Cultura

“Sabemos con satisfacción que nuestro trabajo fructificará en bien de las comunidades porque llevamos el conocimiento o el gozo a personas que quizá de otra manera no tendrían la oportunidad de disfrutarlo”

El corazón del Seminario de Cultura Mexicana: sus corresponsalías

Seminario. Mapa de las corresponsalías del SCM en el país y extranjero. (SCM)

Pertenecer al Seminario de Cultura Mexicana es un honor y un privilegio, una vocación de servicio y una forma de devolver al país lo que nos ha dado. Los que formamos parte del Consejo Nacional tenemos profesiones variadas y sabemos que lo importante para el Seminario es, como lo manda nuestro reglamento, despertar vocaciones artísticas, científicas y humanísticas, difundir el conocimiento y mantener un intercambio cultural tanto en nuestro país como en el extranjero.

Esta longeva institución (84 años) es una de las más nobles de la cultura, porque sus miembros titulares, eméritos, honorarios y asociados, trabajamos, sobre todo, en el interior de la República, donde tenemos sesenta y seis corresponsalías con sede en treinta estados y en el extranjero cuatro corresponsalías (España, Italia, Nueva York y Guatemala). Es decir, existen corresponsales en todo tipo de municipios, pequeños o grandes y también en las capitales. Los corresponsales son aquellas personas que han sido nombradas por el Consejo Nacional a propuesta de las mesas directivas de cada corresponsalía: mujeres y hombres destacados que representan al Seminario en sus lugares de origen.

Una corresponsalía se funda cuando menos con cinco miembros correspondientes quienes constituirán una mesa directiva, y pueden optar por tener tantos vocales como le deseen. Los vocales contribuyen en gran medida a la difusión de nuestras actividades.

Desde luego hay estados que tienen una sola corresponsalía y otros que llegan a abrigar, cuatro, seis u ocho, como es el caso de Guanajuato, que es el estado que más tiene.

De este modo, las corresponsalías tienen para el Seminario una gran importancia: son vitales para nuestro funcionamiento. Los miembros titulares vamos a trabajar a las corresponsalías: lo que se denomina, en un tono vasconcelista, “ir a misión, o “salir de misión”. Vamos de misiones al centro mismo del Seminario, el motivo de su existencia, el orgullo de nuestra institución, a impartir o dar conferencias, cursos, talleres, conciertos, coloquios, exposiciones…

      

Seminario. Silvia Molina, secretaria general del Seminario de Cultura Mexicana.

  Los corresponsales tienen la obligación de reunirse periódicamente bajo el mandato de su mesa directiva, para planear sus programas de trabajo trimestrales o semestrales y para organizar el desarrollo de sus actividades y sus tareas de difusión.

Hay corresponsalías que tienen la enorme satisfacción de haber celebrado ya sus ochenta y cuatro años de trabajo ininterrumpido contribuyendo a reconstruir el tejido social de su población, de orientarlo, de animarlo a seguir una profesión o a crecer culturalmente. Y cada vez, el Seminario se alegra de entusiasmar a las personas que destacan en su lugar de origen a organizarse y fundar una corresponsalía nueva. Así vamos celebrando año con año el esfuerzo que hacen las corresponsalías para perdurar, para enriquecerse, para no perder el entusiasmo de su entrega al lugar de sus antepasados.

 El trabajo de las corresponsalías también consiste en sumarse a la tarea de divulgación de las diferentes especialidades de los personajes destacados de sus comunidades: hay de todo, como en botica: restauranteras, doctoras, arquitectas, escritoras, trabajadoras sociales, rectoras de universidades, actrices, matemáticas, maestras, profesores, abogados, médicos, pianistas, pintores, ingenieros, dentistas, científicos, etc. Yendo a las instituciones educativas, contribuyen a elevar las expectativas de los jóvenes.

De todas las actividades propias que organizan las corresponsalías, dan cuenta a nuestro Consejo Nacional porque formarán parte de nuestros informes de trabajo.

El trabajo de divulgación en los estados se lleva a cabo en diversas sedes. La escasez obliga a los corresponsales a hacer alianzas con toda clase de instituciones educativas y culturales, con establecimientos y asociaciones privadas o públicas. La unión hace la fuerza, pues los corresponsales no perciben ningún apoyo económico del Consejo; sin embargo, no les cuesta nada celebrar un concierto de Carlos Prieto, recibir una conferencia de Eduardo Matos o Rolando Cordera o Ángeles González Gamio o Herminia Pasantes o Jacqueline Peschar por dar sólo algunos ejemplos.

            He dicho que para los que trabajamos en el Seminario es una vocación eso de salir de misiones, porque podemos llegar a una corresponsalía en coche (la mayoría de los casos nuestro) o autobús, si su cercanía lo posibilita, y podemos ofrecer una lectura o una conferencia en un parque, en un salón de clases, en un auditorio, en un patio o una Casa de Cultura o feria del libro municipal o preparatoria, etc. Es decir, en espacios abiertos o cerrados, según lo organicen y lo dispongan las posibilidades de las corresponsalías. A veces los caminos o los hoteles son regulares, pero la entrega de seminaristas lo supera todo. Sabemos con satisfacción que nuestro trabajo fructificará en bien de las comunidades porque llevamos el conocimiento o el gozo a personas que quizá de otra manera no tendrían la oportunidad de disfrutarlo.

Nuestra labor, como se ve, depende en gran parte de ese grupo de ciudadanos que deciden abrir una corresponsalía con los lineamientos de nuestra Ley y nuestro Reglamento. Nos enorgullece decir que la red de corresponsalías está formada personas generosas y sobresalientes en sus ramas del conocimiento.

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