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Los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán amenaza seriamente con una guerra abierta en la región más explosiva del mundo. Estas son sus claves

Guía para no perderse en el laberinto iraní tras patear Trump el avispero en Medio Oriente

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Guerra en Oriente Medio Miles de seguidores de Ali Jamenei lloran la muerte del líder supremo (SHAHZAIB AKBER/EFE)

¿Quién empezó la guerra?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puso este lunes como excusa para declarar la guerra a Irán que el régimen islámico tenía capacidad para lanzar misiles hacia sus bases militares en Oriente Medio e incluso en sus bases en Europa. Sin embargo, su declaración se contradice con las suyas a finales de junio de 2025, cuando presumió tras la Guerra de los 12 Días (la primera conjunta israelo-estadounidense contra Irán) que habían destruido las lanzaderas de misiles iraníes y dañado gravemente su programa nuclear.

Por su parte, el secretario de Estado Marco Rubio aseguró que la operación militar a gran escala de EU e Israel contra Irán, que comenzó el sábado, es un “ataque preventivo”, ya que, según dijo, la República Islámica se disponía a atacar primero posiciones estadounidenses en la región, como amenazó que haría en caso de una agresión.

Según el jefe de la diplomacia estadounidense, Netanyahu quería atacar de nuevo sitios nucleares iraníes, sin esperar al resultado de las pláticas nucleares entre Teherán y Washington. “Si nos quedáramos esperando a que llegara ese ataque antes de golpearlos, sufriríamos muchas más bajas”, declaró antes de reunirse con legisladores para informar sobre la operación militar (que no contó con la autorización del Congreso).

Sin embargo, cargar sólo la culpa a Israel es difícil de creer; primero, porque que el “amo” no es el premier israelí, sino Trump; y segundo, porque lleva desde hace semanas acumulando portaaviones y tropas en el Mediterráneo oriental y el golfo Pérsico.

Por tanto, difícilmente es creíble el discurso de Washington de que “empezaron los otros”, sobre todo porque nadie envía una flota de guerra a la región —encabezada por los portaaviones Abraham Lincoln y Gerald Ford— si no es para entrar en acción.

¿Por qué las autoridades iraníes no vieron venir un ataque que mató a su líder supremo?

Porque los iraníes se sintieron totalmente engañados e incluso traicionados. El jueves de la semana pasada, las delegaciones de Irán y EU cerraron sus pláticas nucleares en Ginebra visiblemente satisfechos y anunciando que este mismo lunes se iban a volver a reunir para sellar un acuerdo nuclear, del que no trascendieron detalles, pero que la parte iraní daba casi por hecho.

Tal era la confianza, que el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei y su familia, dormían tranquilamente en su residencia de Teherán cuando todo la vivienda saltó por los aires por los impactos de los misiles. De haber previsto la inminencia del ataque habría sido enviado al búnker y no hubiera permitido que perdieran también la vida su mujer, una nieta, y su hijo Mojtaba Jamenei, cuya pérdida es especialmente significativa porque él era visto como la figura con más posibilidades de heredar el poder religioso y político de su padre.

La muerte de Mojtaba dejó aún más incierto el panorama de sucesión en Irán.

¿Cómo se conforma la jerarquía política iraní y por qué era tan importante Jamenei?

Irán es una teocracia desde el triunfo en 1979 de la Revolución Islámica, encabezada por el ayatolá Jomeini, que acabó con el derrocamiento del emperador proestadounidense Mohamad Reza Pahlavi.

La máxima autoridad política y religiosa para los chiitas (la rama minoritaria del islam, pero dominante en Irán) es el gran ayatolá o líder supremo, elegido por la Asamblea de Clérigos (órgano de 88 ayatolás con poder no sólo para nombrarlo sino para destituirlo).

El poder de Jamenei era absoluto: controlaba el poder Judicial, las Fuerzas Armadas, la política exterior, los medios estatales y tiene la última palabra en todas las decisiones estratégicas, dejando la figura del presidente de la República, en la actualidad Masud Pezeshkian (un reformista que ganó gracias al anhelo de aperturismo de la sociedad), como un mero títere.

Los otros dos órganos poderosos son el Consejo de Guardianes (6 clérigos designados por el Líder Supremo y 6 juristas propuestos por el poder judicial), que valida leyes para que sean compatibles con la Constitución y la sharía (la interpretación más dura del Corán); y la Guardia Revolucionaria Islámica, que con más de 300 mil elementos sostiene militarmente al régimen iraní, participa en la represión del pueblo, y arma y da entrenamiento a organizaciones chiitas aliadas en Oriente Medio: la libanesa Hezbolá, grupos armados iraquíes, los Hutíes de Yemen (y hasta el derrocamiento del tirano Bachar al Asad, al ejército sirio) . Los únicos milicianos aliados armados por Teherán que no son chiitas sino sunitas son los palestinos de Hamás.

