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El libro “El amigo muerto” se presenta en FIL el sábado 29 de noviembre a las 17:30 en salón 1, planta baja

Antonio Ortuño regresa a su primera novela: una aventura juvenil pulida con 30 años de oficio

El escritor mexicano Antonio Ortuño vuelve a una obra que escribió a los 18 años y que, tras décadas guardada y publicada alguna vez bajo seudónimo, ahora reaparece revisitada y afinada para su publicación en 2025. El autor explica que su intención fue mantener intacto el espíritu juvenil de la novela mientras aplicaba la experiencia narrativa acumulada en tres décadas de escritura.

La novela “El amigo muerto”, publicada por Grupo Planeta, narra la historia de Carlitos Villaurrutia, quien, a los dieciocho años muere por una bala perdida en una riña ocurrida en el puesto de piratería de su familia. Meses después, su mejor amigo, List, recibe un mensaje inesperado… de Carlitos. Ese hecho imposible lo impulsa a investigar el origen de esos chats, embarcándose en una búsqueda tan absurda como inquietante, poblada de pistas surrealistas, personajes peculiares y memorias compartidas.

Quería retener lo más posible, pero también que los 30 años de aprendizaje sirvieran de algo. Es el libro que planeé a los 18, pero editado y producido por el escritor de ahora”, afirma. El resultado, dice, es una mezcla entre fidelidad al impulso original y precisión técnica: una historia que sigue siendo una novela de aventuras juveniles, como siempre imaginó, pero trabajada con nuevas herramientas.

Entre el bisturí y el machete

Ortuño reconoce que el proceso no fue una reescritura total, aunque sí implicó miles de cambios: “El documento tenía 50 mil”. Ajustó frases, afinó episodios y mejoró la eficacia narrativa sin alterar la esencia: los personajes, la trama y el tono permanecen. “En términos musicales, ahora soy el productor del libro”, asegura.

Entre los ajustes más visibles estuvo la actualización tecnológica. La versión original incluía vipers e ICQ; hoy, la historia se sitúa en una cotidianidad donde los teléfonos inteligentes y la mensajería instantánea forman parte natural del entorno, sin convertir la novela en un relato dependiente de redes sociales o emojis.

Violencia estructural, entonces y ahora

Aunque la violencia en México ha mutado a lo largo de los años, Ortuño enfatiza que las raíces siguen siendo las mismas. Impunidad, falta de oportunidades, abusos institucionales y redes criminales ya existían hace tres décadas. Su novela no aborda el narco como tema central, sino la violencia estructural que marcaba —y marca— la vida cotidiana en barrios populares.

Para el autor, el escenario sigue vigente: “Lo que asociamos a la violencia de este siglo ya existía desde finales del pasado. No apareció en 2007 como si llegara del espacio”.

La amistad como eje y los personajes como individuos

Uno de los motores de la historia es la amistad en la adolescencia, entendida no desde etiquetas sociológicas sino desde la individualidad. “Los personajes funcionan cuando son individuos, no colecciones de hashtags”, explica. Carlitos —uno de los protagonistas— surge, como todos sus personajes, de una mezcla de memoria, observación, imaginación y lecturas, nunca de personas reales trasladadas directamente a la ficción.

La diversidad de personalidades dentro del grupo —hipersensibles, impulsivos, reflexivos, torpes, brillantes— forma parte de su interés por retratar amistades complejas y auténticas, no representaciones estereotipadas.

Humor y tragedia: la mezcla inevitable

Sobre su manejo del humor frente a escenarios de violencia, Ortuño reivindica la tradición de la tragicomedia mexicana, influido por autores como Jorge Ibargüengoitia y Daniel Sada. Para él, lo hilarante y lo terrible conviven en la vida cotidiana del país, y la literatura debe reflejarlo sin caer en el chiste fácil.

“No concibo la vida en México sin humor. El humor no son los chistes: es la capacidad de ver lo absurdo de la realidad. Eso puede ser divertido, aunque lo que ocurre sea terrible”.

¿Por qué ahora?

La novela “El amigo muerto” sale a la luz tras una revisión profunda que Ortuño realizó el año pasado, en medio de la preparación de otro proyecto situado en el siglo XVI. Seix Barral, que está reuniendo toda su obra, decidió incorporarla a su catálogo una vez que el autor la consideró lista.

Aunque el lanzamiento coincide con los 20 años de la publicación de su primer libro, Ortuño dice que fue una coincidencia editorial más que una intención conmemorativa. “Se prestó. La revisé, me gustó cómo quedó, mis editores dijeron ‘va’, y ahí está”.

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