
Motociclistas sin casco que violaron el reglamento de tránsito y “franeleros” que rentaron lugares de estacionamiento en la vía pública proliferaron en las inmediaciones del mercado de mariscos La Nueva Viga, en la alcaldía Iztapalapa.
El operativo de vialidad y seguridad “Semana Santa 2026” de la Subsecretaría de Control de Tránsito de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) quedó rebasado.
Aún con los cierres a la circulación en el bloque izquierdo del Eje 6 Sur de callejón Hualquila hasta Palacio, inmediaciones de la “Nueva Viga”, así como la incorporación de Circuito Interior hacia el Eje 6 Sur, los “franeleros” o “viene viene” hicieron su “agosto” con rentas de hasta 100 pesos el cajón de estacionamiento en vías primarias o en entradas a domicilios, sin importar la alta presencia de elementos de la SSC, así como de patrullas que rodeaban al mercado.
El Eje 6 Sur Trabajadoras Sociales se convirtió en un gran estacionamiento, con todo y banquetas invadidas por vehículos, que obligaban a personas con discapacidad a transitar por el asfalto. Los “franeleros” trabajaban de manera intermitente, sólo paraban su actividad cuando los policías de tránsito de acercaban a las calles Cerrada de la Cruz, San Ignacio y Andamio a tomar fotografías del operativo, una vez que terminaban, seguían con su actividad de cobrar por el uso de la calle, todo en medio de múltiples videocámaras del C5.
La reciente aprobación de la normativa que endurece las penas para los “franeleros” no frenó esta actividad, personal de la alcaldía Iztapalapa no acudió a retirarlos, como ocurre durante eventos masivos o concentraciones de gente en otras demarcaciones. Tampoco importó que se apartara la vialidad con llantas y botes.

El costo de los cajones de aparcamiento subía respecto a la cercanía con el mercado. En las calles Culturas Prehispánicas y Callejón Huaquila, de las más alejadas, costaba 80 pesos el tiempo libre, sin que estas personas se hicieran responsables de daños por rayones y choques debido a lo estrecho de las calles, saqueo de autopartes o robo total del vehículo. Más adelante, en México Huaquila, Ticomac, San Antonio y General Anaya, a los automovilistas se les pedían 120 pesos sin límite de tiempo.
Los costos también variaron en el Eje 6, si el automóvil se quedaba estacionado sobre la banqueta, el costo aumentaba hasta 150 pesos; si el conductor prefería dejar la unidad en el paso vehicular, el costo disminuía a 100 pesos, con el riesgo de que los mototaxis u otros automóviles lo dañaran.
Para los bikers, los cortes a la circulación convirtieron el Eje 6 en una pista de carreras; algunos, sin el uso de casco, violaban el límite de velocidad de 50 kilómetros por hora. Parecía que eran habitantes de la colonia, porque su pericia para entrar en los pequeños callejones antes de ser seguidos por el personal de tránsito, los hacía objetivos imposibles de infracciones.
Varios de estos motociclistas ingresaban al estacionamiento del mercado, otros permanecían sobre las banquetas y en los pequeños parques con los que cuenta la zona. En el Parque El Triángulo Santa Bárbara, un biker empujó a una adulta mayor que intentaba cruzar por la vialidad, aunque hubo riesgo de ser atropellada, el conductor no redujo la velocidad y continuó su paso.

A las 14:15 horas, un grupo de nueve bikers, con hasta tres tripulantes en cada moto, aceleró a toda velocidad por Trabajadoras Sociales, no respetaron la luz roja del semáforo, “ratoneaban” en zig zag entre la gente que cruzaba por las cebras, algunos niños y adultos mayores. Ingresaron por el Callejón de la Cruz para ocultarse en el reducido Callejón San Ignacio, donde hicieron acrobacias e ingirieron bebidas alcohólicas durante unos 25 minutos.
La presencia policial no existía en los callejones; avanzaron por Privada de la Cruz, en la cual, varios de ellos celebraron un pequeño encuentro de arrancones, aún con la pericia que poseen para movilizarse, una de las personas cayó de su vehículo, sin que sufriera lesiones visibles y hasta las 14:50 se retiraron del lugar.
Otro grupo de bikers ingresó por Circuito Interior, una de las alternativas viales, ellos no parecían vecinos o residentes de la zona, por lo que al observar el operativo policial, dieron reversa y se ocultaron por 20 minutos en las calles 12, Culturas Prehispánicas, Año de Juárez y Calle 10, zona en la que no existía presencia policial, mientras se comunicaban los puntos de inspección, ya que, entre sus pláticas, decían que no contaban con documentos. Ellos también practicaron acrobacias, con mayor audacia.
Ya dentro del mercado, las medidas de seguridad resultaron débiles, la venta de bebidas alcohólicas, así como su consumo, aún con la Ley Seca en la alcaldía Iztapalapa, era tolerada. En los restaurantes no era posible ingerir alcohol, pero en las pequeñas tiendas de abarrotes se preparaban micheladas y azulitos que bebían algunos asistentes mientras realizaban sus compras de mariscos para los festejos de Semana Santa.