En 47 años, los iraníes sólo han conocido dos líderes supremos: Jomeini (1979-89) y Jamenei (1989-2026), visto por el exilio como el líder terrorista que ha ahorcado a miles de iraníes; lo que explica la euforia desatada en el exilio por su muerte. No es raro ver en las manifestaciones de la diáspora, en Los Ángeles, Berlín, Londres... iraníes portando banderas de Israel, que el régimen de los ayatolás amenaza considera el enemigo sionista a destruir.

Está por ver si la guerra permite una elección exprés del nuevo líder supremo o colapsa antes el régimen de los ayatolás.

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Euforia en el exilio iraní Iraníes celebran en Berlín la muerte de Jamenei con banderas de Israel y retratos del hijo del emperador derrocado Reza Pahlevi (CLEMENS BILAN/EFE)

¿Por qué Israel ha vuelto a bombardear Líbano?

Porque Hezbolá volvió a cometer ahora el mismo error de cálculo de hace más de dos años, cuando empezó a lanzar cohetes a Israel en represalia por los bombardeos israelíes sobre Gaza, tras el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023.

En venganza por la muerte de Jamenei, la milicia chiita libanesa lanzó varias andanadas de cohetes y drones, que fueron respondidos por las fuerzas israelíes con bombardeos desde el lunes contra los feudos de Hezbolá en el sur de Beirut y el valle de la Bekaa. El saldo provisional supera ya el centenar de muertos y el asesinato de Husein Mukaled, jefe de inteligencia de Hezbolá.

La nueva agresión israelí contra Líbano llevó al primer ministro, el sunita reformista Nawaf Salam, a exigir a Hezbolá que entregue las armas al ejército libanés y deje de provocar al enemigo. El peligro de que se abra en el país del cedro un segundo frente de batalla es total.

¿Por qué Irán está atacando a los países del golfo Pérsico?

Desde los ataques que empezaron el sábado, Teherán ha lanzado cientos de misiles y drones contra ciudades como Dubái, Abu Dabi, ambas en Emiratos Árabes Unidos; en Bahréin y Doha, en Qatar, afectando tanto infraestructura civil como objetivos militares. El último de los ataques ocurrió la madrugada de este martes en Riad, la capital de Arabia Saudí, donde impactaron varios drones explosivos en la embajada de Estados Unidos, aunque sin graves daños.

La decisión del régimen chiita iraní de bombardear a sus vecinos del golfo Pérsico es un intento desesperado de incendiar la región y arrastrar a la guerra a los aliados sunitas de EU.

Por otro lado, el impacto de un dron en una base británica en Chipre es un recordatorio preocupante para los aliados occidentales de que Europa está a la vuelta de la esquina. De hecho, los gobiernos de Reino Unido, Francia y Alemania, advirtieron a Irán que, si ataca sus intereses entrarán en guerra.

En cualquier caso, los ataques iraníes, incluidos zonas turísticas y refinerías, han desatado ya el caos, con miles de turistas atrapados, sin poder salir por el cierre del espacio aéreo y el precio disparado del petróleo y el gas.

¿Cuánto durará la guerra?

Trump ha lanzado mensajes contradictorios sobre si su intención es que caiga el régimen y el tiempo que estima durará la guerra. Desde “unas cuatro semanas”, como previó tras anunciar la muerte de Jamenei, a “más bien cinco semanas” a decir, como Netanyahu: “el tiempo que haga falta”.

Según fuentes del Pentágono, hasta que logren derribar todas las lanzaderas de cohetes y neutralizar sus buques de guerra, especialmente los que amenazan con que no pase por el estratégico estrecho de Ormuz “una gota de petróleo”.

La presión es insoportable para el régimen terrorista iraní, pero también para Trump, que sabe que la guerra cuenta con el amplio rechazo de la opinión púbilca estadounidense y de los demócratas en el Congreso.

Si el número de soldados estadounidenses muertos empieza a crecer (hasta el lunes sumaban ya seis) su estrategia de una victoria rápida y un cambio de régimen que genere euforia y una “primavera iraní” podría irse al traste y no lograr recuperar la popularidad perdida, que tanto necesita para que los republicanos mantengan el contro del Congreso, tras las elecciones de medio término de noviembre.

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