Las plataformas digitales de ciencia ciudadana se han convertido en uno de los espacios más vivos donde sociedad, academia y gobiernos se encuentran para hacer ciencia de manera colaborativa. En ellas, cualquier persona con un celular o una computadora puede observar, medir, clasificar o analizar datos que alimentan proyectos de investigación reales, desde la astronomía hasta la biodiversidad.
Durante décadas, la participación ciudadana en ciencia fue principalmente local: conteos de aves, monitoreo de ríos o campañas de salud pública coordinadas por asociaciones científicas y dependencias gubernamentales. Con la expansión de internet y, más tarde, de los teléfonos inteligentes, esta colaboración se trasladó al entorno digital y se amplificó a una escala global.
El uso masivo de aplicaciones móviles, cámaras y sensores integrados en los teléfonos permitió que miles de personas contribuyeran con datos georreferenciados, fotografías y observaciones en tiempo real. Estas herramientas no solo facilitan la recolección de información, sino también la comunicación entre participantes y equipos de investigación, así como la devolución de resultados a las comunidades que colaboran.
Aunque han existido experiencias previas de participación pública en ciencia, la comunidad internacional suele señalar al proyecto Galaxy Zoo (2007) como un punto de inflexión en las plataformas digitales de ciencia ciudadana. Galaxy Zoo surgió cuando un grupo de astrónomos de la Universidad de Oxford se enfrentó a cientos de miles de imágenes de galaxias que era imposible clasificar solo con personal académico, y decidió abrir la tarea al público a través de una página web.
El éxito fue inmediato: en los primeros meses se realizaron decenas de millones de clasificaciones, lo que demostró que voluntarios sin formación en astrofísica podían contribuir, con guía adecuada, a resultados científicamente robustos. A partir de esta experiencia se creó la Citizen Science Alliance y, poco después, la plataforma Zooniverse, que integró múltiples proyectos de ciencia ciudadana bajo una misma infraestructura digital.
Las plataformas de ciencia ciudadana no son solo emprendimientos aislados: en muchos casos se sostienen sobre alianzas entre universidades, organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil. Diversos informes recomiendan que las universidades reconozcan la ciencia ciudadana como parte de sus métodos de investigación, creen puntos de contacto institucionales y coordinen redes con otros actores para darle continuidad a estos proyectos.
Por su parte, varios gobiernos han creado portales específicos para organizar y visibilizar proyectos en los que la ciudadanía puede participar. En Estados Unidos, por ejemplo, el sitio citizenscience.gov funciona como un hub federal para proyectos de ciencia ciudadana y crowdsourcing, mientras que en Canadá se ha desarrollado un portal gubernamental para reunir iniciativas en distintas áreas. Estos esfuerzos acompañan la tendencia global hacia la ciencia abierta, el acceso abierto a datos y la coproducción de conocimiento con la sociedad.
A continuación, presentamos algunas de las plataformas más conocidas, todas basadas en conocimiento científico y con comunidades de usuarios distribuidas en muchos países.
1. Zooniverse
Zooniverse es hoy una de las plataformas de ciencia ciudadana más grandes del mundo, con cientos de proyectos activos en áreas como astronomía, ecología, historia, humanidades digitales y medicina. Nació a partir del éxito de Galaxy Zoo y se ha consolidado como un espacio en el que investigadores de distintas disciplinas diseñan tareas que voluntarios pueden realizar desde cualquier navegador web.
Los proyectos de Zooniverse han producido resultados que se traducen en artículos científicos, nuevos catálogos de objetos astronómicos, datos sobre biodiversidad y colecciones históricas digitalizadas. Esta plataforma ilustra muy bien cómo una infraestructura digital, respaldada por universidades y consorcios científicos, puede coordinar el trabajo de miles de personas en todo el mundo.
2. iNaturalist
iNaturalist es una plataforma centrada en la biodiversidad donde cualquier persona puede subir fotografías de seres vivos —plantas, animales, hongos— y, con ayuda de la comunidad y de modelos de inteligencia artificial, obtener una identificación. Estas observaciones, acompañadas de fecha y ubicación, conforman una base de datos global que científicos, conservacionistas y gestores ambientales utilizan para estudiar la distribución de especies y monitorear cambios ecológicos.
En muchos países, los datos de iNaturalist se integran a repositorios nacionales de biodiversidad y se emplean para apoyar decisiones de conservación y políticas públicas. La plataforma también ha demostrado ser una herramienta educativa efectiva para que estudiantes y comunidades se familiaricen con la naturaleza de su entorno inmediato. En México hay una comunidad muy importante que usan esta plataforma, incluidos personal científico, profesores y sociedad en general.
3. eBird
eBird, coordinada por el Cornell Lab of Ornithology, es una plataforma en la que observadores de aves de todo el mundo registran sus listas de avistamientos. A través de un sitio web y una aplicación móvil, las personas suben datos de especies, lugares y fechas, lo que permite generar mapas dinámicos de abundancia y migración.
