
Antonie van Leeuwenhoek fue un importante hombre de negocios con alma de científico. Entusiasta observador de los minúsculo, con una perseverancia y paciencia digna de cualquier monje tibetano, fue el primero en reportar la existencia de las bacterias, lo que le permitió inscribirse en las páginas de la historia como el padre de la microbiología.
Leeuwenhoek aprendió a esmerilar sus lentes y a fabricar sus propios microscopios. El diseño de estos consistía en una sola lente colocada entre dos placas metálicas las cuales eran aseguradas con remaches. La muestra se colocaba en la parte posterior de las placas, sobre una punta metálica, y el enfoque se lograba con la ayuda de un mecanismo de tornillos. La mayoría de los microscopios eran de latón o plata y algunos de ellos fueron fabricados con los metales extraídos de la mena por el propio Leeuwenhoek.
Alcanzó una exquisita calidad en el esmerilado y pulido de sus lentes con lo que logró casi los 300 aumentos. Esta mejora fue la mayor para la óptica de su época y nos llevaría casi 200 años poder igualarlo. Se considera que durante toda su vida Leeuwenhoek fabricó 500 ejemplares de microscopios y la razón de esto no es del todo clara, pero se presume que el proceso de montado y enfoque de la muestra era largo y tedioso por lo que el holandés prefería dejar montada la muestra y fabricar uno nuevo para poder observar su próxima curiosidad intelectual.
Hasta hace pocos años se creía que solo habían sobrevivido ocho ejemplares auténticos, sin embargo, la vida decidió sorprendernos con cuatro ejemplares más. Uno de ellos apareció en una subasta en 2008 pero su historia se remonta a 1978 cuando el Dr. Willemse, un brillante catedrático del departamento de zoología de la Universidad de Leiden, quien también tenía una relación cercana con el zoológico de Amsterdam, adquirió una caja de baratijas que tenían arrumbada en ese lugar.
La caja contenía algunos papeles, libros y un antiguo dispositivo metálico semejante a un microscopio (Figura 1). Cuando se le cuestionó al profesor Willemse si el dispositivo era un microscopio de Anton van Leeuwenhoek él siempre lo negó y argumentó que solo se trataba de una réplica. Sin embargo, en 2008, exactamente 30 años después de haberlo adquirido y, esperando la prescripción de las penas impuestas por la otrora ley holandesa, la cual establecía que después de ese tiempo el sujeto podría reclamar la propiedad del bien sin importar cómo se haya adquirido, el Dr. Willemse lo llevó la famosa casa de subastas Christie´s de Londres, donde, en una tarde gris de abril, el microscopio fue autenticado como original y vendido en casi medio millón de dólares1.
El comprador ha decidido permanecer en el anonimato con lo cual la ciencia se ha visto privada de la posibilidad de estudiarlo y de implementar estrategias de autenticación más certeras.
Desafortunadamente, la historia de los otros tres microscopios no es tan distinta y se centra en el descuido y el oportunismo. No obstante, estos hallazgos abren la posibilidad de que quizá, en algún armario de la abuela, pueda aparecer otro ejemplar.
Referencias
1) Ford, J.B. (2015). Leeuwenhoek Microscopes: Mystery and Mischief. The microscope, 63 (3), 131-142.
* La Dra. Claramaría Rodríguez González es técnica académica encargada del Microscopio Electrónico de Transmisión en el CIDETEQ. Correo electrónico: cgonzalez@cideteq.mx
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