
En la mira del 47 aniversario de la Revolución islámica de 1979, Irán se enfrenta a uno de sus momentos más críticos con la probabilidad de algo mayor que un ataque, emplazado por los afanes de guerra de Estados Unidos. Preparado el discurso que el mismo Irán ha alentado con la fuerte represión que las autoridades han ejercido en contra de los ciudadanos, con un saldo de varios miles de muertos. Desde fuera se busca entender lo que sucede dentro en un país difícil de interpretar.
El hecho es que desde hace algunas semanas los medios internacionales ven a Irán precipitarse a una guerra con Estados Unidos, tal como podrían inferirse de las bravuconadas del presidente Trump que emplaza su armamento hacia la región por mar con sus poderosos portaviones, barcos y submarinos en el Mediterráneo, el mar Arábigo, el Golfo Pérsico; por aire utilizando las bases establecidas en diferentes países como España, Francia, Italia, Croacia, Israel. Se trata del desplazamiento masivo de las fuerzas estadounidenses más impresionante en mucho tiempo. Las alertas han llegado ya a la suspensión momentánea de vuelos comerciales a Teherán y en los aeropuertos de los países vecinos.
Al mismo tiempo, una actividad diplomática mayor está aconteciendo. Incluso se habla de negociaciones directas de Irán y Estados Unidos, cuando menos en las intenciones y en lo que conviene a los países de la región que pueden ser involucrados, por eso les importa particularmente los alcances de esa contienda.
Es increíble que esta situación la esté provocando de nuevo el tema nuclear porque se dice que Irán ha elevado su enriquecimiento de uranio en 400 kilos, en un 60% para la construcción de armas. Se trata del mismo nivel que Estados Unidos dijo haber destruido apenas en sus ataques de junio de 2025. Y hay que recordar que, en el primer periodo de Trump, su país abandonó el Tratado de No Proliferación de armas nucleares. Junto a ese dossier está también el del desarrollo tecnológico iraní que le ha permitido incrementar su capacidad defensiva con misiles con un alcance de 500 kilómetros. Y ya dio una muestra con el ataque en meses pasado contra Israel. Por lo que, desde este país, se apoya cualquier decisión de Trump y actualmente su empeño le lleva a reforzar la cúpula de hierro, extendiendo su protección más allá de Tel Aviv, la ciudad más protegida.
En un esfuerzo por entender a Irán, puede distinguirse en el de su particular distribución de poderes que le dan mayor fuerza, alejándonos de la idea occidental de un poder ejecutivo por encima de cualquier otro.
1º. El Guía supremo Ali Khamenei con la representación del poder religioso, heredado del Ayatola Jomeine, como representante de Dios en la tierra, amparado en la fuerza del islam chiita que espera la llegada del doceavo imán, portador del fin de los tiempos, que lo distingue del mayoritario islam sunita. Su fuente de poder es la religiosa al considerársele descendiente del Profeta, reconocido por el grueso de la población, pese a las disidencias de las últimas semanas.
2º. El presidente Massoud Pezeshkian, ejerce la política y representa al país frente a los negociadores con quien siempre deben hacer frente a los diferentes emplazamientos procurando evitar los conflictos o, cuando menos aminorarlos.
3º. El secretario del Consejo Supremo de seguridad nacional, Ali Larijani, representa según los enterados, la clave del proceso que ahora se lleva a cabo para evitar la guerra en la bruma del horizonte. Su posición central le ha permitido actuar y es considerado con capacidad para influir con Khamenei en el proceso, ahora tan importante, de una negociación con Washington. Incluso si para lograrlo sus canales de comunicación lo llevan hasta Moscú o China, eventuales aliados.
4º. Los Guardianes de la Revolución, conforman la entidad más expuesta internacionalmente por su visibilidad en la represión que está teniendo lugar, y si bien responde directamente al Guía Supremo, se le ha visto un manejo autónomo como el brazo armado de la política, capaz de tomar sus decisiones.
El juego internacional es de mucha importancia y allí está de nuevo la capacidad negociadora de Catar, insistiendo en las negociaciones directas. Y ya Turquía parece haber convencido a Teherán y a Washington de abordar de forma directa el asunto nuclear. Ese es el campo de Larijani que, desde el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, maneja redes que le hacen estar en el centro de las negociaciones. Se le atribuye el acercamiento con Moscú y la visita a Teherán de Mohammad ben Abdelrahman al-Thani, ministro de Asuntos Extranjeros de Catar, lo cual garantiza la participación de los países del Golfo para evitar una posible contienda.
Además del asunto nuclear que Irán insiste sólo busca usarlo con fines pacíficos para crear fuentes de energía, a Estados Unidos le interesa manejar lo relacionado con el petróleo y el gas, para evitar las exportaciones a China o cuando menos detener sus flujos. Turquía, por su parte, con buenas relaciones con Rusia, se compromete sobre un acuerdo global que permita mantener los equilibrios regionales, comprometiéndose su ministro de Relaciones Exteriores Hakan Fidan, a mantener las redes necesarias entre árabes, iraníes y turcos. Lo que significa involucrar a Egipto, a los países del Golfo y en la práctica a Estados Unidos.
Israel no está satisfecho con esa lógica y, de hecho, su Jefe de Estado Mayor viajó a Washington para convencer a los estadounidenses de llevar a cabo una “operación militar de envergadura contra Irán para acabar con el régimen” y aprovechar así la ocasión que brinda la actual situación. Eso significa acabar con las negociaciones sostenidas que lleven a la integración entre los países para alcanzar un desarrollo compartido, lo cual resulta alarmante para Netanyahu. Y es que en verdad un acuerdo semejante, podría sentirse en Yemén y resolver la tensión entre Arabia Saudita y los hutíes, lo cual incide en permitir el flujo de la navegación, suspendida por los ataques de los piratas de nuestro tiempo. Los acuerdos pueden alcanzar a Líbano y llegar a los arreglos con Hezbolá, para garantizar la paz imposible hasta ahora por el asedio de Israel sobre el sur y salir del impasse mediante compromisos políticos.
Sin embargo, detener la guerra que se anuncia, enfrenta tropiezos, como el regreso inminente del negociador de Estados Unidos en Medio Oriente, Steven Witkoff de una de sus tantas misiones infructuosas, por lo que se alcanza a ver. Los acercamientos entre tantos países de la región pueden contribuir a una meta contraria a la de la alarma que provoca el despliegue armamentístico estadounidense en esa región. Pero nada parece estar escrito.
* Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente (SUCUMO) de la UNAM