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Analbys Martínez Negrín diseñó una propuesta de reglamento para la prevención de la contaminación lumínica.

Contaminación Lumínica: un brillo que amenaza la noche

Contaminación. La contaminación lumínica es el exceso de luz artificial durante la noche que altera la oscuridad natural del entorno. (Especial)

Durante siglos, la noche ha sido un espacio de contemplación, orientación y equilibrio natural, sin embargo, en las últimas décadas los paisajes oscuros han sido sustituidos progresivamente por un resplandor artificial constante que opaca a las estrellas y transforma nuestro entorno. Un problema silencioso, pero de vital importancia: la contaminación lumínica.

Comprender este fenómeno y aprender a reconocerlo es fundamental, principalmente en un contexto donde la iluminación excesiva se asocia erróneamente con el progreso ilimitado. Actualmente, su expansión es global, impulsada por la urbanización y el uso de nuevas tecnologías mal implementadas.

En respuesta a esta situación, Analbys Martínez Negrín, egresada de la Maestría en Gestión Ambiental de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), diseñó una propuesta de reglamento para la prevención de contaminación lumínica en el municipio de Huasca de Ocampo, una herramienta innovadora que puede ayudar a comprender y atender esta problemática creciente.

Riesgo ambiental poco visible pero urgente

La contaminación lumínica es el exceso de luz artificial durante la noche que altera la oscuridad natural del entorno. A diferencia de otros tipos de contaminación, su impacto no siempre es evidente, por lo cual ha quedado rezagada dentro de la agenda pública, sin embargo, sus efectos son significativos, pues afecta la salud humana, altera los ecosistemas, dificulta la observación astronómica y genera un uso ineficiente de energía.

“El uso inadecuado de la luz artificial altera los ciclos circadianos de las personas, afectando la producción de melatonina y aumentando el riesgo de contraer enfermedades; además, especies nocturnas como los murciélagos dependen de la oscuridad para sobrevivir, por lo que la luz artificial puede desorientarlos, interrumpir sus ciclos reproductivos o reducir su capacidad de alimentación”, mencionó Analbys Martínez.

A lo que agregó: “También es una situación que afecta nuestros bolsillos, pues gran parte de la iluminación pública se desperdicia por una mala orientación, implicando costos económicos innecesarios. El problema no es el uso de la luz, sino que se haga de forma ineficiente y descontrolada”.

En México ya se reconoce a nivel legal, particularmente con la reforma de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente realizada en 2021. No obstante, y a pesar de que existen ciertos avances como la inclusión de conceptos de contaminación lumínica y luz intrusa, nuestro país carece de normas técnicas específicas que regulen su emisión.

A nivel internacional, iniciativas como el reconocimiento del “derecho a cielos oscuros” y los programas de certificación de sitios por organizaciones especializadas han permitido que la contaminación lumínica se posicione como una cuestión de justicia ambiental urgente. En dicho contexto, los gobiernos municipales adquieren un rol clave, al ser los encargados de desarrollar reglamentos adaptados a sus condiciones locales.

Huasca, territorio de alto valor ambiental

Huasca de Ocampo, en Hidalgo, posee características naturales, culturales y turísticas que lo convierten en un sitio estratégico. En este caso, Peña del Aire es un área natural protegida certificada como parque de cielo oscuro. Debido a este proceso esta zona debe cumplir con ciertos requisitos de iluminación.

El crecimiento urbano y turístico del municipio incrementó el uso de iluminación artificial, generando un riesgo para los ecosistemas locales y la calidad de vida de sus habitantes. En la actualidad, Huasca no cuenta con un reglamento específico para este fenómeno, por lo cual, la propuesta de reglamento es una herramienta necesaria para una correcta regulación, la protección de dicho lugar y sus especies, a su vez, es un llamado a la conciencia respecto a la magnitud del problema y la necesidad de contar con normas bien definidas.

Reglamento: ejes principales

Esta propuesta sin precedentes en la entidad, realizada por la egresada Garza, se estructura en tres componentes fundamentales:

-Marco Técnico

Esta parte es la encargada de establecer criterios para el uso adecuado de iluminación, incluyendo tipos de luminarias eficientes y correctamente orientadas, control de flujo luminoso hacia el cielo, regulación de la temperatura de color (para reducir las emisiones de luz azul) y la zonificación del territorio según su sensibilidad a la luz.

Además, se propone el uso de herramientas de medición como el Sky Quality Meter para monitorear la calidad del cielo nocturno.

-Marco Legal

El reglamento se encuentra sustentado en la legislación ambiental vigente, además busca llenar los vacíos existentes mediante la definición clara de los tipos de contaminación lumínica, lineamientos para instalaciones públicas y privadas, el establecimiento de criterios de evaluación e impacto lumínico, así como sentar las bases para una supervisión integral que garantice el cumplimiento de estas medidas.

-Educación y concientización

El presente escenario reconoce que la regulación por sí sola no es suficiente, por lo que debe ir acompañada de un cambio cultural y social, por eso el reglamento plantea que se realicen campañas de sensibilización sobre el uso responsable de la luz, programas de educación ambiental impartidos a todos los niveles educativos y hacia todos los sectores sociales, así como una promoción permanente del valor que tiene el cielo nocturno como patrimonio natural.

Si bien el reglamento se encuentra pendiente de aprobación, su implementación no solo busca mitigar impactos negativos sino generar beneficios como el ahorro energético, conservación de la biodiversidad y mejoras en la calidad de vida.

“Aunque el proyecto toma como eje central Huasca de Ocampo, una de las ventajas de este reglamento es que no está sujeto a un solo lugar, es general y adaptable, por lo que cada municipio puede apropiarse de él y, acorde a sus características, retomarlo, adecuarlo a sus necesidades y aplicarlo. Al hacerlo visible podremos llevarlo a nuevas escalas y, por qué no, pensar en un uso estatal o federal en un futuro”, declaró Martínez Negrín.

En conclusión, la contaminación lumínica es un problema que requiere atención inmediata, por lo que la propuesta de este reglamento representa una respuesta integral. Donde el uso de la luz vaya orientado a un modelo más sostenible en donde la tecnología y el medio ambiente puedan coexistir en equilibrio.

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