
“Estoy aquí, con ustedes”. Estas han sido las primeras palabras que ha escrito María Corina Machado, líder de la oposición antichavista, la mañana de este domingo, después de casi diez meses fuera de Venezuela, de donde salió también de forma clandestina, para no ser arrestada por el régimen, con destino a Noruega para recoger el Premio Nobel de la Paz 2025.
Poco después de su enigmático mensaje, el excandidato presidencial y aliado Edmundo González Urrutia terminó por confirmar el regreso: “¡Venezuela! Me emociona muchísimo anunciarles que nuestra líder, mi querida María Corina, está en territorio venezolano. Hoy es un día importante para los venezolanos. Nuestra voz soberana retorna con ella para liderar y encaminar este proceso!”, señaló, al tiempo que aseguró que “muy pronto” él también regresará desde su exilio en España.
El regreso de María Corina Machado a Venezuela ha sido una odisea. En los últimos tres meses hubo al menos siete intentos por barco, en vuelos comerciales y privados, y por tierra, desde Virginia, en Estados Unidos, Panamá y Curazao. Todos fueron bloqueados o cancelados a última hora, por averías o sin explicación.
Aunque nadie de su entorno ha dicho públicamente quién le ha impedido viajar, no hay muchas dudas de que su salvoconducto dependía de la aprobación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien Machado le entregó, para nada, su medalla del Nobel de la Paz, que él mismo reclamó. El gesto, sin embargo, tuvo el efecto contrario al deseado por la líder opositora: el magnate se acercó a la líder chavista Delcy Rodríguez, a quien permitió que siguiera como presidenta interina de Venezuela a cambio de petróleo.
La cadena estadounidense Newsmax, próxima al trumpismo, aseguró que Machado entró por Colombia y que tiene previsto hacer una aparición pública este mismo domingo.
Desafío a EU y al chavismo
Su sola presencia en el país representa un desafío directo a Washington, que lleva meses intentando aplazar su regreso e incluso impidiéndolo, según han reportado varios medios en los últimos meses. Sin embargo, la baja popularidad de Trump y los republicanos entre el exilio cubano y venezolano, debido a las deportaciones y a su alianza con Caracas, amenaza con traducirse en un duro voto de castigo en las elecciones del próximo 3 de noviembre.
También supone un desafío para los líderes del chavismo, que la consideran su enemigo público número uno, pero que saben que el arresto de la Premio Nobel de la Paz, galardón concedido precisamente por su lucha contra la dictadura venezolana, supondría un escándalo internacional.
El régimen la acusa, entre otras cosas, de haber promovido una invasión estadounidense del país. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, llegó a advertir en su programa de televisión: “No te diré cuál es la sorpresa que le tengo”.