
En medio de un mundo agitado por conflictos, prisas y una sensación constante de incertidumbre, regresar al teatro puede convertirse en un pequeño acto de refugio. Eso es justo lo que busca “La noche más venturosa”, la pastorela que la Compañía Nacional de Teatro Clásico Fénix Novohispano ha mantenido viva por más de dos décadas y que este año vuelve para dialogar, desde la escena, con nuestro presente.
En entrevista, Wlises Mendoza, director de la puesta en escena, comparte que el verdadero espíritu de esta pastorela no está solo en su tradición, sino en su capacidad para seguir hablando al corazón del público.
Volver al origen para entender el presente
Para Mendoza, en tiempos donde todo parece exigir novedad constante, el reto no ha sido “modernizar” por modernizar, sino volver al origen:
“Más allá de las innovaciones, regresamos siempre al principio: al mensaje que José Joaquín Fernández de Lizardi escribió en 1817. La reconciliación, la fraternidad… eso sigue siendo lo más importante”.
La obra, escrita en verso y dividida en dos actos, recorre los siete pecados capitales mientras retrata la vida de pastores del virreinato, personajes que —dice— son padres de muchas de nuestras costumbres y formas de mirar el mundo.
El poder de la escena en espacios históricos
Este año, la pastorela se presenta en el Museo Casa del Risco, en San Ángel, un recinto que, por sí mismo, cuenta historia. Actuar frente a su fuente barroca del siglo XVII no es casualidad: forma parte de la experiencia.
“Nos gusta que el público tome conciencia del patrimonio. Montar la obra en espacios históricos ayuda a viajar al pasado y comprender quiénes somos hoy”.
Vestuario barroco inspirado en las castas novohispanas, música en vivo y un elenco sólido dan vida a una puesta que no solo entretiene: propone reflexión.
Música que abre atmósferas
El montaje incluye un cuarteto de cuerdas dirigido por Verónica Peralta. Para el director, la música no es ornamento; es parte del tejido dramático:
“La música te transporta. Te mete a un túnel del tiempo. Forma parte de la tradición del teatro mexicano desde el siglo XVI”.
Cello, viola y violines acompañan transiciones, emociones y silencios, generando una atmósfera que envuelve al público desde el primer minuto.
Personajes con humanidad — no solo arquetipos
Mendoza enfatiza que, aunque la pastorela es un género conocido, aquí no hay personajes “planos”:
“La Pastorela no es sencilla. Hay conflictos, reflexión y mucha creación emotiva. No queremos símbolos vacíos: queremos seres humanos que sienten, dudan y se transforman”.
Ese trabajo de construcción actoral sostiene la fuerza emocional del montaje.
Una tradición que dialoga con un mundo en crisis
En un contexto marcado por guerra, violencia y polarización, la pastorela quiere ser un recordatorio simple pero profundo:
“El teatro sensibiliza. Nos ayuda a no volvernos indiferentes. Habla de paz, de empatía, de entender al otro. Eso, hoy, es urgente”.
Para Mendoza, el mensaje central es claro: reconciliarnos —con nosotros mismos, con los otros, con el país que habitamos.
Más allá del espectáculo: una experiencia de calma
La ciudad, dice, vive acelerada y estresada. Por eso, la invitación es sencilla: detenernos un momento.
“Si el público sale con un poco más de paz, de tranquilidad y de amor —en el sentido de empatía— la misión está cumplida”.
Después de más de 20 años, “La noche más venturosa” confirma que el teatro sigue siendo un espacio donde la memoria, la fe cultural y la esperanza conversan.