.

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Práctica que nació de la supervivencia y la disciplina

El Tummo se desarrolló entre los siglos X y XI dentro del budismo Vajrayana, en un entorno donde la espiritualidad no podía separarse de la supervivencia en regiones ubicadas a más de 4 mil metros de altura, el control del cuerpo y de la mente era esencial para resistir inviernos largos y temperaturas bajo cero.

Esta técnica no pude ser realizada por cualquier persona, ni es accesible para cualquiera, solo la practican monjes tibetanos avanzados y yoguis tántricos, conocidos como ngagpas, que han recibido iniciaciones específicas y años de preparación previa.

Está especialmente asociada al linaje Kagyu, como parte de los Seis Yogas de Naropa, y también existe en las escuelas Nyingma y Gelug, aunque de forma mucho más reservada. La razón es clara: trabajar con la respiración, la energía interna y el sistema nervioso sin guía puede ser peligroso.

Lugares fríos como Montañas, cuevas y monasterios son aptos para meditar

Tradicionalmente, el Tummo se practica en cuevas de alta montaña, monasterios sin calefacción y regiones del Himalaya en el Tíbet, Nepal, Bután y el norte de la India, como Ladakh y Sikkim.

Las temperaturas documentadas durante estas prácticas van desde los −10 y −20 grados centígrados en condiciones habituales, hasta −30 o incluso −40 grados en casos extremos. En algunos rituales, los monjes envuelven su cuerpo con telas mojadas y las secan únicamente con el calor generado durante la meditación.

Monjes Tibetanos en la nieves La meditación Tummo nació hace más de mil años en el budismo como una disciplina espiritual practicada por monjes avanzados en el frío extremo del Himalaya, y con el tiempo despertó el interés científico por sus efectos reales en el cuerpo y la mente
Monjes Tibetanos La meditación Tummo nació hace más de mil años en el budismo como una disciplina espiritual practicada por monjes avanzados en el frío extremo del Himalaya, y con el tiempo despertó el interés científico por sus efectos reales en el cuerpo y la mente (Redes sociales )

Interés científico: de los monasterios a los laboratorios

Durante siglos, estas prácticas permanecieron aisladas del mundo occidental. Fue en 1981 cuando un equipo de científicos estadounidenses, encabezado por el cardiólogo Herbert Benson, de la Facultad de Medicina de Harvard, viajó al Himalaya para estudiar a los monjes tibetanos con el respaldo del decimocuarto Dalai Lama.

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Los hallazgos sorprendieron a la comunidad científica. Las investigaciones documentaron que los practicantes de Tummo podían elevar de forma voluntaria su temperatura corporal, aumentar hasta 17 grados la temperatura de manos y pies, y reducir su consumo de oxígeno durante la meditación.

Además del control térmico, los estudios observaron efectos en la regulación del sistema nervioso, mayor estabilidad mental y una notable capacidad para manejar el estrés físico extremo. Estos resultados mostraron que no se trataba de sugestión, sino de un fenómeno fisiológico real.

A partir de estos estudios surgió un mayor interés científico en los efectos neurológicos y clínicos de la meditación, así como el desarrollo de programas terapéuticos inspirados en estas prácticas, como la reducción del estrés basada en la atención plena.

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Sin embargo, dentro del budismo tibetano, el Tummo nunca se ha entendido como una técnica para obtener beneficios físicos aislados. Para los monjes, la claridad mental, la disciplina emocional y el control del miedo son consecuencias naturales de un entrenamiento espiritual más profundo.

Una practica religiosa, no una moda

Tras la difusión de estudios científicos y reportajes que destacan los efectos fisiológicos de la meditación Tummo, muchas personas ajenas al budismo tibetano han intentado imitar estas prácticas sin la preparación adecuada.

Sin embargo, esta aproximación suele ser riesgosa, ya que los cuerpos y sistemas nerviosos de quienes no han sido entrenados durante años no están acondicionados para soportar exposiciones prolongadas al frío extremo ni las exigencias respiratorias y mentales de esta disciplina.

El Tummo no es una exhibición de resistencia física ni una técnica diseñada para obtener reconocimiento o beneficios rápidos; se trata de una práctica sagrada, profundamente ligada a una tradición espiritual específica, transmitida de manera estricta de maestro a discípulo; su aprendizaje implica largos periodos de silencio, retiro y disciplina ética, desarrollados en condiciones de aislamiento y en algunas de las regiones más frías y remotas del Himalaya.

Practicarla sin guía experta y fuera de su contexto cultural y espiritual no solo desvía su sentido original, sino que también puede provocar consecuencias físicas y psicológicas graves.