
Con elegancia, energía y un aura inconfundible, Babasónicos regresó al emblemático Auditorio Nacional el pasado 28 de agosto de 2025, y lo hizo vendiendo todas las entradas. El histórico recinto, conocido como el “Coloso de Reforma”, vibró con la fusión de luces, sensualidad escénica y un repertorio cuidadosamente seleccionado que transportó a la audiencia por más de tres décadas de música desbordante.
Desde el primer acorde de “Bye Bye”, perteneciente a su más reciente álbum La izquierda de la noche, el público fue atrapado por una atmósfera de entrega total, sin necesidad de muchos intercambios con el público. La banda fluyó en escena como si fuera un ritual, guiada por la presencia hipnótica de Adrián Dárgelos, quien recibió múltiples aplausos y “coqueteos sonoros” del público.

La segunda mitad del concierto fue una cadena de éxito tras éxito: “Mimos Son Mimos”, “Como Eran las Cosas” y “La Lanza” elevaron la intensidad emocional del Auditorio. Momentos explosivos como la yuxtaposición de “Vampi” con “El Loco”, y de “Carismático” con “Yegua” (ambas del álbum Anoche), desataron coros ensordecedores e inmediatos.
No estuvieron ausentes algunas sorpresas: el público celebró el retorno de “¿Y qué?”, “Puesto” y “El Loco”, canciones que no habían interpretado en su pasada presentación. Sin embargo, se extrañaron clásicos como “Risa”, “Pijamas” o “Putita”, cuyos nombres se escucharon en murmullos al fondo.

Sold Out con estilo inigualable
La banda logró otra noche Sold Out en el Auditorio Nacional; cada asiento fue ocupado, y la energía colectiva alcanzó su punto máximo entre luces estroboscópicas y buen gusto en su vestuario oversize. Esta presentación se consolidó como una prueba más de la cohesión artística de Babasónicos y su lugar dentro del panorama musical latinoamericano.
Babasónicos brindó una velada inolvidable: un show impecablemente ejecutado, con un repertorio que combinó lo nuevo con lo clásico, y una puesta en escena que confirmó por qué siguen siendo una leyenda viva del sonido alternativo. El Auditorio Nacional fue testigo de una experiencia musical que, sin discursos ni parafernalias, habló por sí misma.