Cultura

La escritora sueca explora el engaño, la marginalidad y la multiplicidad de voces en su aclamada novela “El país de las maravillas”, publicada por Planeta

Hanna Nordenhök y la poesía de la mentira: del verso a la narrativa contemporánea

Nacida en Malmö en 1977, Hanna Nordenhök comenzó su carrera literaria como poeta, pero en los últimos años ha capturado la atención de lectores y críticos europeos por sus impactantes novelas. Su más reciente obra, El país de las maravillas, combina la intensidad poética con un estilo narrativo coral que examina la mentira, el autoengaño y la vida contemporánea.

En la entrevista, Nordenhök aclaró que no tradujo su propia obra al español, pues considera que cada idioma tiene sus matices y que la traducción es en sí misma una reescritura: “Siempre pierdes algo, pero ganas otra cosa. El traductor tiene que reactivar un universo en el idioma de destino para que llegue a los lectores de ese país”, dijo. La autora aseguró que la versión en español mantiene la riqueza de las imágenes y la sensibilidad del lenguaje, reflejando su formación poética.

Sobre la influencia de Alicia en el país de las maravillas, Nordenhök explicó que su protagonista femenina atraviesa constantes transformaciones, envejece, se hace “Niña” y explora un mundo de deseos e irrealidades, lo que se convierte en motor de la novela. “Cada personaje está buscando ese lugar de sueños, tal vez imposible de alcanzar, pero que sigue siendo un motor para ellos”, comentó.

La novela, según Nordenhök, surge de un interés profundo por el engaño y el autoengaño, reuniendo historias que permiten explorar la falsedad y la impostura en un contexto contemporáneo: un mundo saturado de información, imágenes y noticias cuya veracidad a veces es difícil de discernir. El personaje central, un periodista que genera noticias falsas, refleja esta tensión y plantea una reflexión sobre la ética y la subjetividad del periodismo.

El trabajo coral de la obra responde también a la hiperconexión global: “La mentira se vuelve viral, un virus que afecta todos los rincones del mundo. Esa composición fue una respuesta orgánica al tema”, explica la autora. Sus escenarios, que incluyen Estados Unidos y Cataluña, reflejan tanto experiencias personales como un interés por la vida internacional y las contradicciones de la modernidad: hiperconexión y soledad simultáneas.

Respecto a su proceso de escritura, Nordenhök revela que trabaja de manera orgánica e intuitiva, acumulando imágenes y escenas en su mente antes de plasmarlas. “Necesito una intensidad y una fiebre para sentir esa intensidad”, asegura. Su escritura requiere concentración absoluta, y durante la creación de la novela se aisló de otras lecturas y actividades, planificando periodos de tiempo completamente dedicados a la escritura.

Aunque empezó como poeta, Nordenhök reconoce que la prosa es ahora su forma principal de expresión, permitiéndole contar historias más amplias, pero preservando la riqueza de imágenes y la preocupación estética de la poesía: “Mi origen poético sigue presente en la prosa, creando imágenes y cuidando la forma”.

En cuanto a sus lectores, la autora espera atraer a quienes se cuestionan la sociedad contemporánea y pueden dejarse llevar por la multiplicidad de voces y la construcción coral de la narrativa. Además, reconoce que la recepción de la obra cambia según el país y la cultura, un fenómeno que celebra como parte de la riqueza de la traducción literaria.

El país de las maravillas confirma a Hanna Nordenhök como una autora que combina sensibilidad poética y profundidad narrativa, explorando la mentira, la marginalidad y los desafíos de vivir en un mundo saturado de información, donde la ficción se convierte en un espejo de la realidad.

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