
“Todo cambia” decía Heráclito, uno de los primeros filósofos. Agregaba el griego: “todo fluye, nada permanece”, hasta el extremo de sugerir que nadie se baña dos veces en el mismo río, porque el río nunca es el mismo y tampoco lo es su visitante.
El cambio, en efecto, parece a veces la única constante en la vida de los individuos y de las instituciones. Si se le intenta pensar desde la lógica estricta, el cambio es un reto; en el día a día, en los cambios se juega la identidad, es decir, quiénes somos. No somos algo fijo o inmutable, sino que somos lo que llegamos a ser, nuestro ser no es algo ajeno al cambio sino que se da en el modo, el ritmo, el sentido de nuestras transformaciones y movimientos. La identidad es dinámica.
El fútbol mexicano está precisamente en una etapa de aparente transición: al menos a primera vista hay cambios a todos los niveles. Está por cambiar el presidente de la Federación Mexicana de Futbol, en tanto Yon de Luisa ha anunciado que deja el cargo en mayo. Antes, se cambió al entrenador de la selección varonil mayor: se nombró sorpresivamente a Diego Cocca, cuando parecía haber en la baraja otros candidatos, quizá no todos mejores, pero al menos más renombrados y más esperados por los medios y la afición: Herrera, Almada, Bielsa.
La evaluación final de esos cambios se dará —si el proceso se completa, lo cual en México no puede garantizarse— en el Mundial del 2026, en el que seremos co-anfitriones, por lo que la apuesta es muy alta. Sin embargo, como saben los conocedores de la pelota, el análisis sería simplón y pobre si sólo dependiese del marcador final: podemos y debemos, ya desde ahora, reflexionar sobre el modo de esos cambios y qué dice ese modo acerca de la identidad de nuestro futbol.
El nombramiento del nuevo director técnico de la Selección convenció a muy pocos, en buena medida porque el proceso tuvo una extraña mezcla de transparencia (los candidatos promocionándose a los cuatro vientos o narrando en los medios las entrevistas que tuvieron con el comité asignado) y opacidad: al final nadie tiene claro por qué se eligió a un técnico que, si bien obtuvo un bicampeonato con el Atlas, no lo logró con un estilo convincente o atractivo, ni exento de polémicas ni destacando por su proyección de jóvenes mexicanos. Tampoco había quedado claro antes por qué nombrar a Ares de Parga como el directivo a cargo. La perplejidad del medio es tal que se ha hablado casi unánimemente de una demostración de fuerza por parte de un determinado grupo de dueños y directivos y no se han encontrado argumentos sólidos detrás de la decisión o la lógica de este proceso deliberativo.
La salida de Yon de Luisa, por su parte, si bien en su momento —inmediatamente después del fracaso en el Mundial de Qatar— hubiera resultado esperable y comprensible, ahora es extraña. En principio, de Luisa nombró a Jaime Ordiales, quien participó en la elección de Cocca; hoy, el último se queda como entrenador, Ordiales vacila en una extraña indefinición y el presidente, el líder, va de salida. La renuncia de Yon, después de haber dado la cara en diferentes medios y pretendido que el replanteamiento deportivo corría por su cuenta y considerando también su peso ante la CONCACAF y ante la FIFA, resulta, al menos, inoportuna y un tanto desconcertante.
Se acumulan las incoherencias en la toma de decisiones: si Ordiales podría irse tras de su jefe de Luisa, ¿para qué se le dejó participar en la elección de un técnico al que ya no dará seguimiento? Si se queda, ¿qué tanto apoyo tendrá del nuevo presidente de la Federación? ¿O es que ninguna decisión se tomó en estas instancias, sino en otras superiores?
El colmo es que donde más parecían urgir los cambios era en la alineación de la selección mexicana. Viéndolos jugar en el pasado Mundial de Qatar, nos quedó claro a todos que una renovación era imperativa. Ante la primera nominación de Cocca, ahí, donde urgían, los cambios se quedaron muy cortos.
Decisiones imprudentes, giros inoportunos, lucha de poderes donde debían pesar más las buenas razones: quizá sea eso lo único que nunca ha cambiado en nuestro futbol; es lo que sigue ahí, en el lecho del río de Heráclito.
* Director del área de Humanidades en la Universidad Panamericana, campus México, y profesor-investigador de temas de ética, antropología y hermenéutica. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1. Ha participado en diversos programas de televisión y publicaciones de divulgación con comentarios sobre las relaciones entre futbol y cultura.
.
Copyright © 2023 La Crónica de Hoy .

