Escenario

El rapero neozelandés de raíces kurdas convirtió “FREAKED OUT” en un fenómeno internacional de TikTok y Shazam, impulsado por el Synthclub, la experimentación electrónica y una identidad que conecta dos culturas

Fat Papi conquista el Shazam global con “FREAKED OUT” y lleva sus raíces kurdas al hip-hop

Fat Papi

— Lo que comenzó como una canción creada junto al productor prodshushy se convirtió en un fenómeno internacional en cuestión de semanas. Con “FREAKED OUT”, Fat Papi llevó su propuesta desde Auckland, Nueva Zelanda, hasta las listas globales de Shazam, mientras miles de creadores de TikTok incorporaron su sonido a coreografías, interpretaciones musicales y videos. El ascenso representa un momento decisivo para el rapero, pero también una oportunidad para desarrollar una identidad que combina hip-hop, R&B, ritmos electrónicos y sus raíces kurdas. En conversación con La Crónica de Hoy, el artista reflexiona sobre el impacto inesperado de su éxito, la importancia de experimentar sin reglas y su intención de representar a Kurdistán y Aotearoa Nueva Zelanda en los escenarios más importantes del mundo.

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“FREAKED OUT”: de Auckland al fenómeno internacional

El crecimiento de “FREAKED OUT” fue tan rápido que Fat Papi apenas ha tenido tiempo de asimilarlo. La canción comenzó a multiplicar sus reproducciones y pronto apareció en publicaciones de creadores de distintos países, incluidos algunos de los perfiles más populares de TikTok. Para el músico, ese momento confirmó que el tema había superado las expectativas con las que nació.

“Creo que noté bastante pronto que estaba pasando algo diferente, cuando los números no dejaban de subir. Pero realmente me cayó el veinte cuando empecé a ver TikToks de todo el mundo, de creadores enormes que aparecían en mi página Para ti. Lo único que podía pensar era: ‘Esto es una locura’”, recuerda.

El impacto no se limitó a las plataformas de video. “FREAKED OUT” alcanzó el número uno global de Shazam en cuatro continentes en apenas cuatro semanas, un resultado que colocó al artista ante una audiencia mucho más amplia de la que había imaginado al comenzar su carrera.

Sin embargo, la velocidad del fenómeno también hizo difícil procesar cada logro. Cuando parecía que el rapero podía detenerse a dimensionar un avance, aparecía otro acontecimiento que volvía a transformar el panorama.

“Lo más increíble fue lo rápido que sucedió todo. No había tiempo de asimilar un logro porque inmediatamente llegaba otro. Incluso ahora, no creo haber procesado por completo cuánto ha cambiado mi vida ‘FREAKED OUT’”, señala.

La canción también encontró una segunda vida gracias a la participación del público. Con más de 967 mil creadores que han utilizado el tema en TikTok, su sonido se convirtió en materia prima para interpretaciones que van mucho más allá de la intención original del artista.

Fat Papi destaca especialmente la diversidad de esas respuestas: desde grupos de baile en Japón hasta músicos que incorporan sus propios instrumentos y arreglos a la composición.

“Es increíble ver las formas tan creativas en que la gente ha hecho suya la canción. Honestamente, me saca la sonrisa más grande ver a un grupo de baile de Japón usándola o a un guitarrista de Arizona agregándole algo”, afirma.

Para el rapero, ese proceso representa una de las experiencias más valiosas de publicar música. Una vez que una canción llega al público, deja de pertenecer exclusivamente a quien la creó y comienza a adquirir nuevos significados a través de quienes la escuchan.

“Creo que, cuando una canción sale al mundo, le pertenece a la gente. Ver que conecta con tantas personas alrededor del planeta es el sueño de cualquier músico”, explica.

A pesar de los resultados, el artista asegura que continúa trabajando con la misma mentalidad que tenía antes de este crecimiento. Su objetivo no es detenerse en el éxito de un sencillo, sino aprovechar la oportunidad para construir una trayectoria a largo plazo.

“Muchas personas de mi círculo me han dicho que a veces necesitas detenerte un minuto y asimilar lo que está pasando, pero sigo con la misma mentalidad que tenía antes de ‘FREAKED OUT’: trabajar duro y perseguir ese gran sueño que tengo desde los 14 años”, comenta.

