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Jaime Urrutia: "Los Premios Crónica tienen muy buen reconocimiento en la comunidad científica"

El investigador de la UNAM se ha especializado en el estudio del cráter de Chicxulub, Yucatán, donde cayó el asteroide que acabó con los dinosaurios · También emplea sus investigaciones para estimar riesgos de desastres>

El científico japonés Tasuku Honjo, premio Nobel de Medicina 2018
Jaime Urrutia es investigador de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional. Jaime Urrutia es investigador de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional. (UDG)

Jaime Urrutia Fucugauchi se ha asomado a uno de los mayores cataclismos terrestres. El científico ha encabezado desde hace varias décadas las investigaciones realizadas en el cráter Chicxulub, en la península de Yucatán, que guarda la cicatriz del asteroide que impactó el planeta hace alrededor de 66 millones de años.

Los estudios que ha realizado en tierra, costas o altamar –a bordo de buques oceanográficos– para buscar evidencias del suceso han generado una mejor comprensión de cómo impactó el bólido, las velocidades de éste y los estragos que provocaron en los sistemas terrestres, a la vida y en la especie reinante: los dinosaurios.

A lo largo de su trayectoria, el investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional se ha interesado además por comunicar y difundir estos hallazgos para que la población mexicana y del mundo sepan más sobre ese fenómeno que cambió el destino de la evolución de la vida y abrió paso para que los mamíferos y, mucho después, los seres humanos proliferaran.

Por su destacada investigación y por su interés en la divulgación y comunicación de la ciencia, este medio de comunicación lo reconoce con el Premio Crónica en Ciencia y Tecnología 2024.

“Me siento contento y honrado de recibirlo”, señala en entrevista. “Los Premios Crónica tienen muy amplio reconocimiento en la comunidad científica. Han sido entregados a miembros de la academia muy connotados, por lo que es una gran distinción sumarse a ellos”.

DIVULGACIÓN.

La divulgación y difusión de la cultura científica ha sido del interés del investigador, que las ha puesto en práctica desde la UNAM, la Academia Mexicana de Ciencias –de la que fue presidente– así como desde El Colegio Nacional. “La difusión de la ciencia, las investigaciones y las innovaciones tecnológicas son una componente muy importante en la vida académica”, señala.

La ciencia y la tecnología son elementos que han transformado a las sociedades desde tiempos prehistóricos, lo que ha permitido a la sociedad su organización de mejor forma, agrega. “Desde el siglo pasado, estos avances se han generado a un ritmo más acelerado. Tenemos tecnologías disruptivas, como los celulares y las redes sociales, que cambiaron la forma de comunicarnos. Lo mismo ocurre con la computación y su desarrollo, y si bien es algo que usamos, pocos sabemos cómo funciona. Por lo tanto, es importante que la comunidad académica haga un mejor esfuerzo por comunicar y tender los puentes y esfuerzos con la sociedad, a través de los medios de comunicación, por ejemplo. Así podremos llegar a niños, jóvenes y a toda la población”.

La divulgación y comunicación de la ciencia no sólo es importante para que las personas conozcan la ciencia y desarrollen un pensamiento crítico, sino que además permite a la sociedad conocer mejor qué es la investigación, cómo funciona, cuál es el método que se utiliza y por qué es importante, apunta el geofísico. “Generalmente no se aprecia cómo funciona la ciencia y se mezcla con una gran cantidad de información, la cual no tiene sustento o incluso es falsa. Ahí tenemos un enorme reto por delante”.

–¿Cómo se enmarca esto en la actual era de la infodemia y de la información falsa?

–Es un problema serio y está en todos los niveles, incluso en las escuelas y universidades. Es difícil saber cuáles son las fuentes y valorarlas. Una forma de contrarrestarlo es divulgar cómo se hace la investigación y tratar de transmitir que una parte del método científico es la constante revisión de datos, información métodos y teorías, generando nuevos resultados, así como nuevas propuestas, así se construye a la ciencia. Tenemos muchos ejemplos de cómo ha funcionado: hipótesis y teorías que son populares y aceptadas, eventualmente, alguien encuentra alguna limitante, errores, problemas o una mejor forma de hacerlo, y ello conduce a cambios y avances en el conocimiento. Es la manera en que funciona el método científico, por lo que, en la medida en que se pueda enseñar, genera capacidades críticas para analizar y tomar la información.

