
Por todos es conocido el termino de paisaje. Al pensar en este concepto todos inferimos que está íntimamente relacionado con la naturaleza, el medio ambiente y con todo lo que en él se asienta; díganse montañas, ríos, mares, vegetación, tipo de suelo o de roca, tipo de clima, la fauna, las propias actividades humanas (agricultura, industria, etc.) e inclusive, edificaciones realizadas por nosotros mismos, como las ciudades y la infraestructura que acompaña a estas. Dicho de otra manera, en un término no tan abstracto, el paisaje es la porción de un territorio o región que puede ser observable desde un lugar determinado y en donde se pueden apreciar interacciones entre diversos elementos ambientales y sociales. Esta combinación de elementos del paisaje puede tener similitudes o parecidos entre un lugar y otro, sin embargo, cada lugar es único en el mundo.
De esta manera, el paisaje representa uno de los recursos naturales con mayor importancia y demanda debido al valor escénico que puede adquirir un sitio en específico, el cual puede ser apreciado por gran parte de la población y que a su vez, puede aportar un sin número de servicios ambientales. Hablar de paisaje, también considera implícitamente hablar de visibilidad, lo que puede definirse desde el punto de vista paisajístico como la capacidad de observar elementos, particularidades y extensiones de territorio desde un sitio específico, como podría ser el caso de un mirador al borde de una carretera; en donde justamente se pueda tener un panorama delante del observador y este pueda percibir a través de sus sentidos el paisaje que lo rodea.
Además del paisaje natural, también es factible apreciar paisajes con diversas gamas de intervención humana, por lo que se pueden encontrar desde paisajes rurales, con muy poca participación humana, hasta paisajes urbanos, en donde la influencia humana predomina enormemente. Nuestra especie siempre ha transformado el entorno en favor de su beneficio, ejerciendo una presión significativa sobre el entorno y la naturaleza. Esto ha llevado al desarrollo de efectos negativos, repercutiendo a todos los ecosistemas y los seres vivos, incluido el paisaje.
Las transformaciones en el relieve y en la cobertura vegetal, a través de la construcción de carreteras, desarrollos turísticos y urbanos, instalaciones industriales o infraestructura de diversa índole han sido las actividades que más cambios significativos han ejercido sobre el paisaje a través del tiempo. Digamos que entre mayor intervención se presente en un determinado lugar, la calidad del paisaje disminuye porque este deja de tener un equilibrio entre los elementos que lo componen.
Por lo tanto, es importante gestionar el paisaje para que este siga manteniendo una armonía y la mayor calidad posible entre sus elementos. Por lo que su gestión y/o análisis debe estar basado en la identificación y la caracterización de cada factor que lo conforma. Al analizarlo, lo que comúnmente se realiza es establecer jerarquías, las cuales por lo general, se establecen considerando al relieve como el principal factor de diferenciación, es decir, diferenciado montañas de valles, de llanuras, lomas, cerros y todo el resto de elementos que se pueden ubicar en dichos sitos.
Al diferenciar o segmentar el paisaje se pueden elaborar unidades de paisaje, las cuales tomarán características particulares del territorio que distingan unas unidades de otras; y que, a su vez debido a sus cualidades, le otorgan propiedades y aptitudes propias a un sitio especifico. Esto condiciona, por ejemplo, el tipo de actividades económicas, productivas o de conservación que pueden desarrollarse allí. De este modo, el estudio del paisaje nos permite hacer un análisis optimo del territorio, lo que facilita identificar, planificar y realizar un correcto ordenamiento de las actividades que sean compatibles con el entorno, y, sobre todo, establecer políticas ambientales que resguarden el paisaje y lo que en él se asienta.
Por estas razones, la gestión del paisaje es de suma importancia para comprender y regular los cambios que se ejercen sobre el territorio, mismos que tienen incidencia en el territorio; en este sentido, el paisaje debe ser preservado y en especial cuando este tiene una alta calidad visual pudiéndose justificar por su valor escénico, pero también por su valor potencial para usos recreativos y de conservación o bien como un patrimonio cultural.