
“A través de dos intervenciones, Miguel León-Portilla (1926) tomó una posición que vino a reivindicar el mundo indígena y a terminar con un cierto eurocentrismo que estaba presente”, destacó el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.
De acuerdo con lo que el Premio Crónica Eduardo Matos Moctezuma expresó durante el homenaje y presentación del libro “Soy mi memoria” (El Colegio Nacional–UNAM–Universidad Iberoamericana, 2025), dichas intervenciones del historiador e investigador del pensamiento prehispánico fueron, primero, la publicación de “La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes” (1956), que surgió de su tesis doctoral, bajo la dirección del padre Ángel María Garibay.
“Ahí hace ver el pensamiento indígena a través de la palabra misma del indígena y de las fuentes públicas. Hubo algunos filósofos que se preguntaron si había pensamiento… Miguel lo demuestra con creces”, señaló Eduardo Matos Moctezuma.
Luego, León-Portilla tuvo un gesto con el que “redondeó” esta postura, unos años después, cuando “viene la celebración del 5to centenario del llamado “Descubrimiento de América” y junto a la Comisión Mexicana propuso que no se llamara más así, sino Encuentro de dos mundos, que a mi juicio es mucho más atinado: dos grandes formas de pensamiento del universo que se van a encontrar”.
DEFENDER UNA POSTURA
En la presentación del libro autobiográfico y conmemoración de 100 años de nacimiento de Miguel León-Portilla -también Premio Crónica-, realizada en El Colegio Nacional, una de muchas instituciones de las que fue miembro activo, participaron también el historiador y Premio Crónica, Javier Garciadiego, Elisa Speckman Guerra (Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM) y Ascensión Hernández Triviño (Instituto de Investigaciones Filológicas-UNAM).
Javier Garciadiego coincidió en que la postura y trabajo de Miguel León-Portilla fue arrollador y revolucionario. “El tema de estudio de León Portilla fue radicalmente innovador y plenamente democratizante, se ve con los rechazos de Larroyo y de Manuel Romero de Terreros”.
Respecto del episodio previamente referido, en que León-Portilla se plantó a favor de llamar “conmemoración el Encuentro de dos mundos” a la otrora efeméride “descubrimiento de América”, Javier Garciadiego ahondó que ahí se produjo el otro debate, “mucho más conflictivo, pues rebasó el ámbito universitario”, que fue la Polémica O’Gorman-León-Portilla.
“Puede decirse que la confrontación tuvo al menos tres aristas. Una era política, por decisión presidencial, instrumentada por las secretarías de Educación y Relaciones Exteriores, de que León-Portilla fue designado coordinador de la Comisión Mexicana del Quinto Centenario”, consideró Javier Garciadiego
“Sin embargo, un par de meses antes, el subsecretario de Educación para el ramo de Cultura había, por su cuenta, designado como tal a Edmundo O’Gorman, nombramiento que debió haber quedado insubsistente cuando vino la decisión presidencial”, continuó.
Luego, León-Portilla publicó un artículo en la prensa nacional, explicando su postura -asumida plenamente por el Gobierno del país- de sustituir la palabra celebración por conmemoración.
“De inmediato esta propuesta fue muy bien aceptada por la mayoría de los países involucrados, aunque no por todos”, relató el historiador.
Por otra parte, “la descalificación, más que crítica, que le hizo O’Gorman, fue airada y rotunda. Esto es imposibilidad de discusión. Protagónico y con alma de abogado, lo desafió a tener una polémica pública”.
“Hasta aquí el debate entre ambos es de sobra conocido, pero en sus memorias Don Portilla dice que las embestidas fueron incrementándose. Para comenzar, relata que O’Gorman le solicitó al rector Jorge Carpizo que amonestara a León-Portilla -me imagino que en esta sala alguien supo de esas cosas, acá está en segunda fila- y que de no hacerlo, él promovería un juicio en el tribunal universitario acusándolo de usurpar un cargo que le correspondía a él”, compartió Javier Garciadiego.
