
¿Qué dicen sus rasgos faciales acerca de usted? Aparentemente, a partir de ellos se puede inferir si una persona es más celosa, da la impresión de ser más fértil, genera confianza en determinados individuos y atracción en otros, e incluso, viendo su rostro y el de su pareja, si su relación tiene más probabilidades de ser exitosa o no, según afirman científicos ingleses dedicados al estudio de la influencia de las facciones en estos aspectos.
Los hombres con rasgos más femeninos proyectan una imagen más confiable, estable y atractiva para formar una pareja a largo plazo, mientras que los de rasgos más cuadrados, asociados con mayores niveles de testosterona, son percibidos como poseedores de genes sanos y, por lo tanto, como buenos candidatos para la reproducción, pero al mismo tiempo, como más propensos a buscar otras parejas y ser infieles. Así, las mujeres que se perciben a sí mismas como más atractivas son las que suelen preferir a este tipo de hombres, quizá porque esa mayor seguridad en sí mismas les reduce el miedo a que él vaya a buscar a alguien más. Ahora, si bien hay mujeres que comúnmente se sienten más atraídas hacia hombres de determinados rasgos, según lo observado en estudios anteriores, por lo general las preferencias se modifican en función del momento del ciclo hormonal en el que se encuentran, prefiriendo a los de rasgos más masculinos en los momentos de mayor fertilidad y a los de facciones más suaves durante el resto del ciclo.
No obstante, la sensación de ser más confiable, no siempre hace a las personas sexualmente más atractivas, al menos si el sentimiento es despertado por una mayor familiaridad. Curiosamente, consideramos más confiables a las personas muy parecidas a nosotros, pero quizá justamente por esa sensación de cercanía, de sentir que literalmente somos parte de la misma familia, no nos despiertan atracción sexual; como si se activara una especie de instinto que por lo general nos lleva a mezclar nuestros genes con los de otros y no con nuestros hermanos o parientes cercanos.
Nuestra cara provoca reacciones en los demás, pero en realidad no sólo la propia, la de nuestra pareja también, al menos en el caso de los hombres. Es decir, que si nuestra pareja es percibida como atractiva o de un mayor estatus que el del observador, nosotras también somos vistas como más interesantes. Si el hombre es dominante, su pareja se torna más atractiva. Se dice que el poder funge como afrodisíaco y, por lo visto, no sólo funciona en ellas, sino que de manera indirecta el dominio del hombre funciona como estimulante para otros hombres sobre esa misma mujer.
Aunque la mayoría de las veces somos bastante poco conscientes de ello, cada vez más estudios demuestran que nuestros rasgos, olores, hormonas y otras muchas señales más, juegan un papel importante en las sensaciones y reacciones que nos despiertan determinadas personas y las que nosotros provocamos en los demás.
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