Cultura

Sirat se inscribe dentro de la tradición del cine de carretera, aunque llevada a un terreno mucho más abstracto. Para Gray, la idea de viaje fue clave en la estructura musical

Oliver Laxe y Kangding Gray: el trance sonoro que define Sirat

Escena de "Sirat: Trance en el desierto"
Escena de "Sirat: Trance en el desierto" Foto: Cortesía

En Sirat: Trance en el desierto, el director franco-español Oliver Laxe vuelve a explorar los límites entre lo físico y lo espiritual, esta vez a través de una travesía que se adentra en el desierto y en los territorios más extremos de la experiencia humana. Pero si la imagen construye el paisaje, es la música de Kangding Gray la que termina de abrir el portal sensorial por el que transita el espectador.

Lejos de funcionar como un simple acompañamiento, el soundtrack de Sirat se convierte en una fuerza narrativa viva: guía emocional, pulso ritual y arquitectura invisible de una película que habla de comunidad, pérdida, euforia y transformación.

Escena de "Sirat: Trance en el desierto"
Poster oficial de "Sirat: Trance en el desierto" Foto: Cortesía

Una música que dialoga con la inmensidad del desierto

Gray explica que desde el inicio entendió que la música debía operar en distintos niveles simultáneos. Por un lado, una dimensión íntima y humana; por otro, una escala casi geológica.

“En Sirat hay un nivel íntimo de conexión, de amor y de solidaridad. Pero también hay una escala diferente, porque la música tiene que hablar sobre el desierto, su inmensidad y su naturaleza desoladora, que es muy brutal y peligrosa”, explica el compositor.

Ese carácter hostil del paisaje no se suaviza en la partitura. Al contrario, Gray decidió que el sonido debía tener peso, textura y riesgo, cualidades poco habituales en la música cinematográfica tradicional.

“La música es grasa, tiene textura y también es un poco peligrosa. Tiene que reflejar ese entorno y mover la trayectoria narrativa de los personajes”, señala.

Escena de "Sirat: Trance en el desierto" Foto: Cortesía

Del trance colectivo a la disolución emocional

Uno de los elementos centrales de Sirat es su progresión sonora: la película inicia en la euforia de una fiesta colectiva y, poco a poco, se fragmenta en un paisaje más introspectivo.

“Se mueve desde la euforia de la fiesta al inicio y se desintegra lentamente en algo más ambiental y emocional, que habla de algo más espiritual”, afirma Gray.

Esta transformación no es solo estilística, sino narrativa. La música acompaña el viaje interno de los personajes, marcando el paso de lo físico a lo trascendente sin subrayados obvios.

Proveniente de la escena electrónica y experimental, Gray reconoce que uno de los mayores retos fue trasladar la intensidad física de una fiesta libre a la pantalla sin convertirla en un artificio estético vacío.

“Muchas de las cosas que funcionan en una fiesta no se traducen bien en la pantalla. Fue un trabajo de encontrar la esencia, hacerla rara, pero no lo suficientemente suave como para volverla ‘cinemática’”, explica.

Para lograrlo, el compositor evitó cualquier distancia entre la música que escuchan los personajes y la música que escucha el espectador.

“No hay diferencia entre la música diegética y la extradiegética. Incluso el score pertenece a las personas que estamos mostrando. Ese fue el único modo de lograr un arco homogéneo en el soundtrack”.

Escena de "Sirat: Trance en el desierto"
Escena de "Sirat: Trance en el desierto" Foto: Cortesía

El viaje como estructura sonora

Sirat se inscribe dentro de la tradición del cine de carretera, aunque llevada a un terreno mucho más abstracto. Para Gray, la idea de viaje fue clave en la estructura musical.

“Las road movies son un gran género para trabajar porque existe la idea de avanzar y también de ritmo. Hay progresión, hay intención, y eso se puede traducir directamente en sonido”.

El ritmo no es constante ni complaciente: avanza, se interrumpe, reaparece. Como el propio trayecto de los personajes.

El silencio como herramienta narrativa

A pesar de que la película cuenta con 62 minutos de música, Gray fue deliberadamente cuidadoso con los momentos de ausencia sonora.

“Es muy importante saber cuándo no poner música. Hay momentos largos sin sonido porque el espectador necesita reconectarse con los personajes antes de volver a ser llevado a un viaje emocional o espiritual”.

El silencio, en Sirat, no es vacío: es respiración, pausa y preparación para el siguiente trance.

Un trabajo de largo aliento con Oliver Laxe

La colaboración entre Gray y Laxe no fue inmediata ni intuitiva. Ambos trabajaron durante dos años antes de la grabación, intercambiando ideas y probando caminos.

“No es ciencia espacial. Es intentar, equivocarse y volver a intentar hasta que la magia ocurre. Cuando la imagen y el sonido se conectan, simplemente lo sientes”.

Uno de los mayores desafíos del proyecto fue integrar emociones aparentemente contradictorias.

“Hay euforia, tragedia, pérdida, pero también luz y esperanza hacia el final. El reto fue encontrar un hilo común que atravesara todas esas emociones”.

Para Gray, la clave estuvo en entender la fiesta no como un exceso superficial, sino como un acto ritual.

“El piso de baile es un ritual. Incluso cuando bailan solos en el desierto, es una limpieza del alma. Es una experiencia colectiva, una investigación espiritual”.

Reconocimiento internacional y una apertura hacia el cine experimental

El trabajo de Gray en Sirat ha sido ampliamente reconocido, incluyendo premios y nominaciones que lo colocan junto a algunos de los compositores más relevantes del cine contemporáneo.

“Fue surreal estar nominado junto a compositores como Ludwig Göransson o Jonny Greenwood. Vengo de una cultura muy diferente, pero siento que es el momento de que esta escena sea reconocida”.

De cara al futuro, el músico asegura que Sirat ha abierto un camino claro hacia proyectos más radicales y experimentales, tanto en el cine como en su obra personal.

“La gente ha visto que es una película radical, inmersiva, y aun así conectó con la crítica y el público. Eso abre la puerta a seguir explorando territorios más desafiantes”.

Tendencias