El entonces rector, Carpizo no atendió las quejas de O’Gorman y el conflicto académico derivó en una división de dos bandos intelectuales, “eso sí abiertamente confrontados”.
“Donde el conflicto tuvo mayores secuelas institucionales fue en la Academia Mexicana de Historia. Aprovechando su condición de director de la mesa, O’Gorman convocó a una sesión en la que él sería el único ponente, con el objetivo de criticar la tesis de León-Portilla, a quien dirigió toda clase de adjetivos: falsario, hipócrita, jesuita, irresponsable y traidor a la verdadera filosofía de la historia”.
Su actitud no fue bien recibida y los miembros le exigieron que tuviera una conducta un poco más digna, por lo que O’Gorman se vio presionado a renunciar a la dirección de la Academia.
“El conflicto tuvo obvias repercusiones en la corporación, dividida durante años en dos bandos, aunque puede decirse que la mayoría respaldó a León-Portilla. Además de relatarnos los entretelones del pleito, siguió pensando hasta el final de sus días que la tesis de O’Gorman estaba equivocada en tanto que era europeizante”, agrega sobre los materiales que se podrán conocer en el libro.
HOMENAJE
En su participación, Elisa Speckman Guerra opinó que la trayectoria profesional de Miguel León-Portilla estuvo marcada por tres ámbitos o “sentidos de su vida”: el trabajo académico e investigación, la docencia y su compromiso con los pueblos indígenas.
“Además de que ofrece una ventana en una época marcada por el conflicto entre la Iglesia y el Estado, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, el presidencialismo, el auge de la Universidad Nacional, de la Universidad Pública, la consolidación de la enseñanza y la profesionalización de la historia y el reforzamiento de los estudios mesoamericanos, cumple entonces con mostrar cómo la memoria personal puede iluminar la historia colectiva”, invitó a la lectura.
De igual manera, le pareció que el libro “Soy mi memoria” (2025) permite reflexionar sobre el sentido del tiempo, así como la responsabilidad intelectual y social de los académicos.
“Es una obra imprescindible para conocer a uno de los historiadores más destacados de nuestra época, para comprender su obra, pero también para reflexionar sobre los desafíos en la reconstrucción de la historia personal y colectiva, en el papel de la historia en la actualidad y las responsabilidades del historiador ante las necesidades del país”, describió.
“También nos permite reflexionar sobre el sentido de la vida”, agregó y expresó que su inmensurable legado académico es “un ejemplo de vida y una esperanza sobre una sociedad más justa e igualitaria”.
Para cerrar la cesión, la lingüista Ascensión Hernández Triviño, viuda de León-Portilla agradeció a nombre de su familia y calificó el homenaje como académico y emotivo.
Eduardo Matos Moctezuma reiteró lo impresionante que resulta que una personalidad reciba tantos reconocimientos y doctorados honoris causa a 100 años de su natalicio, “lo cual solo significa una cosa: Miguel León-Portilla sigue vivo a través de su obra”.
Entre el público, alguien lanzó la petición y propuesta de poner su nombre en la calle donde vivió Miguel León-Portilla, a lo que Ascensión Hernández Triviño respondió con una anécdota.
“Sí se lo propusieron. La calle donde vivimos tiene el nombre de Alberto Zamora, creo que era un franciscano que tenía olor de santidad, le propusieron cambiar el nombre por el de él y dijo: no, no, espérenme porque me voy a mudar a Paseo de la Reforma, luego lo cambian”, compartió provocando risas del público y ponentes.
Con este homenaje, que el arqueólogo Matos Moctezuma denominó “el alfa que va a abrir todos los eventos que en los subsecuentes días van a venir” comienza una serie de actividades en memoria y celebración del natalicio de Miguel León-Portilla, a realizarse en la Academia Mexicana de la Lengua, el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y en el Palacio de Bellas Artes.
Alrededor de junio-julio, las conmemoraciones continuarán en El Colegio Nacional, con una exposición de sus libros más connotados y reeditados, así como condecoraciones y doctorados honoris causa que recibió.