
“Tardé mucho en aceptar que el uso excesivo del celular me estaba haciendo daño: como estudiante mi rendimiento en la escuela bajó, en mi salud comencé a desvelarme mucho y no ponía atención en clases”, comparte Josué, estudiante de secundaria de 14 años.
El adolescente reconoce que se volvió agresivo, grosero “y dejé de platicar con mi mamá, porque ya no quería hacer otra cosa que no fuera estar encerrado en mi recámara jugando en línea o viendo videos en las redes sociales”.
Josué, hijo único relata a Crónica, lo difícil que fue darse cuenta que “me había convertido en otra persona, todo por estar siempre metido en el teléfono”.
Su mamá, Josefina González, señala lo difícil que fue para su hijo único, aceptar que el distanciamiento entre los dos se había originado por el celular.
Por su horario de trabajo, Josefina dejaba solo a su hijo todas las tardes y él aprovechaba eso, para no cumplir con sus labores en el hogar, ni estudiar, hasta en enero pasado, cuando Josué iba en segundo de secundaria, la mandaron llamar de la escuela, por una agresión a otro estudiante “todo, porque de broma, su compañero Roberto, le quitó el celular y Josué comenzó a golpearlo, eso fue la llamada de alerta de que algo no estaba bien. Mi hijo nunca se había comportado así”.
LA SUSPENSIÓN DE TRES DÍAS, FUE EL DETONANTE DE TODO
Fue en la escuela, cuando el director le dijo que su hijo había bajado de calificaciones, se había aislado de sus compañeros, seguido los maestros lo veían dormitando en el pupitre, contestaba en tono grosero. “Me sentí destrozada, sentía como si me estuvieran hablando de otro niño y no de mi hijo”.
Josefina pidió permiso en el trabajo los tres días de suspensión de Josué por agredir a su compañero, para estar con él, porque el director de la secundaria le aconsejó buscar ayuda para su hijo.
Josué admite que llevaba meses durmiéndose tarde “jugaba en línea hasta las dos o tres de la madrugada, y en la escuela me daba sueño. Mi mamá no se daba cuenta porque en las tardes ella se iba al trabajo y yo me dormía un rato, y cuando ella llegaba yo le decía que había estado haciendo mi tarea y que por eso no hecho mis deberes de la casa y cuando ella se iba a dormir yo me ponía a jugar o a estar viendo las redes sociales sobre todo de violencia, personas agrediendo otras física y verbalmente. Sin darme cuenta eso comenzó a gustarme”.
Para fortuna de Josefina y de Josué, el vecino del piso de arriba es psicólogo y accedió a darle terapia a Josué. La recomendación del médico fue clara: limitar el uso del celular y dormir más temprano para regular su horario de sueño.

NO ERAN SÓLO LOS JUEGOS EN LÍNEA
El primer paso, fue convencer a Josué que dejara de estar tanto tiempo en el celular y comenzar a dormir temprano. Decidieron que él entregaría el celular a su mamá a las 10 de la noche: “al principio enojado y rebelde, no quería respetar el acuerdo, pero comenzó a hacerlo, porque le advertí que si no lo hacía se iba a tener que ir a dormir conmigo a mi recámara”.
“A mí no me gustaba al principio la terapia. No me gustaba hablar de mis cosas, pero el doctor José Miguel comenzó por decirme que no lo viera como un vecino, sino como un confidente, que con él podría hablar de todo lo que me estuviera molestando, o preocupando y que no le iba a decir nada a mi mamá.
“Con el tiempo –agrega-, me di cuenta que me estaba haciendo falta mi mamá, ya no estábamos juntos, no platicábamos, y que comencé a meterme más en el celular, porque estaba solo todas las tardes”, comparte Josué, mientras abraza a su mamá.
TUVO QUE SER MEDICADO POR ANSIEDAD
Otro reto por enfrentar fue que el joven comenzó a vivir una etapa de ansiedad por la falta del celular, y es que su mamá decidió, cancelar el plan de renta del equipo.
Habló con el director, le explicó la situación y le dijo que “ante cualquier emergencia que, por favor, me llamaran directamente, porque Josué ya no podría comunicarse conmigo”.
Por su parte el psicólogo comenzó a trabajar con Josué su ansiedad: “me mandó medicamento. Con más confianza comencé a disfrutar las terapias, hablaba sobre todo de cómo me estaba sintiendo. Hemos hablado de los videos violentos que me estaban gustando mucho. Algunas veces ha sido necesario que mi mamá entre a la consulta conmigo y siempre ha estado ahí para apoyarme”.
SE OLVIDÓ DEL CELULAR Y RECUPERÓ SU VIDA
Hoy, Josué y Josefina, han recuperado la confianza, platican más. Ella cambió de empleo para pasar más tiempo con su hijo, quien después de haber estado a punto de perder el año logró mejorar sus calificaciones. Sigue en sus terapias con el psicólogo, y con el tratamiento para la ansiedad y ya duerme mejor”.
Josué dejó el celular, y se metió a un equipo de futbol, ahora, dice “tengo amigos de verdad”.
Su mamá decidió que “no es necesario que se lleve el celular a la escuela y él por fin logró entender el daño que le estaba ocasionando, aunque –subraya-, no fue fácil llegar a este punto”.
Así, al inicio de este ciclo escolar ambos acordaron que el joven no llevaría más su celular a la escuela, aunque lamenta su mamá: “algunos maestros piden en clase que busquen información en sus celulares. Josué lo que hace es que, con el permiso de sus profesores, trabaja con algún compañero” y contempla, “quizá más adelante le devuelva el celular, cuando el psicólogo considere que es conveniente, pero ya hemos venido hablando del tema: quizá tenga control parental cuando lo ocupe en casa, pero del plan de renta, estamos lejos, se manejará con recargas, para cuando necesite hablarme por teléfono”.