La escritora colombiana María Del Mar Ramón llega a México para presentar su más reciente novela, “La memoria es un animal esquivo”, publicada por Hachette, una obra que explora la memoria, la identidad y los vínculos familiares a través de una prosa poética y profundamente introspectiva.
Ramón, quien inició su trayectoria literaria con Tiradio sin culpa, un libro de ensayos feministas publicado en 2018, explica que siempre tuvo el deseo de escribir ficción, un espacio creativo en el que se siente plenamente realizada, desafiada y, a veces, vulnerable. Tras publicar su primera novela, La manada, y posteriormente Todo muere salvo el mar, decidió que esta nueva obra sería su entrada formal al mercado mexicano, motivada por su amor a México y por la oportunidad de trabajar con Fernanda Álvarez, editora de Machete, a quien considera una pieza fundamental para su crecimiento como escritora.
La novela nace de una reflexión profunda sobre los hermanos y la pérdida, inspirada en la muerte del padre de la autora. Ramón describe cómo la naturaleza reclamando la casa de su padre se convirtió en una imagen que no podía dejar de pensar: “Cuando hay una imagen que me persigue, lo que tengo que hacer es dejarla crecer”. Esa imagen inicial se convirtió en la base para explorar el duelo y la desconexión entre dos hermanos, que constituye el corazón de la novela.
A través de la primera persona, Ramón logra un acceso subjetivo y limitado a la memoria del protagonista, mostrando cómo los recuerdos son maleables, inestables y volubles, y cómo su interpretación cambia con cada revisión. “Recordar es una forma de ficción, y esa maleabilidad es un lugar constante de inspiración”, comenta la autora, subrayando la relación entre memoria y arte.
En “La memoria es un animal esquivo”, Ramón se adentra también en un universo masculino, explorando los sentimientos y silencios de los hombres dentro de una familia marcada por la discreción y el no expresar sus emociones. Situada en Cúcuta, un espacio que combina lo rural y lo urbano y que refleja un entorno masculinizado, la novela concentra la tensión en el silencio familiar, mientras que los personajes femeninos aparecen como figuras de virtud, breves pero significativas, que resaltan la dinámica de la familia.
El proceso creativo de Ramón fue intenso y consciente del oficio de escribir, al que dedica cuerpo y disciplina. Relata que enfrentó frustraciones iniciales al intentar construir la voz narrativa del protagonista y reconoce que escribir esta novela significó aprender, experimentar y desafiarse, combinando rigor y juego creativo. La autora estudió exhaustivamente la ficción en primera persona y los narradores poco confiables, recurriendo a obras como Lolita de Nabokov y El sentido de un final de Julian Barnes, para nutrir la voz de su novela y explorar cómo la memoria y la percepción condicionan la narrativa.
La construcción de la trama se organizó en torno a las apariciones de la familia, que actúan como marcadores temporales para guiar al lector a lo largo de la vida del protagonista. Este entramado de recuerdos y momentos del presente permite mantener una tensión constante y un acceso limitado a la experiencia del personaje, reforzando la idea de que la memoria es un animal esquivo, efímero y fugaz, que se mueve como un pájaro entre las imágenes y los hechos.
El título de la novela fue, según la autora, un desafío en sí mismo. Tras probar varias opciones y discutirlo con su editora, encontró finalmente que La memoria es un animal esquivo capturaba la esencia de la obra: un universo donde la memoria se presenta como un ente incontrolable, lleno de imágenes y evocaciones, que guía la narrativa y define la identidad de los personajes.
María Del Mar Ramón subraya que esta novela le enseñó a enamorarse del oficio de escribir, un trabajo que exige constancia, disciplina y experimentación. “El oficio se hace con el cuerpo, de manera rigurosa, a veces vulgar, y requiere sentarse a trabajar todos los días”, explica, enfatizando la importancia de estudiar, leer y explorar diversas técnicas narrativas. Este aprendizaje se combina con un deseo creativo intenso, que según la autora, constituye la intersección entre el deseo y el oficio, el espacio donde se encuentra la verdadera escritura.
Escritura rápida, obsesiva y apasionada, la creación de “La memoria es un animal esquivo” duró aproximadamente un año y se convirtió en un proceso totalizante para la autora, donde cada experiencia personal y cada observación del mundo la acompañó en la construcción de la novela. Ramón asegura que, a pesar de la dificultad y la frustración, la obra resultó la más cercana a la novela que siempre quiso escribir, y que le deja un profundo orgullo y satisfacción.
Con esta obra, María Del Mar Ramón consolida su posición como una de las voces más potentes de la narrativa latinoamericana contemporánea, explorando la memoria, la identidad y la belleza del lenguaje a través de personajes complejos y universos intensamente humanos.