También reconoce el significado de que una canción originada en Nueva Zelanda haya conectado con públicos de tantos lugares. “Es una locura que una canción de nuestro país, que tiene menos de cinco millones de habitantes, pueda conectar con personas de todo el mundo”, añade.

Synthclub, experimentación y una identidad construida entre dos culturas

El sonido de “FREAKED OUT” es uno de los elementos centrales de su alcance. Desarrollada junto a prodshushy, la canción se apoya en la energía del Synthclub, una propuesta que permite combinar recursos de distintos géneros sin someterse a una estructura musical rígida.

Para Fat Papi, esa libertad fue precisamente lo que encontró atractivo en este sonido. En lugar de partir de una fórmula predeterminada, el proceso creativo consistió en probar ideas, cruzar influencias y quedarse con aquello que provocaba una respuesta inmediata.

“Lo que me llamó la atención del Synthclub desde el principio es que no tiene reglas. Puedes tener baterías de hip-hop, melodías de R&B y un bajo electrónico. Eso hizo más fácil simplemente divertirnos y no complicar demasiado las cosas”, explica.

La regla principal, según el artista, era sencilla: si una idea sonaba bien y ambos querían escucharla una y otra vez, había algo que valía la pena desarrollar. Esta aproximación también ha sido importante en su trabajo con productores como prodshushy y prodvalen, con quienes busca mantener un intercambio creativo abierto.

“No nos sentamos a intentar hacer un tipo específico de canción ni a recrear algo que ya existe. Intercambiamos ideas, experimentamos y seguimos lo que nos entusiasma. A veces, las ideas que al principio parecen más extrañas terminan convirtiéndose en mis partes favoritas de una canción”, señala.

Para Fat Papi, colaborar no significa perder su identidad ni obligar a cada canción a sonar como si hubiera sido producida en solitario. Al contrario, busca trabajar con personas capaces de introducir elementos que no habría descubierto por su cuenta.

“Quiero que la gente me desafíe y me presente sonidos que yo no habría encontrado solo. Mientras exista una conexión genuina con lo que estamos haciendo y pueda poner mi emoción, mis melodías y mi personalidad, seguirá sintiéndose como Fat Papi”, afirma.

Esa apertura tiene relación con su formación autodidacta. El músico aprendió producción y rap mediante la práctica, la experimentación y el ensayo y error. Uno de sus mayores desafíos fue confiar en su propio oído, especialmente cuando no tenía a alguien que le indicara si estaba haciendo las cosas de la manera correcta.

“Cuando eres autodidacta, no hay nadie que te diga si estás haciendo algo de la forma ‘correcta’. Pasas mucho tiempo dudando de ti mismo y comparando lo que haces con otros artistas”, explica.

Con el tiempo, sin embargo, comprendió que desconocer algunas reglas podía convertirse en una ventaja. Las decisiones tomadas por intuición, incluso cuando se alejaban de los procedimientos convencionales, terminaron contribuyendo a definir su sonido.

“Me di cuenta de que no conocer todas las reglas era una de mis mayores ventajas. Muchas veces hacía cosas porque me sonaban bien, aunque técnicamente hubiera una manera más ‘correcta’ de hacerlas. A través de ese proceso, esas pequeñas decisiones empezaron a formar parte de mi sonido”, comenta.

La identidad de Fat Papi también está atravesada por sus raíces culturales. Nació en una familia kurda y creció en Aotearoa, nombre maorí de Nueva Zelanda. Esa convivencia entre dos mundos ha influido en su manera de entender las melodías, los ritmos y las emociones.

“Creo que ambas culturas coexisten de forma natural porque las dos son parte de quien soy. Nací dentro de la cultura kurda, pero crecí en Aotearoa, así que siempre he vivido entre esos dos mundos”, explica.

Su educación musical comenzó en casa, entre canciones kurdas y artistas como Akon, antes de descubrir en Nueva Zelanda el hip-hop, el R&B, el reguetón y otros géneros.

