Escenario

El actor y productor Diego Martínez comparte los detalles de la segunda temporada de No Concreto, un unipersonal que mezcla danza, palabra y movimiento para retratar la vida en los barrios de la Ciudad de México desde una mirada íntima y épica

No Concreto regresa al Foro Shakespeare: Diego Martínez habla sobre barrio, memoria y el poder del teatro físico

No concreto

Para Diego Martínez, volver al Foro Shakespeare con No Concreto no es solo un logro artístico, sino un regreso cargado de simbolismo. El proyecto, que debutó en 2023 en el espacio alternativo Urgente II, ahora se expande hacia el escenario principal del recinto, triplicando su aforo y su alcance.

“Estrenamos en este espacio emblemático, que además fue donde tuve el gusto de debutar en la actuación hace casi diez años. Empezamos en el Urgente II, que es un espacio alternativo donde caben 50 personas. Gracias a los llenos que tuvimos y a la crítica favorable, ahora nos ofrecieron el foro principal”, relata Martínez.

El actor asegura que la obra ha encontrado nuevas dimensiones en este formato ampliado: “Es un teatro físico, y ver cómo se expande la obra en cuanto a su capacidad de movimiento es una grata sorpresa. Nos llena de emoción porque se vive con mucha más potencia”.

No Concreto es una pieza unipersonal escrita por Telma Carrizosa y dirigida por la coreógrafa queretana Bárbara Alvarado, que combina palabra, danza y teatro físico para narrar el viaje de un hombre que regresa a su barrio en la Ciudad de México. Martínez reconoce que el reto de sostener un espectáculo de estas características recae en la disciplina y la entrega absoluta:

“Implica mucho disfrute y una gran capacidad para crear un universo. La propuesta de Telma es magistral y la dirección de Bárbara añade ese vértigo que va de la emoción a la corporalidad, conectando de manera directa con el público”.

El barrio como memoria colectiva y poética

La raíz de No Concreto está en la vida cotidiana de los barrios populares de la capital. Para Martínez, la obra es también un homenaje a sus propias experiencias en lugares como Santa Úrsula, Santo Domingo, Tláhuac y San Felipe:

“La premisa que le di a Telma era clara: quería una obra que hablara del barrio, del trabajador, de la clase trabajadora, que se levanta todos los días para salir adelante. Una historia que pudiera conectar con mis compañeros de la secundaria, con mi familia, con mis tíos y tías”, recuerda.

En escena, esa vivencia se transforma en un relato que oscila entre lo íntimo y lo épico. La obra, según el actor, refleja “esa violencia que te avasalla en el barrio, que no la pides pero llega, y al mismo tiempo esa capacidad de soñar y de tener anhelos que se llevan a cabo sin que nada te sea regalado”.

La escenografía minimalista —una barra de acero y magnesia— potencia la fuerza del cuerpo y la palabra. Para Martínez, la simplicidad es una decisión estética y política: “Me hice fanático de la danza contemporánea en México, de su capacidad para crear mundos con casi nada. Lo que me gusta es que llegas al teatro, ves a una persona de pie bajo una luz, y cuando sales no puedes creer que hayas visto un universo completo”.

Con esa misma lógica, No Concreto utiliza la barra como un elemento que remite a la calistenia de los parques en los barrios, pero que también se convierte en metáfora de lucha, resistencia y poesía. “No necesitamos más. La barra y la magnesia nos permiten poetizar lo cotidiano y transformar el barrio en un espacio de memoria y sueños”, afirma el actor.

El movimiento, además, es el motor de la obra. Martínez ha trabajado con coreógrafas como Bárbara Alvarado, Erika Méndez y Jessica Sandoval, de quienes aprendió la importancia de volar con el cuerpo. “Yo no soy bailarín, soy un actor que se mueve. Pero me fascinaba ver cómo los cuerpos podían girar en el aire, cómo la caída desaparecía. Esa capacidad de volar ahora la puedo transmitir en escena”.

El barrio, dice, “no puede no moverse”: tiene música, fútbol, sonidero y encuentro comunitario. Para reforzar esa atmósfera, la obra cuenta con música original de Ismael Godínez, creada a partir de cuerdas que evocan cumbia y rock urbano, envolviendo la pieza en una energía vibrante y popular.

Diego Martínez

La comunión con el público y el sentido del teatro

Uno de los elementos más valiosos para Diego Martínez ha sido la respuesta del público. La primera temporada de No Concreto le dejó momentos inolvidables:

“Siempre tienes ese miedo de sí el mensaje va a pasar. Y desde la primera función hubo aplausos de pie. Pero más allá del aplauso, sentí la compañía del público en cada momento”, confiesa.

La relación con la audiencia es cercana y directa. Martínez describe la experiencia como una fogata colectiva, donde los espectadores se convierten en parte activa de la narración: “Inclusive llega un momento en que dejo el escenario y, junto con el público, vemos este barrio que todos reconocemos. Es un instante de mucha comunión”.

Ese vínculo también se refleja en los comentarios posteriores. “Alguien me dijo que le recordó Tacubaya, otro San Felipe. Eso es lo que buscábamos, porque el barrio es universal”, explica.

De cara a la nueva temporada, el actor espera que los asistentes se lleven no solo emoción, sino también reflexión: “Quiero que el público experimente un gozo humano que solo se vive en el teatro. Que rían, que se conmuevan, que piensen en sus amigos de la infancia, en sus primeros amores, en si somos los adultos que queríamos ser. Y si no, que sigamos moviéndonos y bailando para llegar a ese lugar”.

Martínez extiende una invitación abierta: “Esta obra es para todos, no solo para quienes ya aman el teatro. Es para quienes no lo conocen y quieren vivir algo que los mueva. Estrenamos este miércoles en el Foro Shakespeare y todavía quedan boletos. Queremos que la función sea una verdadera comunión con el público”.

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