A la una de la mañana, once mineros llegaban a trabajar a la mina de Naica Chihuahua, “la de los cristales”.
El reloj checador marcaba la entrada a los mineros en esa hora, aprovechando la baja temperatura que la ausencia del sol favorecía, pues allá abajo, a trescientos metros de profundidad, alcanza los 45º centígrados y 80% de humedad.
Los mineros se disponían a equiparse con su traje protector térmico, con oxígeno, como réplica de astronauta.
En la entrada de la rampa número ocho oriente, Luis Maldonado y Jorge Urias se encontraban con un nuevo integrante de trabajo, un delgado casi huesudo joven:
–Soy nuevo, me llamo Martín –dijo extendiéndoles su alargada mano –vengo de Parral, de la mina “La prieta”.
–¡Ah! si, la antigua mina de oro –expresó Jorge.
–Me dijo el geólogo Federico Seyfert que entrara por aquí a la rampa oriente y que buscara a Jorge y Luis.
–Sí, él es Jorge y yo Luis, pues bienvenido; nos hacías falta cabrón.
Terminaron de vestirse, colocarse el resto del equipo y Luis le preguntó:
–¿ Ya conoces “la cueva de los cristales”’?
–No, es la primera vez que voy a entrar, sólo sé que existe y que es impresionante, me lo han dicho.
–Vamos a pasar por ahí, te la mostraremos, pero recuerda, que es plata y plomo nuestro objetivo, no cristales ni cuarzos.
Caminaron sobre un pasillo como vías de tren con pasamanos de soga, todo habilitado con materiales contrarios a la conducción del calor, caminaron hasta donde sus palabras sonaron con eco.
Luis encendió la luz, aquello era una explosión visual de agujas cristalinas con efectos alucinantes.
–¡Mira! el más alto es de 15 metros y 2 de ancho, dijo Jorge. Cuarzos enormes, prismas de reflejos con arcoíris como un sueño fantástico –y continuó Jorge diciendo –las formaciones de vidrio son producto de ebulliciones de agua, que se extrae constantemente para efecto de poder verlas así. Aquí están las bombas succionando; hasta ahora no hay otro recurso y se llenarán de agua de nuevo, cuando se termine este proyecto que comenzó en los 70` con los italianos, pues a la fecha no existe tecnología para preservarlos. Estos cristales según estudios tienen un millón de años formándose, esta enorme mezcla de espigas de vidrio son selenitas (yeso cristalizado).
–¿Estás llorando? –preguntó Luis a Martin, el muchacho flacucho nuevo, él asintió con su cabeza.
–Eres muy sensible ¿o eres…? –Artista replicó Jorge, como minimizando la irónica intención.
–La verdad si, estudio Bell canto, es por eso que pedí mi cambio, para estar cerca de la capital y asistir a la escuela de música. El viernes habrá un concurso de canto y no podré participar por estar trabajando.
–¡Ah! ¿Cantas ópera? ¿Como que te aprietan el buche?
–Sí, soy contratenor.
–Bueno, bueno –interrumpió Jorge –sigamos, mañana verás otra sala, o te dará un infarto si las ves todas hoy. –Riendo los tres continuaron. –Ahora te mostraremos la cámara donde trabajaremos este mes, quizá permanezcamos más tiempo, todo depende de cuánto marque el selector de Argentum, Plumbun, (Plata y Plomo).
Al treparse al pequeño vagón sobre un riel con la canastilla abierta, éste se desbalanceó, al hacerle espacio a Martin, volcándose los dos experimentados compañeros, cayendo hasta una plataforma lejana y profunda, con escasas posibilidades de escalar; no disponían de todo el turno, pues la temperatura los asfixiaría, se cocerían, aún con el traje enfriador que portaban y el oxígeno que cargaban; éste duraría una hora, el tanque alimentador estaba en el vagón que había caído al agua.
Las sogas no eran tan largas y la luz ya no existía, solo la lámpara de Martín que alumbraba desde su frente, ¿pedir ayuda a los demás? Sería perder el tiempo, todos estaban en las entrañas de la mina en diferentes cámaras trabajando.
Ambos sabían en la dificultad que se encontraban, el temor y la angustia los desesperaba. Una esperanza remota pero la única era el pálido muchacho nuevo que aún ni recordaban su nombre, solo sus lágrimas inútiles para dos mineros en peligro.
Martín demostró que no era nuevo en el oficio pero su responsabilidad y destreza fueron superadas por el deseo de salvarlos, los recursos y elementos con que físicamente contaba eran insuficientes; en aquella turbación escucharon una melodiosa voz femenina que cantaba mientras inexplicablemente Martín los salvó.
Treparon al riel, caminaron hasta salir a la superficie. Lloraron abrazándose los tres y asegurando como siempre sucede con todos los mineros ante estas situaciones que, terminando su contrato, cambiarían a otra opción de trabajo.
–¡Amigos para siempre! –dijo Martin. Se abrazaron de nuevo, Jorge, recordó que su héroe deseaba asistir al concurso a la ciudad de Chihuahua y que el trabajo en la mina se lo impedía.
–¿Cuándo es tu evento muchacho?
–El viernes –contestó Martin.
– Pues mira, nosotros checaremos tu tarjeta por ti jueves, viernes y sábado ¿Qué te parece? Solo deja algo en tu locker por si hay revisión del supervisor.
–Gracias muchachos, yo vendré el lunes en el turno normal.
–Ya nos platicarás de ese mundo del arte que parece irreal.
Riendo y agradecido aceptó.
El lunes a la una de la mañana los nueve mineros restantes se dispusieron a bajar en grupos de tres a las cámaras subterráneas correspondientes.
Luis Maldonado y Jorge Urias esperaban a su nuevo amigo y compañero checando la entrada de ellos, expectantes de su llegada. En ese momento ven llegar una camioneta con un comando de hombres armados, dispuestos a robar toda la plata recolectada; tuvieron que matarlos sin que el resto de los compañeros se percataran.
En las investigaciones del hecho hubo un desaparecido de nombre Martín que nadie sabía que existía y cuyas pertenencias se encontraron en un locker donde estaba una grabación de un aria operística cantada magistralmente por una voz femenina: “O MioBabbino Caro”de Puccini.
(Colaboración especial de la Escuela de la Sociedad General de Escritores de México, Sogem, para La Crónica de Hoy Jalisco)
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