Urrutia añade que la cantidad de información generada diariamente es tan grande que es difícil analizarla, no obstante, eso no significa que tengamos que ir al otro extremo y ya no creer nada. Lo que sí es posible hacer, acota, es mantener un espíritu crítico de análisis de la información para que no caigamos en alguno de los muchos engaños a los que estamos expuestos.

Otro aspecto que Urrutia destaca de la comunicación y divulgación de la ciencia es que además permite mostrar a los jóvenes que la ciencia es divertida e interesante, que es una buena opción como carrera y no es difícil, como se piensa, sino que simplemente requiere de sus propios mecanismos para desarrollarse. “La tarea que debemos hacer junto con ustedes –los medios de comunicación– es mostrar a los niños que la ciencia es algo interesante y bonito y que puede ser una opción en su desarrollo profesional”.

MIEMBRO DEL IRDR.

Recientemente, Urrutia Fucugauchi y Naxhelli Ruiz Rivera (del Instituto de Geografía) se integraron al Comité Científico Internacional de la Investigación Integrada sobre el Riesgo de Desastres (IRDR, por sus siglas en inglés), conformado por sólo 15 especialistas en el mundo. México es el único país que cuenta con dos miembros.

Sobre el nombramiento, el geofísico señala que no es un tema alejado de los estudios realizados en Chicxulub y la península de Yucatán, donde ha empleado métodos geofísicos para analizar las características del cráter y los efectos del impacto. Esas investigaciones proporcionan también información y geología superficial, así como de cenotes y la plataforma marina, explica.

“Hemos empleado este tipo de estudios para ayudar a la gente en temas como hundimientos y colapsos. Algunos de los cenotes con techos se fracturan y se colapsan, los que llaman más la atención ocurren en la carretera entre Cancún Playa del Carmen y Tulum, pero hay en otros lugares de la península y los podemos estudiar con métodos de geofísica, sondeos eléctricos, gravimetría y radar –identificamos cenotes y estructuras de formaciones kársticas en forma remota y con drones. Es una investigación menos llamativa que la del cráter de Chicxulub, pero ha sido una tarea importante que también hemos llevado a cabo desde hace tiempo”.

El investigador recuerda que en la península de Yucatán son frecuentes las tormentas y huracanes, que provocan inundaciones y otros impactos que pueden estudiar de forma aérea con un sistema llamado LiDAR (Light Detection and Ranging), que emplea un rayo láser para determinar altura de las cosas con mucha precisión.

“El año pasado, tras el paso de ‘Otis’ en Acapulco, nos pidieron participar con estudiantes en estudios con LIDAR y trabajar en recomendaciones para mitigar los riesgos y problemas que se tienen”.

Los efectos del huracán se debieron a las altas velocidades del viento e intensa lluvia, recuerda. Su equipo de investigación se enfocó en el análisis de la lluvia y la acumulación de agua. “Acapulco tiene un relieve alto, por lo que el agua bajó por el sistema hidrológico de la bahía, sólo que se encontró con calles, casas, edificios, carros y diversos obstáculos. Incluso se llevó rocas de gran tamaño”.

El trabajo que realizaron, puntualiza, permitió documentar este tipo de inundación a detalle y sirve para que, de ahora en adelante, se vean zonas de mayor riesgo y se lleven a cabo medidas preventivas necesarias.

“La invitación para formar parte del Comité abre campos de investigación muy interesantes, porque tiene las componentes aplicadas y de integración. La tarea es cómo usar mejor los datos y estudios en la parte de prevención, mitigación, vulnerabilidad y resiliencia. De esta forma se conectan la parte social con la de investigación geofísica. La composición del comité refleja eso, parte de este son especialistas en temas sociales y, junto con la geofísica, podemos hacer que los resultados disminuyan el riesgo de la población”.

Estudiar hoy en día el cráter Chicxulub ya no les servirá a los dinosaurios, pero sí a los mamíferos que tomaron su lugar, y Urrutia es imprescindible para ello.

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