“Lo que realmente quiero que la gente descubra a través de mi proyecto es que la cultura kurda es muy rica y hermosa. Hay muchísimo musical y visualmente a lo que el resto del mundo todavía no ha estado expuesto”, afirma.

El artista quiere incorporar elementos de esa herencia sin convertirlos en un recurso artificial. Al mismo tiempo, reconoce que Nueva Zelanda le brindó el entorno para desarrollarse como músico. Representar a Kurdistán y Aotearoa es, para él, una forma de mostrar la diversidad de su identidad sin tener que elegir entre sus dos raíces.

Fat Papi

Del freestyle entre amigos a los grandes escenarios del mundo

Antes de que sus canciones llegaran a públicos internacionales, Fat Papi comenzó a rapear con amigos durante llamadas de Skype. Aquellas sesiones de freestyle le permitieron experimentar con versos, ritmos y formas de interpretar sin la presión de construir una carrera profesional.

Aunque hoy la escala es distinta, el artista intenta conservar esa espontaneidad. Su prioridad continúa siendo disfrutar el proceso y mantener viva la curiosidad que lo llevó a crear música desde el principio.

“Lo más importante es que todavía lo disfruto de la misma manera que entonces. Sigo explorando sonidos y flows nuevos, como cuando improvisaba con mis amigos, aunque espero sonar mucho mejor ahora”, comenta entre risas.

La exposición internacional ha modificado las dimensiones de su trabajo, pero no quiere que las cifras dicten sus decisiones creativas. Para él, hacer música únicamente para cumplir expectativas sería alejarse de aquello que permitió que su propuesta encontrara una identidad propia.

“Cuando estoy creando, intento no pensar en todo eso. Todavía quiero ser ese chico que experimenta, que dice algo disparatado en una canción porque hace reír a sus amigos o que prueba un sonido simplemente porque le parece genial”, explica.

Incluso considera que la llegada de una audiencia global vuelve más importante proteger esa parte de sí mismo. “En todo caso, tener un público internacional me ha hecho darme cuenta de lo importante que es proteger ese lado. En el momento en que empiece a hacer música únicamente por los números o las expectativas, creo que perderé lo que me trajo hasta aquí”, sostiene.

Su experiencia al crecer en Nueva Zelanda también contribuyó a desarrollar una relación particular con la diferencia. El músico recuerda que, por pertenecer a una cultura que muchas personas de su entorno no conocían, en ocasiones se sintió como alguien que no encajaba.

Con el tiempo, aprendió que no necesitaba renunciar a su identidad para adaptarse. Esa experiencia se convirtió en una herramienta para tomar decisiones profesionales sin depender por completo de las tendencias o de la aprobación externa.

“Me hizo sentir cómodo con ser el diferente y confiar en mí mismo, incluso cuando lo que hago no tiene sentido para los demás. Escucho consejos y aprendo de las personas que me rodean, pero no tengo miedo de tomar una decisión que vaya en contra de lo que hacen todos si realmente creo en ella”, afirma.

Después del impacto de “FREAKED OUT”, Fat Papi quiere ampliar su propuesta y demostrar que su trayectoria no depende de un único éxito. Su aspiración es evolucionar, asumir riesgos y construir distintas etapas musicales que permitan al público acompañar su crecimiento.

“No quiero que esa canción sea el destino; quiero que sea el comienzo. Me gustaría que, dentro de muchos años, la gente pueda mirar atrás y sentir que vio el recorrido suceder en tiempo real”, señala.

El artista tampoco establece un límite sobre hasta dónde puede llegar. Quiere llevar su música a los escenarios más importantes, crear propuestas que no se hayan escuchado o visto antes desde una trayectoria con sus antecedentes culturales y abrir oportunidades para quienes vengan después.

“Quiero representar a Kurdistán y Aotearoa en los escenarios más grandes del mundo, crear cosas que la gente no haya escuchado o visto de alguien con mi origen y, con suerte, dejar la puerta un poco más abierta para la siguiente persona”, concluye.

Con “FREAKED OUT”, Fat Papi encontró una plataforma internacional para convertir su experimentación sonora y su identidad cultural en una propuesta propia. El desafío ahora será transformar ese impulso en una carrera capaz de seguir sorprendiendo sin perder la libertad creativa que dio origen a su música.

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