
El jueves por la madrugada el Refugio Franciscano situado cerca de la carretera Mexico-Toluca, es uno de los espacios de protección animal más antiguos y emblemáticos de la Ciudad de México, vivió uno de los momentos más difíciles de sus 48 años de existencia. Mientras la mayoría dormía, personal de la Fundación Antonio Haghenbeck ingresó al predio para ejecutar un desalojo que venía gestándose desde hace años por un conflicto legal entre ambas partes.
Con el operativo, más de 1,100 perros y gatos quedaron de inmediato bajo su custodia, y los trabajadores y voluntarios que vivían en el inmueble fueron retirados sin poder intervenir ni despedirse de los animales que han cuidado durante décadas.
La mañana del jueves, alrededor de las 7:00 horas, comenzaron a llegar adoptantes, exvoluntarios y ciudadanos que, enterados del desalojo, se reunieron frente a las instalaciones para exigir información y asegurarse de que los animales estuvieran bien. Muchos de ellos conocían a perros y gatos por su nombre, por su historia o porque habían convivido con ellos en paseos y jornadas de voluntariado.
Conforme pasaban las horas, el grupo creció hasta convertirse en un plantón improvisado. La gente llevó carteles, agua, mochilas y hasta cobijas. Permanecieron ahí por varias horas, hasta que una fuerte lluvia los obligó a retirarse entrada la tarde, no sin antes acordar que regresarían al día siguiente para continuar exigiendo que se garantizara el bienestar de los animales.

Este viernes 12, como lo habían prometido, la gente volvió. Desde temprano retomaron el plantón, pidiendo ser escuchados y reclamando el derecho básico de verificar que los animales estén bien, ya que como repiten los voluntarios “ellos no pueden expresar su desesperación y confusión”. Para quienes han convivido con esos perros y gatos durante años, la preocupación no es simbólica, es concreta, diaria y urgente.
Una historia de casi medio siglo, un Refugio que ha cuidado el bienestar de los que no pueden solos
El Refugio Franciscano fue fundado hace 48 años sobre un terreno donado por Antonio Haghenbeck, un filántropo que dedicó buena parte de sus recursos a causas culturales y de protección animal. En su testamento, dejó explícito que esos predios debían utilizarse única y exclusivamente para albergar, proteger y rehabilitar animales.
Desde su fundación, el refugio ha operado con recursos limitados pero con una estructura de voluntarios, cuidadores y médicos que aprendieron a manejar poblaciones grandes de animales rescatados. Con el paso de las décadas, más de 25 mil perros y gatos fueron atendidos, esterilizados, rehabilitados y, en la medida de lo posible, colocados en adopción.
Los animales que no lograban ser adoptados encontraban ahí un hogar permanente. Muchos de ellos conviven en libertad dentro de algunas áreas del predio, según su carácter y compatibilidad, mientras otros habitan en jaulas. Una peculiaridad del refugio, según quienes lo conocen, es la socialización: grupos de 10, 20 y hasta 50 perros suelen salir a caminar juntos gracias a una dinámica que los cuidadores han manejado durante años.
Un conflicto que escaló hasta llegar al desalojo
La Fundación Antonio Haghenbeck, encargada de administrar las propiedades del filántropo, inició hace más de doce años un litigio para recuperar los terrenos. Aunque en distintas ocasiones se buscó una negociación, nunca se alcanzó un acuerdo definitivo.
En 2022 se emitió una primera sentencia de desalojo, que en ese momento no se ejecutó gracias a un arreglo temporal. Parte de ese acuerdo incluía que la Fundación construiría un nuevo refugio en otro predio, pero con el tiempo según el Refugio Franciscano las condiciones cambiaron,se redujo el presupuesto, se modificó el proyecto y se negaron elementos esenciales como drenaje, instalaciones eléctricas y un cercado seguro.
El refugio finalmente consiguió un terreno donado en Texcoco, pero la construcción nunca se concretó. Mientras tanto, la Fundación continuó con el litigio hasta obtener una nueva orden judicial, la cual se ejecutó el pasado jueves por la madrugada.
“Los animales no han comido, no han caminado, no saben qué está pasando”
Según los testimonios recabados por el personal del refugio Franciscano, el primer día después del desalojo ya con la Fundación Haghenbeck dentro del predio los animales no recibieron alimentación ni limpieza en el horario habitual. Normalmente, los perros comen desde las 5 o 6 de la mañana y después comienzan los paseos, una parte fundamental de su bienestar.
Los voluntarios también denunciaron que el personal nuevo entró con lazos para controlar a los perros, lo que consideran un método inadecuado para manejar animales que no los conocen y que suelen reaccionar con miedo.
Pero una de las denuncias más graves es que varios perros comenzaron a salirse del predio, aparentemente debido a que parte del cercado fue abierto o removido durante el operativo.
Entre los casos registrados, se identificó a una perra llamada Cori, captada en video caminando fuera del refugio hacia un terreno amplio sin vigilancia.
El temor es que existan más casos no documentados
Según el refugio, esta situación es resultado de una falta de experiencia por parte de la Fundación, que afirman nunca ha operado un albergue de animales ni manejado poblaciones tan grandes.

Exigencias del refugio y del plantón ciudadano
Desde el primer día del desalojo, el Refugio Franciscano ha mantenido una sola exigencia,que se permita el acceso a los cuidadores habituales para verificar el estado de los animales, revisar que estén completos, alimentados y libres de lesiones. También piden que se permita supervisión externa, tal como ya lo ordenó un juez de distrito, que establece que debe garantizarse el bienestar de los animales en cualquier transición administrativa.
El Refugio Franciscano tiene el temor del destino que les depare a los animales,pues de los 1,100 animales que están ahí la fundación haghenbeck solo quiere permanecer con 500 animales, lo que ponen en duda y preocupación el destino de los restantes,pues se cree que pueden ser sacrificados o desaparecidos de acuerdo a las condiciones y años que tienen algunos animales.
Entre sus demandas destacan:
- Permitir el acceso de cuidadores y paseadores que conocen a los animales por nombre y comportamiento.
- Verificación independiente del estado de salud, alimentación y limpieza.
- Garantizar que ningún animal siga escapando del predio.
- Asegurar que se mantengan rutinas esenciales como los paseos, fundamentales para evitar estrés y peleas.
- Transparencia sobre el número exacto de animales dentro del predio.
- Un plantón que no se mueve
Fundación Haghenbeck

Hoy viernes 12, pese al cansancio y la incertidumbre, la gente regresó a las puertas del refugio. Permanecen ahí con lonas, carteles y una petición clara solo que los animales sean atendidos y que no se ponga en riesgo su vida ni su estabilidad, los ladridos son constantes y abrumadores para los que se encuentran afuera de la puerta esperando una respuesta, gritando que salgan a darles una explicación y una noción clara del estado de los animales.
Mientras del otro lado de la reja la Fundación asegura tener la posesión legal, afuera la comunidad insiste en que el bienestar de los animales debe ser la prioridad. Por ahora, lo único seguro es que la historia del refugio, sus animales y su gente aún no llega a su desenlace,pues el bienestar de mascotas que habían sido encargadas en este refugio que también es una guardería no han sido entregados a sus dueños pues un diálogo concreto con la fundación haghenbeck no se ha podido establecer y los dueños y voluntariados se enecuntan estresados,cansados y enojados por no saber cuál es el estado de los caninos.