
¿Cómo surgió la vida en la Tierra? Es una de las preguntas más antiguas de la humanidad y, al mismo tiempo, una de las más vigentes para la ciencia. Lejos de ofrecer respuestas definitivas, la investigación contemporánea ha construido un entramado de evidencias que apuntan a un origen gradual, resultado de procesos químicos que ocurrieron durante millones de años y que aún hoy dejan huellas en meteoritos, asteroides y en la propia maquinaria molecular de los seres vivos.
Con esa premisa, el biólogo Antonio Lazcano Araujo impartió la conferencia virtual La aparición de la vida, como parte del ciclo Cultura hoy para la vida cotidiana, coordinado por los colegiados Susana Lizano y Luis Felipe Rodríguez Jorge en El Colegio Nacional. A lo largo de la charla, el investigador condujo al público por más de un siglo de estudios sobre el origen de la vida, mostrando cómo la química, la geología, la astronomía y la biología evolutiva convergen para explicar uno de los mayores enigmas científicos.
Antes de abordar las hipótesis sobre el origen de los organismos, el Premio Crónica recordó que la ciencia forma parte de la cultura y constituye una de las expresiones más profundas del conocimiento humano, una perspectiva desde la cual invitó a entender el estudio de la vida como una construcción colectiva basada en evidencia y no en certezas absolutas.
METEORITOS: CÁPSULAS DEL TIEMPO.
Uno de los ejes de la conferencia fue el papel que desempeñan los meteoritos y los asteroides para reconstruir las condiciones que prevalecían durante los primeros cientos de millones de años del Sistema Solar.
Según explicó Lazcano, estos cuerpos celestes funcionan como auténticas cápsulas del tiempo porque conservan materiales que apenas han sufrido alteraciones desde su formación. A diferencia de la Tierra, cuyo dinamismo geológico ha borrado gran parte de las evidencias de aquella época, los meteoritos preservan información química invaluable sobre el ambiente donde pudieron originarse las moléculas precursoras de la vida.
El investigador destacó el caso del meteorito Murchison, caído en Australia en 1969, cuyo análisis reveló una extraordinaria diversidad de compuestos orgánicos, incluidos más de 90 aminoácidos, hidrocarburos y bases nitrogenadas relacionadas con el DNA y el RNA. La presencia de estas moléculas demuestra que la química necesaria para producir los ladrillos fundamentales de la vida no es exclusiva de la Tierra, sino que ocurre de manera natural en el espacio.
En este contexto, también resaltó el valor de las recientes misiones espaciales que han permitido recuperar muestras directamente de asteroides. Entre ellas mencionó la misión japonesa al asteroide Ryugu, cuyos materiales fueron transportados en condiciones estériles para evitar cualquier contaminación terrestre.
El análisis de esas muestras identificó diversos compuestos orgánicos y aminoácidos poco comunes en la biología terrestre, fortaleciendo la idea de que los procesos químicos capaces de generar moléculas prebióticas ocurrieron en distintos cuerpos del Sistema Solar mucho antes de que existiera la vida en nuestro planeta.
EL EXPERIMENTO QUE CAMBIÓ TODO.
Otro momento central de la conferencia estuvo dedicado al experimento desarrollado en 1953 por Stanley Miller bajo la dirección de Harold Urey.
Hasta entonces, las hipótesis sobre el origen químico de la vida permanecían principalmente en el terreno de la especulación. Miller logró reproducir en un laboratorio las condiciones que se creía caracterizaban a la Tierra primitiva mediante una mezcla de gases sometida a descargas eléctricas semejantes a los rayos de una tormenta. El resultado sorprendió a la comunidad científica: en aquel sistema comenzaron a formarse espontáneamente aminoácidos, componentes esenciales para la vida.
Para Lazcano, la trascendencia de ese trabajo radica no sólo en sus resultados, sino también en la elegancia conceptual de un experimento capaz de demostrar que la química puede producir espontáneamente moléculas biológicas bajo determinadas condiciones ambientales.
El investigador recordó además su cercanía académica con Miller y expresó la admiración que aún le provoca aquel trabajo pionero: “No deja de asombrarme la elegante sencillez de un experimento hecho por un muchacho que tenía 22 años”. La frase sintetiza, señaló, el enorme impacto que una idea simple puede tener sobre el desarrollo del conocimiento científico.
Aunque durante las décadas posteriores las hipótesis sobre la atmósfera primitiva se han refinado y actualizado, Lazcano explicó que el legado del experimento permanece vigente porque abrió un campo entero de investigación: la química prebiótica.
DEL DNA AL RNA.
La conferencia avanzó entonces hacia uno de los debates más importantes de la biología moderna: cuál fue la primera molécula capaz de sostener los procesos que eventualmente dieron origen a la vida.
Durante mucho tiempo la discusión enfrentó al DNA, las proteínas y el RNA. Sin embargo, la evidencia acumulada durante las últimas décadas ha fortalecido la llamada hipótesis del mundo del RNA.
Lazcano explicó que esta molécula posee una característica excepcional: puede almacenar información genética y, al mismo tiempo, desempeñar funciones catalíticas semejantes a las de las enzimas. Esa doble capacidad la convierte en un candidato sólido para representar una etapa previa a la aparición del complejo sistema biológico basado en DNA, RNA y proteínas que caracteriza a todos los organismos actuales.
Uno de los argumentos más contundentes proviene del ribosoma, la estructura celular encargada de fabricar proteínas. Durante años se creyó que su actividad dependía principalmente de proteínas; sin embargo, investigaciones posteriores demostraron que el sitio activo está formado esencialmente por RNA, evidencia que confirma la capacidad catalítica natural de esta molécula.
Aun así, Lazcano reconoció que persisten interrogantes fundamentales, entre ellas cómo pudieron formarse espontáneamente las primeras cadenas de RNA bajo condiciones naturales. Resolver ese problema continúa siendo uno de los mayores desafíos de la investigación sobre el origen de la vida.
UNA HISTORIA DE MILES DE MILLONES DE AÑOS.
Lejos de presentar el surgimiento de la vida como un acontecimiento súbito, Antonio Lazcano propuso entenderlo como una larga secuencia de innovaciones acumuladas.
Para ilustrarlo recurrió a una analogía arquitectónica: la vida contemporánea puede compararse con un edificio construido sobre estructuras anteriores que nunca desaparecieron del todo. Cada innovación evolutiva aprovechó procesos químicos y biológicos ya existentes, formando capas sucesivas de complejidad que permanecen presentes en todos los organismos actuales.
Esa perspectiva resume el mensaje central de la conferencia: comprender el origen de la vida implica observar simultáneamente la química de los meteoritos, la historia geológica del planeta, la exploración espacial y la evolución molecular. No existe una única pieza que explique el rompecabezas, sino múltiples líneas de evidencia que convergen para mostrar que la transición de la materia inerte hacia los primeros sistemas vivos fue un proceso gradual, gobernado por las leyes naturales.
Más que ofrecer una respuesta definitiva, la charla de Lazcano dejó claro que la ciencia continúa ampliando las fronteras del conocimiento sobre nuestros propios orígenes. Cada meteorito analizado, cada muestra recuperada de un asteroide y cada nuevo experimento de laboratorio aportan piezas adicionales a una historia que comenzó hace más de cuatro mil millones de años y cuya reconstrucción sigue siendo una de las aventuras intelectuales más fascinantes de la humanidad.