
La novela “La visible oscuridad”, que la escritora Norma Lazo publicó en agosto de 2025 bajo el sello Lumen, en realidad surgió hace muchos años, cuando ella realizaba una columna de nota roja.
“Ya conocía a Goyo Cárdenas, el estrangulador de Tacuba, pero no estaba al tanto de que uno de los agentes que lo apresó había sido mujer”, esboza como el detonante de esta historia.
“Y me llamó muchísimo la atención, me causó mucha curiosidad que en 1942, en un México posrevolucionario, cuando las mujeres tenían el destino completamente trazado para cumplir surgiera una mujer con estas características. Quise saber más de ella, su nombre real es Ana María Dorantes”, continúa.
En conversación a distancia Norma Lazo explica a Crónica que el tema y el trasfondo histórico de este thriller fueron hechos reales, pero se trata de una ficción elaborada con la intención de completar información.
“Estuve investigando más de ella, la encontré en otras notas de periódico, pero en los archivos de Lecumberri no hay nada sobre las mujeres del servicio secreto, que no era una, eran varias. Me dije esto es una historia que hay que contar”, relata.
La escritora apunta que conocemos a Gregorio Cárdenas porque fue un asesino muy mediático -hasta la fecha- mientras que no se sabe casi nada de quienes lo atraparon, particularmente esta mujer.
“Es una ficción inspirada en hechos y personas reales, no solo está Ana, está el fotógrafo de Nota Roja, inspirado en Metinides; el criminólogo que está inspirado en Quiroz Cuarón y obviamente el asesino está inspirado en Gregorio Cárdenas. Muchos de los eventos son reales”, detalla.
¿DE QUÉ TRATA?
En la Capital de México, en 1942 desaparece Alicia Sierra, estudiante de química e hija de un general prominente. La única pista es un sobresaliente alumno de posgrado que le daba clases particulares, pero quien asegura no saber nada. La investigación se vuelve siniestra al descubrir los restos de varias mujeres sin identificar en el jardín de su casa y, aunque atrapan al que parecería ser el asesino, aparece otro cuerpo.
La prensa y la policía se lanzan en una carrera desesperada por resolver el caso: bajo la presión de altos mandos del gobierno postrevolucionario se encuentran el veterano reportero Haghenbeck y el novel fotógrafo Manuel «el Pollo» Artigas, en el bando del periodismo; mientras que del lado de las fuerzas de seguridad están las agentes Ana Terán y Leticia Ordóñez.
Respecto de los temas que aborda en esta historia, y que quizás pueden hilar el ensamble de su producción, Norma Lazo indica que le interesa explorar la oscuridad del ser humano porque le gustaría echar luz sobre ella.
“Me interesa la oscuridad que tenemos todos. Todos tenemos estas partes peligrosas, sombrías, dentro de nosotros. Lo que hace cada uno con eso es lo que nos hace ser quienes somos”, considera.
Desde su perspectiva existe una noción de la maldad como algo ajeno, que sucede en otro lado. “La maldad es una cosa terrible que le pertenece a los malos de la historia y no a uno mismo. Para mí es bien importante siempre subrayar que eso es constitutivo del ser humano”, señala.
“Hay que pensar en ello”, insiste, “hay que alumbrarlo y aceptarlo, porque así es como uno puede realmente manejarlo”.
LA DECENCIA DEL MAL
La oscuridad metafórica y literal de la que habla Norma Lazo en estas páginas no es solamente aquella que distinguimos como maldad. Existe también una oscuridad interna y otra oscuridad que algunas personas esconden detrás de muchas luces y reflejos y se pierde a la vista entre todo lo que brilla alrededor. Quizás es la más peligrosa y cruel.
“Soy escritora, pero mi formación es de psicóloga clínica y siempre estoy inmersa en el tema a nivel teórico. Para mí es como la misma oscuridad, esta crueldad que puede venir de la gente aparentemente decente, por eso en la novela tiene mucha presencia el asunto de la Liga de la Decencia que llevaba la esposa del presidente de aquel entonces”, ahonda la autora.
Recuerda que en aquel entonces la entonces primera dama, Soledad Orozco García atendió la paranoia y obsesión puritana poniéndole calzones a Diana Cazadora y cerrando bares y cantinas, considerados “lugares de pecado”.
“Pienso que donde más brilla y más bonito se ve todo es donde más podrido está. Ahí tenemos al nefasto Marcial Maciel”, ejemplifica.
En el retrato de una ciudad de apagones programados y el telón de fondo de un hecho histórico que cimbró el imaginario mexicano, Norma Lazo vislumbra que la historia de otra época es también la historia actual.
“Sí, la historia humana se repite por ciclos y todo lo que puedes encontrar en la novela está latente todavía” opina.
Agrega la escritora que los movimientos históricos oscilan como un péndulo que solía ir de izquierda a derecha a izquierda a derecha ad infinitum, aunque hoy “ya no hay de izquierda y la derecha ya es una cosa irreconocible, siempre vamos de un polo al otro y ahorita viene de regreso este puritanismo que por fortuna lo siento un poco contenido en México, pero ves el ascenso de la derecha” .