Los datos de eBird se han utilizado en numerosos estudios científicos sobre cambio climático, biodiversidad y manejo de hábitats, y están disponibles para la comunidad en formatos abiertos. Este ejemplo muestra cómo una red de aficionados puede convertirse, mediante una plataforma bien diseñada, en una fuente de información clave para la ciencia contemporánea.
En México, el movimiento de ciencia abierta y ciencia ciudadana ha ido tomando forma a través de esfuerzos dispersos pero cada vez más articulados. Diversos trabajos han mapeado experiencias de ciencia ciudadana en el país, mostrando proyectos relacionados con biodiversidad, monitoreo ambiental, periodismo de datos y repositorios de acceso abierto.
Entre las instituciones mexicanas que destacan en este ámbito se encuentran:
- La Universidad Autónoma del Estado de México, con una Oficina de Conocimiento Abierto que impulsa el acceso abierto y promueve prácticas participativas.
- El Tecnológico de Monterrey, con liderazgo en repositorios de literatura científica y recursos educativos abiertos, que se articulan con iniciativas internacionales de ciencia abierta.
- La Universidad Autónoma de Zacatecas, que participa en propuestas de repositorios abiertos y proyectos de colaboración científica en red
- La UNAM, a través de su Dirección General de Repositorios Universitarios y el Portal de Datos Abiertos UNAM, que integra diversas colecciones con licencias abiertas e interoperables como parte de un ecosistema de ciencia abierta.
Además, México se ha vinculado con redes internacionales como OpenAIRE y la Red Mexicana de Repositorios Institucionales, así como el repositorio regional LA Referencia, que facilitan el acceso libre a publicaciones y datos científicos en América Latina. Estas infraestructuras, si bien no son siempre plataformas de ciencia ciudadana en sentido estricto, sí constituyen la base de un modelo donde el conocimiento se concibe como bien común y se abren posibilidades para que la ciudadanía participe en la producción y uso de información científica.
En América Latina, trabajos sobre ciencia abierta en México muestran que, aunque hay avances importantes, todavía existen retos en infraestructura digital, financiamiento y reconocimiento institucional para proyectos que involucren de forma sistemática a la ciudadanía. Aun así, las experiencias mapeadas sugieren un terreno fértil para consolidar plataformas de acceso libre y colaboración comunitaria que dialoguen con iniciativas globales.
Cuando hablamos de plataformas digitales de ciencia ciudadana, en realidad hablamos de una pregunta más profunda: ¿qué papel deseamos que tenga la sociedad en la construcción del conocimiento? Las experiencias de Galaxy Zoo, Zooniverse, SciStarter, iNaturalist, eBird, GLOBE y las iniciativas mexicanas de ciencia abierta nos muestran que es posible ir más allá de la figura del público como observador pasivo y reconocerlo como colaborador activo.
Desde nuestra perspectiva, apostar por estas plataformas implica asumir que la ciencia es un proceso colectivo, situado y perfectible, que se enriquece cuando incorporamos miradas diversas y saberes locales. Nos invita también a reflexionar sobre nuestras responsabilidades: como instituciones, abrir datos y apoyar infraestructuras robustas; como comunidades, participar críticamente; y como individuos, decidir qué problemas queremos abordar con el conocimiento que generamos entre todos.
Al final, la pregunta no es solo qué plataformas existen, sino qué tipo de relación entre ciencia y sociedad queremos construir, y qué pasos concretos estamos dispuestos a dar —desde nuestras universidades, gobiernos, comunidades y hogares— para que el conocimiento sea realmente un bien común.
Referencias bibliográficas seleccionadas
- Bhawra, J. et al. (2022). Decolonizing Digital Citizen Science: Applying the Bridge Framework. Societies, 12(2), 71.[weadapt]
- Finger, L. et al. (2023). The science of citizen science: a systematic literature review. Frontiers in Education.[frontiersin]
- Lemmens, R. (2021). Citizen Science in the Digital World of Apps. En: The Science of Citizen Science.[ris.utwente]
- LERU (2016). Citizen Science at Universities: Trends, Guidelines and Recommendations. League of European Research Universities.[leru]
- Sanabria-Z. et al. (2024). Esfuerzos de ciencia abierta en México. Mapeo de actores de ciencia ciudadana y acceso abierto.[editorial.fiecyt]
Referencias web
- Zooniverse: https://www.zooniverse.org[zooniverse]
- SciStarter: https://scistarter.org[en.wikipedia]
- Citizenscience.gov (USA): https://www.citizenscience.gov[oead]
- GLOBE Program: https://www.globe.gov[oead]
- Portal de Datos Abiertos UNAM: https://datosabiertos.unam.mx[ciencia.unam]
- Ciencia abierta y repositorios en México (LA Referencia, OpenAIRE, REMERI): https://cienciaabiertalab.org[cienciaabiertalab]
guillermo.lopez@inecol.mx