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Niños con indicadores de malnutrición pueden presentar títulos de anticuerpos significativamente más bajos después de la vacunación contra el sarampión, señala experto de la Ibero

Nutrición adecuada modula eficiencia del sistema inmune ante sarampión: experto

Vacunación contra sarampión La vacunación es vital, pero también se debe fortalecer la nutrición de la población. (Cuartoscuro)

El reciente brote de sarampión en México ha encendido alertas sanitarias y sorprendido a una generación que creció pensando que esta enfermedad pertenecía al pasado. Durante décadas, el país fue reconocido por su programa de vacunación, que permitió erradicar la transmisión endémica del virus. Su reaparición no significa que la vacuna haya dejado de funcionar; significa que los sistemas de protección colectiva requieren vigilancia constante y coberturas sostenidas, señala Edgar Mendivil Rangel, Director del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana.

La vacunación sigue siendo, sin discusión, la herramienta central para prevenir el sarampión. No existe ningún alimento ni suplemento que sustituya el esquema completo de vacunación. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que la calidad de la respuesta inmunológica también depende del estado nutricional. La nutrición no reemplaza a la vacuna, pero sí modula la eficacia del sistema inmune”, escribe en un artículo difundido por la institución.

Diversos estudios han documentado que la desnutrición infantil y el retraso en el crecimiento se asocian con respuestas vacunales más débiles. Niños con indicadores de malnutrición pueden presentar títulos de anticuerpos significativamente más bajos después de la vacunación contra el sarampión, señala.

En contraste, las intervenciones nutricionales, particularmente la suplementación con vitamina A y zinc, y la rehabilitación proteico-energética, han mostrado mejorar la seroconversión y la persistencia de la protección inmunológica. Esto no implica que la vacuna falle, sino que el sistema inmune necesita recursos biológicos adecuados para desplegar su máxima capacidad.

BRECHA GENERACIONAL.

El brote actual también revela brechas generacionales. Estudios recientes en México han identificado grupos de adultos jóvenes con niveles de inmunidad inferiores a los esperados, posiblemente debido a esquemas de vacunación incompletos o a la disminución progresiva de la protección en ausencia de circulación viral. Estas lagunas de inmunidad pueden facilitar la reintroducción del virus cuando llegan casos importados.

La respuesta frente al sarampión no puede limitarse únicamente a aumentar las coberturas de vacunación, aunque esa sea la prioridad inmediata, sino que debe integrarse con políticas que fortalezcan la nutrición infantil, la seguridad alimentaria y la atención primaria de salud. Los brotes infecciosos tienden a ser más graves en contextos de pobreza y malnutrición, donde el sistema inmune enfrenta desventajas adicionales, señala.

“La lección principal es clara: la prevención real es integral. La vacunación completa continúa siendo la defensa más poderosa contra el sarampión y debe promoverse sin ambigüedades. Pero al mismo tiempo, fortalecer el estado nutricional de la población, especialmente en la infancia, es una estrategia complementaria que potencia la protección colectiva. Un sistema inmune resiliente se construye tanto en la cartilla de vacunación como en el plato de comida. Ignorar cualquiera de estos dos pilares debilita nuestra capacidad de respuesta frente a enfermedades que creíamos superadas”.

PREOCUPACIÓN GLOBAL.

La Red Global de Virus (GVN), que representa a eminentes virólogos humanos y animales de más de 90 Centros de Excelencia y Afiliados en más de 40 países, dedicados a impulsar la investigación, la colaboración y la preparación ante pandemias, expresa su profunda preocupación por el continuo resurgimiento de enfermedades transmitidas por alimentos en Estados Unidos y en todo el mundo. El sarampión es una de las enfermedades virales más contagiosas conocidas y puede ser mortal, especialmente en niños no vacunados. Sin embargo, sigue siendo totalmente prevenible con una vacuna altamente efectiva, con un historial de seguridad excepcional desde la década de 1960.

En 2025, Estados Unidos experimentó el mayor número de casos de sarampión en más de 30 años, con más de 2242 casos confirmados en 45 estados y al menos el 11 % de los pacientes requirieron hospitalización, incluyendo casos en niños pequeños, y tres muertes confirmadas, un aumento drástico en comparación con años anteriores.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EU indican que el total de 2025 representa un resurgimiento significativo en comparación con años anteriores, y muchos brotes se han relacionado con la baja cobertura de vacunación y los viajes internacionales. “El sarampión, en cualquier lugar, es una amenaza en todas partes”, afirmó el profesor Scott Weaver, MS, PhD, director del Centro de Excelencia de GVN en la Rama Médica de la Universidad de Texas. “Estos brotes son el resultado de desafíos globales de larga data para mantener una alta cobertura de vacunación infantil y de vulnerabilidades persistentes en los sistemas de salud pública”.

A nivel mundial, la actividad del sarampión se mantiene elevada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a pesar de la disponibilidad de una vacuna segura y rentable, en 2024 se estimaron 95 000 muertes por sarampión en todo el mundo, principalmente entre niños menores de 5 años no vacunados o con una vacunación insuficiente.

“Fortalecer la inmunización sistemática, la vigilancia y la educación pública es esencial para prevenir nuevos brotes”, afirmó la profesora Heidi Larson, PhD, directora fundadora del Proyecto de Confianza en las Vacunas de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y miembro de la Junta Directiva de GVN. “La vacuna triple vírica (SPR) está probada, es segura y eficaz, y mantener una alta cobertura es nuestra mejor defensa”. GVN insta a gobiernos, proveedores de atención médica y agencias de salud pública a:

• Promover y facilitar la inmunización triple vírica (SPR) de todos los niños y adultos no vacunados.

• Fortalecer los sistemas de vigilancia del sarampión para detectar y responder rápidamente a los brotes antes de que se propaguen.

• Combatir la desinformación sobre las vacunas mediante una comunicación pública basada en la evidencia.

• Apoyar las iniciativas mundiales de inmunización para reducir las enfermedades y muertes prevenibles en todo el mundo.

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