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La primera candidata presidencial, legado firme y la débil heredera

Rosario Ibarra de Piedra forma parte de la historia del país, específicamente de esos pasajes oscuros que nunc debieron ocurrir. Su hijo fue desaparecido y muy probablemente ejecutado extrajudicialmente. La candidatura presidencial fue una caja de resonancia más para pedir que fuese localizado

Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz
Rosario Ibarra de Piedra fundadora del Comité Eureka Pro Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México Rosario Ibarra de Piedra fundadora del Comité Eureka Pro Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México (Foto: Cuartoscuro)

Rosario Ibarra de Piedra es parte de la historia en este país por dos causas igualmente importantes. Fue la primera mujer en ser postulada para la Presidencia de la República y fue una pieza vital para visibilizar a las víctimas de desapariciones forzadas. Su hijo, participante de una guerrilla, era una de esas víctimas. El gobierno había optado por desaparecerlo en lugar de procesarlo legalmente.

La desaparición de Jesús Piedra Ibarra en 1974, luego de ser detenido por las autoridades, desencadenó el peregrinar de Rosario en busca de su hijo. Echeverría y López Portillo tuvieron una Piedra en el zapato aún en sus mejores momentos. La guerra sucia, la acción policial y militar clandestina contra opositores y guerrillas, no encajaba en ese país que ellos tenían en su imaginario.

De 1976 a 1982, Rosario conformó y mantuvo con vida al Comité Eureka creado para dar voz a los familiares de los desaparecidos y seguir con su búsqueda.

Hay un antecedente en estas acciones a lo que hoy son las madres buscadoras. La diferencia está en la acción directa del estado de los años sententa que abatía opositores (en lugar de juzgarlos si habían emprendido accione violentas), y un estado actual que se hace de la vista gorda y se paraliza cuando dos grupos de narco se llevan entre las patas, como gavilleros desechables o como victimas inocentes, a miles de jóvenes en todo el país. Tampoco hay juicios y, claro, y sus desapariciones tampoco engordan los datos e “homicidios dolosos” que se muestran los funcionarios como prueba de que están trabajando. En ambos casos, el de Rosario Ibarra y el de las madres buscadoras actuales, no hay muerte oficial.

En efecto hay un regreso de la madre buscadora que 

En 1982 le ofrece la candidatura presidencial un pequeño partido de izquierdas profundas, trotskista, es decir, surgido de una división del comunismo y que albergaba a quienes no veían con buenos ojos de la Europa soviética.

La candidatura de Rosario Ibarra por ese partido se dio entonces como altavoz de la demanda de localización de los desaparecidos. Ganar o no ganar una elección resultaba lo de menos. El Partido Revolucionario de los Trabajadores, por su parte, conservó el registró y echó raíces en diferentes puntos del país donde los conflictos sociales necesitaban igualmente una vitrina nacional.

La elección de 1988 vio nuevamente a Ibarra de Piedra como candidata presidencial por el mismo PRT, pero ya con la ola Cardenista encima, el partido perdió el registro y Rosario Ibarra encontró en la pelea contra el fraude electoral una nueva palestra para continuar hacer visible su lucha.

Criticó, pública e internamente, que la ciudad de México, gobernada de Cuauhtémoc Cárdenas, tuviera entre sus filas a policías que habían conformado el Batallón Olimpia del 2 de octubre, que fueron parte de los halcones del 10 de junio o que estuvieron acusados de ejecuciones extrajudiciales.

Criticó al gobierno nuevamente.

El traspaso, nada terso, del bastón de mando de Cárdenas a López Obrador provocó un nuevo movimiento en Ibarra de Piedra. Apoyo convencido de AMLO, Ibarra de Piedra tuvo un último llamado a la búsqueda de los desaparecidos antes de morir. Se le concedió la medalla Belisario Domínguez, ya con la 4T en el gobierno. La devolvió pidiendo que se la entregaran con el paradero de su hijo.

Su hija Rosario Piedra, en tanto, se convertiría, como heredera (y como pasa con tantos hijos) en una triste figura para dar voz y defender al gobierno federal dentro de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Aunque esa ya es otra historia.

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