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La evidencia científica abre nuevas rutas para fortalecer la formación médica y la seguridad de los tratamientos

Investigación de UAEH destaca diferencias en la respuesta a tratamientos médicos

UAEH Esta es una de las preguntas que llevó a Laura Cristina Vargas López, docente del Área Académica de Medicina del Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), a desarrollar, junto con estudiantes y otros investigadores, una revisión de la literatura mundial sobre las diferencias relacionadas con el sexo asignado al nacer en la respuesta farmacoterapéutica. (IA)

Durante décadas, gran parte del conocimiento médico y farmacológico se construyó con base en estudios realizados principalmente en hombres. Aunque esta situación ha comenzado a cambiar, todavía existen diferencias que deben considerarse al prescribir un medicamento, no solo por las características clínicas de cada paciente, sino también por el sexo asignado al nacer y los factores sociales que pueden influir en la respuesta y la adherencia al tratamiento.

Estos elementos obligan a mirar la farmacoterapia desde una perspectiva amplia, capaz de reconocer diferencias biológicas, clínicas y sociales en cada paciente.

Esta es una de las preguntas que llevó a Laura Cristina Vargas López, docente del Área Académica de Medicina del Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), a desarrollar, junto con estudiantes y otros investigadores, una revisión de la literatura mundial sobre las diferencias relacionadas con el sexo asignado al nacer en la respuesta farmacoterapéutica.

El trabajo permitió analizar investigaciones publicadas en español e inglés entre 2015 y 2025. A partir de esta búsqueda, el equipo integró 68 artículos para identificar las principales diferencias documentadas en la respuesta de hombres y mujeres ante determinados tratamientos.

En el proyecto participaron tres estudiantes de Medicina, una alumna de Enfermería, un médico y la investigadora. Para Vargas López, involucrar a estudiantes desde los primeros semestres también representa una oportunidad para acercarlos a la investigación y mostrarles que no siempre es necesario comenzar un proyecto directamente en campo. En ocasiones, organizar y analizar el conocimiento existente constituye un punto de partida fundamental.

Los medicamentos no siempre actúan igual

Uno de los principales hallazgos corresponde al ámbito clínico. La literatura revisada mostró diferencias en la respuesta de hombres y mujeres ante determinados grupos de medicamentos.

Entre los ejemplos identificados están los bloqueadores de los canales de calcio utilizados para tratar la hipertensión, ante los cuales las mujeres pueden presentar una mayor respuesta que los hombres. Esto puede incrementar el riesgo de hipotensión si la dosis no se ajusta adecuadamente a las características de la paciente.

También se encontraron diferencias relacionadas con algunos antidepresivos y antipsicóticos, frente a los cuales las mujeres pueden presentar una mayor sensibilidad. Otro ejemplo corresponde al uso de insulina, pues la revisión señala un mayor riesgo de hipoglucemia en mujeres que en hombres bajo determinadas condiciones y dosis.

Esto no significa que todos los tratamientos funcionen de manera diferente. En diversos medicamentos antiinfecciosos, por ejemplo, no se identificaron diferencias relevantes. “El sexo debe incorporarse como uno de los múltiples factores que el personal de salud debe considerar al prescribir, junto con la edad, peso, talla, comorbilidad y las condiciones socioeconómicas”, señaló la investigadora de la UAEH.

La parte social también influye

La respuesta a un medicamento no termina cuando una persona recibe una receta. La adherencia al tratamiento y las condiciones sociales también pueden modificar sus resultados.

Vargas López encontró que las mujeres suelen presentar mayor adherencia a determinados tratamientos para enfermedades como la hipertensión, aunque esta tendencia cambia cuando se trata de medicamentos psiquiátricos. En estos casos pueden intervenir factores como el estigma, la violencia y la falta de apoyo familiar.

La investigadora también señaló una mayor polimedicación en mujeres en determinados contextos, particularmente cuando concurren padecimientos como depresión, hipertensión y diabetes. Estos elementos muestran que las diferencias entre hombres y mujeres no pueden explicarse únicamente desde la farmacología.

“El análisis no debe concentrarse exclusivamente en las mujeres. Los hombres también presentan dificultades de adherencia en determinados tratamientos. Una problemática común en nuestro país es suspender un antibiótico después de sentir mejoría, sin completar el esquema indicado, lo que da pie a otras enfermedades”, advirtió.

Mujeres, investigación y conocimiento médico

Otro aspecto que destaca el estudio es la histórica subrepresentación de las mujeres en los ensayos clínicos. Durante décadas, muchas investigaciones farmacológicas privilegiaron la participación de hombres adultos sanos, en parte por el temor de incluir a mujeres que pudieran estar embarazadas.

Aunque esta práctica buscaba reducir riesgos, también produjo un vacío de conocimiento sobre la manera en que determinados medicamentos funcionan en las mujeres. La situación resulta especialmente relevante en áreas como la oncología, donde los factores hormonales pueden relacionarse con distintos tipos de cáncer.

La investigadora reconoció que en los últimos años se han producido avances y que existen mayores exigencias para incluir mujeres en los ensayos clínicos. Sin embargo, señaló que aún queda mucho por hacer desde el sector universitario.

Formar profesionales para una medicina más precisa

Para Vargas López, las diferencias de sexo en la respuesta farmacológica deberían tener mayor presencia en la formación de estudiantes de Medicina y Enfermería, pues, así como se estudian las particularidades farmacológicas de pacientes pediátricos, adultos mayores, mujeres embarazadas o personas con determinadas condiciones, también deberían abordarse las diferencias entre hombres y mujeres.

A ello se suma la responsabilidad de los pacientes. “Es importante que las personas conozcan los medicamentos que consumen y consulten información confiable, pero sin sustituir la valoración profesional ni modificar por cuenta propia un tratamiento”.

En una época en la que las redes sociales se han convertido en una fuente cotidiana de información, recomienda verificar quién proporciona los contenidos, sus credenciales profesionales y la procedencia de sus recomendaciones. Ante cualquier cambio en un tratamiento, la decisión debe discutirse con el personal médico.

Finalmente, destacó el valor de involucrar a estudiantes en proyectos científicos desde etapas tempranas de su formación. Más allá de sus resultados, el estudio plantea una pregunta que puede abrir nuevas líneas de investigación: si hombres y mujeres no siempre responden de la misma manera a los medicamentos, ¿qué otros factores siguen sin considerarse plenamente al momento de tratar a cada paciente?

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