
Un virus milenario, descrito por primera vez en el siglo X por el médico persa Rhazes y que probablemente haya evolucionado hace unos dos mil 500 años de bovinos hacia humanos. Se trata de un paramixovirus de género Morbillivirus, un virus ARN que provoca una enfermedad infecciosa exantémica (que produce erupción en la piel, sarpullido o mancha de color rojizo), parecida a la rubeola o a la varicela, muy frecuente en la infancia.
Los primeros síntomas de la enfermedad son fiebre alta, ojos llorosos, tos, flujo nasal, exantema y manchas de Koplik (manchas blancas en la cara interna de las mejillas). En personas inmunocomprometidas puede desarrollar neumonía y las complicaciones incluyen también encefalitis, sordera, ceguera, diarrea intensa e infecciones del oído. No hay tratamiento específico y la mayoría de los pacientes se recuperan en dos o tres semanas.
La última epidemia en México se presentó entre 1989 y 1990, el último caso endémico fue en 1995 y para 1996 se logró eliminar la transmisión endémica del virus gracias al Programa de Vacunación Universal en nuestro país. Los casos que se han presentado desde entonces han sido importados. No obstante, la baja cobertura de vacunación que se ha presentado desde la pandemia de COVID-19, el avance de los grupos antivacunas y la movilidad humana cada vez mayor han sido factores para que se presente un nuevo brote.
En 2025 se presentaron, de hecho, 542 brotes y en lo que va de 2026 ocho más, contabilizando una cifra superior a los once mil casos al 22 de febrero. Los grupos de edad más afectados son niños y niñas de uno a cuatro años con mil 548 registrados; niños y niñas de cinco a nueve años, con mil 333 casos y adultos jóvenes de 25 a 29 años, con mil 227.
La situación ha obligado a la Organización Panamericana de la Salud a revisar la estrategia de México para combatir el contagio y en abril se evaluará. La campaña de vacunación es muy clara: dosis cero entre los seis y 11 meses de edad -además de las dos dosis a las 12 y 18 meses-, completar las dos dosis en niñas y niños de uno a nueve años, aplicar vacuna a quienes no tengan el esquema completo o no sepan si cuentan con él o si les dio sarampión entre los 10 y los 49 años. Las personas mayores a 49 años no la requieren, ya que o se contagiaron en su momento o se vacunaron.
Ante este panorama, es indispensable que se fortalezca el Programa de Vacunación Universal, que ha sido referente internacional. El abasto de vacunas debe ser resuelto por parte de la autoridad correspondiente. La cultura de la vacunación también requiere ser reforzada ante la creciente ola de desinformación generada por el movimiento antivacunas que, si bien ha penetrado en México, otros países presentan problemas mayores y con la movilidad internacional el problema es global.
Las vacunas son una de las mejores formas de prevenir enfermedades infecciosas. Sin duda pueden presentar efectos secundarios pero las vacunas desarrolladas contra casi todas las enfermedades son seguras (la excepción podría ser únicamente las vacunas por emergencia contra COVID-19).
Esperemos que pronto pase el brote de sarampión y nuestro país pueda posicionarse nuevamente como ejemplo mundial en la vacunación y prevención de enfermedades. ¡Informémonos!