Cronomicón

Es esencial tomar los recuerdos como base para seguir nutriendo el espíritu de la Navidad y asegurar que perdure por generaciones

Navidad a la mexicana: las festividades se extienden hasta el Día de Reyes, con la famosa rosca

Queridos lectores, detractores y amigos; es un verdadero placer saludarlos nuevamente y reencontrarme con ustedes a través de esta columna, un espacio de diálogo que se ha convertido en un escaparate para la democratización de la información, la comunicación y el conocimiento. Este espacio nos permitirá estar en avant-garde, en lo que acontece en los ámbitos académico, social y cultural, y, por qué no decirlo, adquirir uno que otro conocimiento y dato curioso.

El solsticio de invierno ya ha llegado, el frío nos acaricia suavemente la piel y las calles se iluminan con luces, colores y decoraciones, marcando una época extraordinaria que lleva ya varios siglos en nuestro país. Cada año, esta época se nutre de magia, tradiciones, festividades y, por supuesto, de deliciosa comida. Hoy quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre La Navidad Mexicana.

Sin duda alguna, muchos de nosotros somos grandes amantes de la Navidad. Es una época que llena el ambiente de felicidad, nostalgia y melancolía, pues los recuerdos nos transportan a tiempos pasados. Sin embargo, más que una simple añoranza, considero que es esencial tomar esos recuerdos como base para seguir nutriendo el espíritu de la Navidad y asegurar que perdure por generaciones.

Como bibliotecario, siempre he sentido curiosidad por conocer el origen de las festividades. ¿Por qué celebramos de la manera en que lo hacemos? En mi investigación sobre la Navidad en México, descubrí que, a pesar de ser un tema ampliamente tratado, existe poca información detallada. No obstante, hallé algunos artículos que enriquecieron mi comprensión sobre el tema y que, sin duda, les recomiendo.

Uno de los artículos que más llamó mi atención fue el titulado “La primera Navidad en México: un duelo a muerte entre Cristo y Huitzilopochtli” de México Desconocido. En él se relata el origen de la primera Navidad en México, que tuvo lugar durante la colonización y la evangelización española en el siglo XVI. La Navidad coincidió con la festividad mexica dedicada a Huitzilopochtli, el dios del sol y la guerra, y durante esa celebración se conmemoraba el renacer del sol tras el solsticio de invierno. De hecho, la primera Navidad documentada en México ocurrió en 1528, cuando Fray Pedro de Gante celebró con indígenas conversos, integrando elementos culturales autóctonos, como danzas y cantos, en la festividad cristiana. Así, los frailes fusionaron creencias indígenas y cristianas, adaptando y creando nuevos rituales para transmitir el evangelio. La primera celebración oficial de Navidad se realizó en la Capilla de San José de los Naturales en Ciudad de México, marcando el inicio de esta festividad en el país.

En México, la Navidad es una festividad extendida que comienza el 16 de diciembre y culmina el 24 del mismo mes. Esta tradición representa un recorrido de nueve días, que rememora la travesía de María y José en busca de posada en Belén. Sin duda, una de mis tradiciones favoritas, y la cual los invito a no perder, ya que nos enseña valores como la esperanza, la fe y la unión familiar. Las posadas suelen celebrarse por la tarde-noche, cuando amigos y familiares se reúnen en casas de colonias y barrios. La festividad comienza con el rezo del rosario, que representa el trayecto de los peregrinos, y con cada cambio de misterio se entonan villancicos tradicionales como "Los peces en el río", "La marimorena", "Pisando la escarcha", "Arre borriquito" y "Mi burrito sabanero". Todo esto acompañado de instrumentos musicales rústicos, como panderos hechos con fichas de refresco, palitos con cascabeles y silbatitos de agua en forma de pajaritos. Al terminar la solemnidad de los rezos, llega el momento de “pedir posada”. Las tradiciones entran en todo su esplendor: quien se quiera casar, quien desee quedar embarazada, quien esté enfermo y en espera de salud, o los niños de la familia, a quienes les toca “cargar a los peregrinos”. Las personas encuentran una puerta en donde se dividen entre los que van adentro y los que se quedan afuera. Se acomodan, encienden luces y bengalas para acompañar a los peregrinos y entonan a todo pulmón la petición de posada, que termina con el cántico: “¡Entren santos peregrinos, peregrinos, reciban este rincón, que, aunque es pobre la morada, os la doy de corazón!”.

Así comienza la fiesta en su totalidad, las personas entran a la casa y hay un despliegue de comida, siendo los reyes, los tamales, el atole y el ponche. Tras la gran cena, las amenidades continúan con las pastorelas, representaciones teatrales que recrean el nacimiento de Jesús, siempre acompañadas de un mensaje navideño. También se rompe la piñata, y los niños disfrutan de bolsitas de dulces mexicanos, como naranjas, mandarinas, cacahuates con cáscara y las tradicionales galletas grageadas, de animalitos o moñitos, acompañadas de uno que otro caramelo.

La culminación de las festividades llega el 24 de diciembre, la Nochebuena. En la mañana, el aroma de las cenas navideñas llena las casas, y las iglesias abren sus puertas para celebrar la famosa “misa de gallo”, acompañada por una representación del nacimiento de Jesús, en donde se le arrulla y coloca en el pesebre. En ese momento, las familias se reúnen para disfrutar de la comida tradicional y, a las 12:00 en punto, se celebra el abrazo de Navidad, uniendo a todos en un acto de fraternidad. Al día siguiente, el 25 de diciembre, las familias se reúnen nuevamente para disfrutar de los “recalentados” y continuar con las celebraciones. También es común que se vean maratones de películas navideñas como Mi pobre angelito, El Grinch y El extraño mundo de Jack, entre otras.

Las festividades se extienden hasta el Día de Reyes, el 6 de enero, con la famosa rosca de reyes, de la cual les hablaré en una próxima entrega.

Queridos lectores, ha sido muy gratificante para mí escribir esta columna y abrirles las puertas de mi corazón para compartir con ustedes una Navidad desde mi perspectiva. Mi objetivo es invitarlos a continuar fomentando estas tradiciones, nutriéndolas y enseñándolas a nuestros pequeños. Sigamos dando brillo a ese rayito ⚡de luz que nos despierta cada mañana, nos inspira a ser mejores personas y nos acompaña durante todo el año.

Les deseo una muy Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo 2025. ¡Vamos con todo! Muchas gracias y un abrazo.

Por Jorge Alejandro Peña Landeros 

Director de Biblioteca

Universidad Panamericana

 

 

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