
La novela negra mexicana le debe mucho a los reporteros de policía del siglo pasado que hacían de las historias de crímenes narrativas impresionantes y se publicaban en los periódicos. Y “La herencia”, es una novela que les rinde de alguna manera un homenaje a esos escritores diaristas, dice la escritora Verónica E. Llaca.
El volumen narra la historia de Felícitas Sánchez, mejor conocida en los años 20 del siglo pasado como la “Ogresa de la colonia Roma”. Ella era una partera que fue acusada de desmembrar niños y tirarlos por el drenaje de su casa. Y ahora, esta novela se tradujo al inglés para ser distribuida en todos los países de la Commonwealth; en ruso para Rusia y en portugués en Brasil.
Verónica Llaca cuenta que la novela en sí son dos historias que se entrelazan: una es la de Ignacio Suárez, escritor de que narra asesinatos en la ciudad, y la otra es la de “la Ogresa”, quien fue señalada de matar niños durante la primera mitad del siglo pasado. “Son dos historias que se entrelazan por la muerte”.
Porque Ignacio, añade la autora, narra lo que hizo “la Ogresa” a y cuando llega el momento se juntan las dos historias y vemos que Ignacio no se llama así, sino que en realidad es Manuel Conde, que tiene un hermano, Julián, y ellos son hijos de Felicitas.
Lo anterior es la trama de la novela que tras la historia de “la Ogresa” se esconde la otra parte: la venganza de los hermanos contra las mujeres que fueron abortar con Felicitas y que después ella terminó acusada de una serie de crímenes. “Fue una venganza”, añade Verónica Llaca.
HISTORIA
La historia de Felicitas inicia en los años 20 del siglo pasado, cuando los periódicos de ese tiempo comenzaron a publicar su historia y luego da un salto al año 1985, donde está el desenlace, agrega la escritora. A Felicitas, comenta la escritora, se le atribuyeron entre 40 y 50 asesinatos de niños, perpetrados en su departamento ubicado en la calle de Salamanca no. 9, en la colonia Roma.
En ese tiempo y durante muchas décadas más, añade Verónica Llaca, cada uno de esos reporteros de policía era escritores que narraban con destreza y realizaban investigación para hacer más atractivas sus notas.
“Ese trabajo es el origen de donde sale la novela negra mexicana, porque en las entregas que realizaban los reporteros para sus medios, cada una eran como capítulos de una novela en la que describían lo que pasaba con las víctimas, los asesinos, la gente en el entorno, la policía y sus investigaciones, entre otros temas”, añade.
Y en ese tiempo, explica la escritora, era una literatura dentro de los diarios, pero sustentada en el trabajo de los reporteros, “porque creo que la vida de “la Ogresa” no era tan atractiva como para contarla hasta que la vio un reportero.
Por qué explico esto, señala Verónica Llaca, por la razón de que cuando estaba investigando el tema de “la Ogresa”, encontré una nota pequeña que hablaba de un ginecólogo que también se dedicaba a los abortos. “Pero de él no contaron la historia, porque era más interesante contar la de una mujer”, agrega.
Finalmente, Verónica Llaca señala que es una fortuna las traducciones de su novela, en estos tiempos en que la industria editorial mundial atraviesa aún los efectos de la pandemia y las ediciones siguen restringida
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